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Redacción 70480 visitas 46 Comments Charles de Gaulle, Clase Queen Elizabeth, España, Mar Mediterráneo, Navantia, Portaaviones, TCG Anadolu, Turquia
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Las ambiciones de Turquía en el ámbito naval están dando un giro decisivo con la confirmación de que la Presidencia de la Agencia de la Industria de Defensa (SSB) está impulsando un proyecto conjunto con España para desarrollar un portaaviones de 300 metros de eslora, según informa el diario de Estambul, Daily Sabah.
Este anuncio supone una notable evolución del programa TCG Anadolu de Turquía y refleja la determinación de Ankara de ampliar su proyección de poder marítimo. La iniciativa sitúa al futuro portaaviones de Turquía en un nivel comparable no solo a los buques europeos, sino también a los operados por Estados Unidos y China, lo que indica que Ankara busca una postura más firme en el Mediterráneo y el mar Negro.
El nuevo portaaviones, conocido informalmente como Milli Uçak Gemisi (MUGEM), se convertirá en la plataforma naval turca de mayor tamaño hasta la fecha. Con una eslora de 300 metros, supera con creces al TCG Anadolu (clase Juan Carlos I), de unos 232 metros, y eclipsa a la mayoría de los buques de asalto anfibio europeos. Diseñado con una capacidad de ala aérea mejorada y una mayor autonomía operativa, este nuevo buque pretende servir como centro flotante para aeronaves, helicópteros, drones y sistemas de mando y control, ampliando el alcance de Turquía mucho más allá de su costa.
El proceso de desarrollo, según declaraciones al Daily Sabah del presidente de la Agencia de la Industria de Defensa (SSB), Haluk Görgün, se basa en la exitosa cooperación con España durante las primeras etapas de diseño de TCG Anadolu. La experiencia española en construcción naval, en particular la de Navantia, se está integrando de nuevo para garantizar que este portaaviones de nueva generación cumpla con los estándares operativos que exige la guerra naval moderna. El portaaviones se construirá en astilleros nacionales de Estambul, lo que reforzará el ecosistema de construcción naval de Turquía e impulsará las industrias de defensa locales con aportaciones tecnológicas de alto valor.
La eslora de 300 metros significa que este buque rivalizará con los superportaaviones estadounidenses de tamaño mediano y con la flota china en rápida expansión, ofreciendo a Turquía la capacidad de proyectar poder aéreo a mayores distancias con una dotación aérea más diversa. A diferencia del TCG Anadolu, cuya capacidad para lanzar cazas convencionales es limitada, la nueva plataforma podría albergar aeronaves más avanzadas u operaciones con drones de mayor tamaño, acortando la brecha de capacidad con las potencias navales mundiales. En comparación, los portaaviones activos más grandes de Europa, como el Charles de Gaulle francés o el Queen Elizabeth británico, miden entre 261 y 280 metros. El nuevo diseño de Turquía no solo los supera, sino que también demuestra su intención de romper con los límites puramente regionales.
Estratégicamente, este proyecto marca una importante recalibración de la doctrina naval y geopolítica de Ankara. En el mar Mediterráneo, donde la competencia por la influencia marítima se intensifica, un portaaviones de este tipo fortalecerá la disuasión y la flexibilidad operativa de Turquía, especialmente en aguas en disputa. Su presencia también afectará el equilibrio de poder en el mar Negro, donde la OTAN, Rusia y los estados costeros siguen lidiando con dinámicas complejas. Esto demuestra la determinación de Ankara de asegurar las vías de comunicación marítimas, proteger las rutas energéticas y salvaguardar su doctrina de patria azul con un símbolo de poder de gran alcance.
El anuncio de que Turquía y España desarrollarán conjuntamente este portaaviones de mayor tamaño supone un gran salto estratégico, que refleja la intención de Ankara de convertirse en una potencia naval decisiva con los medios para influir en la seguridad regional mucho más allá de sus costas. Con este paso, Turquía no solo construye un buque de mayor tamaño, sino que redefine su papel en el orden marítimo del Mediterráneo y el mar Negro, demostrando a aliados y rivales por igual que sus ambiciones ya no se limitan a la defensa costera, sino que se extienden a la proyección sostenida de fuerzas y al dominio operativo en el mar.