Benidorm

GASTRONOMÍA | A vueltas con las propinas

    ¿No puedes verlo bien? pulsa aquí  Historias con delantalSábado 24 de diciembre de 2022  La cuenta por dos cafés, junto a la propina en la terraza de un bar.  A vueltas con las propinas   VICENTE AGUDO  Hola Manuel¿Es justo tener que dar propina a un camarero por hacer su trabajo? Esta pregunta se ha vuelto a poner de moda tras la campaña de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la que anima a todos los madrileños a volver a dar propinas en bares y restaurantes. Si acabo diciendo que sí a esta cuestión es probable que termine siendo linchado, pero es que no es tan fácil contestarla. En un país donde no se obliga a dar este tipo de gratificaciones, éstas se han tornado un tanto obligatorias, como si de una norma consuetudinaria se tratara.¿Sería normal dar propina a una cajera por atenderte con amabilidad y ayudarte a colocar los productos en una bolsa? ¿Se merece dinero extra el fontanero o el albañil que, una vez ha acabado su trabajo, coge la escoba y el mocho y te deja el suelo más limpio que el del Vaticano? Si a todas estas preguntas contesta que no, ¿por qué dejas propina en un restaurante? Veo que me estoy ganando una hostia por momentos. Vislumbro ya la mano abierta.Vaya por delante que yo soy de los que deja dinero tras haber pagado la cuenta. Pero lo hago más por esa obligatoriedad social que nos aboca a ello. Eso sí, cada vez soy más selectivo, nada de dejar unas monedas por el mero hecho de que te hayan servido.¿Qué busco para dar esa gratificación? Pues ahí entran varios factores, y no todos tienen que ver con el camarero. Primero porque lo que voy a valorar inicialmente es lo que está encima del plato, y si eso es mediocre, mal empezamos. Después ya me fijo en el trato del personal de sala. Me gusta que me aconsejen platos no por deshacerse de ellos, sino porque valen la pena. Odio que me recomienden un calamar de playa y que después en el primer mordisco se me joda el empaste que me acaban de poner. No me gustan que sean mudos, pero que tampoco se piensen que soy su colega del barrio. Y, por supuesto, me soliviantan aquellos que, en un intento por agradar para buscar su recompensa, echan por tierra a otros compañeros. Tampoco soporto a los pesados que están encima de ti y no te dejan ni completar dos frases con tu acompañante.Como te he dicho, me reconforta el que te aconseja con criterio sobre la carta; el que no te pone ningún obstáculo ante una petición de cambio de mesa y se anticipa a tus deseos desde la distancia; Aquel que siempre tiene una sonrisa en la cara y sea resolutivo ante cualquier problema. En definitiva, el que me haya hecho sentir a gusto en la mesa y haya sido el complemento perfecto a una buena comida, un plus de la experiencia. Aquí y sólo aquí sí que me veo en la obligación de dejar propina, porque considero que se ha excedido en sus cometidos más allá de servir la comida y ser educado.Durante un viaje que hice a Nueva York hace años, antes de subirme al avión ya me había empapado de las costumbres de las propinas en ese país. Ahí me quedé a cuadros cuando descubrí, primero que eran obligatorias y estaban tipificadas hasta en la cuenta, y segundo que servían para completar el sueldo del personal. Recuerdo que no daba crédito a lo que leía en la guía de turno. ¿El dueño del local deja el peso de la nómina de sus trabajadores en manos de la bondad de los trabajadores? ¿Se puede ser así de cabrón?, pensé en su momento. Lo normal, y así entiendo que debe ser, es que los empleados tengan un sueldo justo acorde a su cometido. Si después el comensal entiende que el trabajador se ha excedido en sus funciones haciendo una experiencia aún mayor se ve en la obligación moral de dejar una propina, que siempre irá ligada a la economía particular y a la categoría del restaurante. No me seas agarrado y dejes 50 céntimos después de haberte gastado 200 euros comiendo. Ya me entiendes.Las propinas tienen tantos seguidores como detractores . Hay quien dice que tienen los días contados. Que con eso de que los robots serán los nuevos camareros las gratificaciones pasarán a la historia. La verdad es que espero que no ocurra, pero si pasa entonces en lugar de dinero nos tocará dejar un poco de aceite para engrasar las tuercas de los humanoides.

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