Benidorm

Un soldado ruso desde el frente: «Aquí en el batallón casi todos están contra la guerra»

GUERRA EN UCRANIA

Greg era policía y recibió la citación en octubre para ir a luchar a la guerra que su país libra en Ucrania

Los reclutas hacen fila para recibir su uniforme, en Rostov del Don (Rusia).
Los reclutas hacen fila para recibir su uniforme, en Rostov del Don (Rusia).AP

PREMIUM

  • XAVIER COLÁS
  • San Petersburgo

Actualizado Martes, 8 noviembre 2022 – 07:34

Al anochecer, en el tren nocturno que vuelve de Belgorod, la localidad fronteriza rusa salpicada por los combates en Ucrania, civiles de visita y militares de permiso se confunden como sombras dormitando por las literas. O calculando, insomnes por lo vivido, lo que falta para llegar de una vez a San Petersburgo. Pero al amanecer, la luz vuelve a llenar el vagón ‘platzkart’, caracterizado por ir lleno de literas sin paredes ni privacidad, las mochilas bordadas con la ‘Z’, los macutos de camuflaje y el gesto adusto de los soldados son el centro de atención.

Conscientes ya de que las noticias mienten, los viajeros tratan de leer los rostros que vuelven de un frente que de pronto es temido por tantísimos hombres rusos que hasta ahora ninguneaban el conflicto.

Cuando anunció la movilización el 21 de septiembre, Vladimir Putin prometió que todos los hombres movilizados por el reclutamiento -los llamados ‘mobiks’- recibirían entrenamiento adicional antes de ser enviados al frente. Uno de los ‘agraciados’ por el azar bélico fue Greg. Tiene 29 años y algo de mano con las armas: trabajó en la policía durante 8 años. Sirvió en la Flota del Norte, y fue enviado a Siria. «Pero en todas partes yo estaba como cocinero», puntualiza.

Greg no quería ir a la guerra, pero la citación llegó un día de octubre. «La mandaron al buzón». Lo abrió y ahí estaba el papel, un cruce de caminos que resolvió con pocas dudas. «Me di cuenta de que no tenía sentido ir a la cárcel, y acudí a la oficina de registro y alistamiento militar, me llevaron a una sala, me dieron las cosas, me asignaron un puesto y me mandaron al cuartel. Al día siguiente, ejercicios de tiro, medicina táctica, conducción de vehículos pesados Kamaz», explica a EL MUNDO mientras recorre el camino inverso al tren de Belgorod, rumbo al frente.

Al menos 100 reclutados ya han muerto a causa de la guerra, según medios rusos. Una quinta parte lo ha hecho antes de llegar al frente. La mayoría de los fallecidos son de la región de los Urales. El presidente ruso ha dado por terminado el proceso de reclutamiento. Pero, legalmente, la movilización puede continuar: el decreto que firmó sigue vigente.

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Ha habido muchas quejas por el equipamiento, pero asegura que no es su caso. «Antes de partir me dieron un arma, buena, no oxidada». También «un chaleco antibalas y un casco». Pero él también se aprovisionó por su cuenta: «Tomé comida, agujas, hilo, ropa de cama, y luego mis familiares trajeron municiones extra, en general me he preparado a fondo».

Según el Gobierno ruso, 49.000 de los 318.000 reservistas rusos convocados en la reciente campaña de movilización del país ya estaban en primera línea en Ucrania. A Greg lo han mandado en un primer momento a Belgorod, junto a la frontera rusa. «Ahora nos estamos moviendo cerca de la frontera, todos los muchachos están de buen humor». O casi todos. Calcula que uno de cada 2.000 reclutados se escapó de la unidad, «tiró sus cosas y huyó. Pero en general, la moral es buena».

HUELGAS DE RECLUTAS

Estos días llegan noticias de brotes de descontento entre los movilizados. Más de 100 reclutas rusos provenientes de Chuvashia se declararon en huelga en su cuartel de adiestramiento en Ulyanovsk, en el centro de Rusia, para protestar por la falta de pago. «Estamos arriesgando nuestras propias vidas, yendo a una muerte segura por su seguridad y vidas pacíficas», escribieron los reclutas en un llamamiento publicado por la entidad que vela por los derechos de los prisioneros de Gulagu.net. Les prometieron 3.000 euros y se niegan a luchar en Ucrania hasta que se les pague. Ante tantos ánimos alterados, y como medida de precaución, se cancelaron las clases de tiro.

Como tantos rusos, Greg ha leído en los medios sobre la huida del país de cerca de 700.000 rusos para evitar ser reclutados. «Aquellos que lograron escapar, ése es su problema. Yo no juzgo, y pocas personas lo hacen. Ésta es su vida, espero que no los pongan en la lista de buscados, y que cuando regresen a su tierra natal, la justicia no los esté esperando». Habla de su batallón, y de que no es una cuestión de valores: «Yo también estoy en contra de la guerra, casi todos aquí están en contra de la guerra».

La movilización ha soliviantado incluso a sectores belicistas. «Algunos comandantes en el terreno deberían ser fusilados», clama la periodista Anastasia Kashevarova, una bloguera a favor de la intervención en Ucrania. «El resultado de la movilización es que los muchachos no entrenados son lanzados al frente. En Chelyabinsk, Ekaterimburgo, y Moscú ya están llegando ataúdes de zinc. Nos dijisteis que habría entrenamiento, que no los enviarían al frente en una semana».

Greg es consciente de los riesgos, pero jamás pensó en echarse atrás. «Decidí que iba a tomar parte, pero no quiero arruinar la vida de otras personas». La idea de aniquilar ucranianos no le gusta, pero suscribe el mensaje de la propaganda rusa de que es en realidad Ucrania la hostil hacia Rusia. «Evitaré matar, lo evitaré como sea, porque la vida humana no tiene precio y, a pesar de que el pueblo de Ucrania se enfrentó a nosotros, para nosotros sigue siendo un pueblo hermano. Haré todo lo posible para evitar confrontaciones«. Cree que su postura es representativa. «Muy poca gente aquí quiere matar, pero por desgracia o por suerte los hay. Básicamente, todos vamos a protegernos a nosotros mismos y a nuestra gente».

De esa zona gris llegan todo tipo de historias. Movilizados del regimiento Yampolsky de la división Kantemirovskaya, llevan casi una semana sin agua ni comida en una casa abandonada en la región de Lugansk, porque tras retirarse del frente, el comando no los deja entrar en la base, según Novaya Gazeta. Amenazan a los 27 con un tribunal por negarse a regresar al frente.

El tren de Belgorod se acerca a la estación. Algunos viajeros preguntan a los soldados. «No sabemos lo que puede durar esto, después del invierno tal vez esté más claro hacia dónde va todo esto», dice uno de los soldados. ‘Esto’ es la guerra. Una palabra que nadie quiere pronunciar pero sobre la que cada vez se hacen más preguntas los rusos.

Empieza otra mañana de incertidumbre. Desde el barracón de soldados, Greg explica de qué va su guerra. «Quiero que termine muy pronto. Comenzó por razones obvias y este momento es solo una batalla de resistencia». Considera que Putin «necesita un paso a Transnistria [región de Moldavia bajo influencia rusa], quiero creer que nuestros vecinos de Europa dejarán de suministrar armas y dinero para patrocinar a Ucrania. No creo que Putin tenga razón, pero entiendo sus motivos«. Greg insiste en que «para la mayoría de los camaradas aquí, los ucranianos son un pueblo hermano»