Benidorm

El libro-denuncia sobre el aumento del crimen: «La Policía está diseñada para proteger al poder, no al ciudadano»

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Actualizado Lunes, 31 octubre 2022

La asociación Una Policía para el siglo XXI, dirigida por un policía y un guardia civil, augura en un libro-denuncia un aumento exponencial de la delincuencia en España. «La criminalidad está creciendo por la inmigración ilegal descontrolada»

El libro-denuncia sobre el aumento del crimen: "La Policía está diseñada para proteger al poder, no al ciudadano"
José Aymá

Lo vemos todos los días, sostienen Vázquez y Vallejo: los expertos (la Policía) dicen una cosa y los otros (la clase política) hacen la contraria. El enfrentamiento podría pasar por un mero equilibrio de poderes basado en contrapesos, pero para los autores de Don’t fuck the police, que ya va por su segunda edición en La Esfera de los Libros, lo que ocurre simplemente es que a los políticos no les importamos ni usted ni yo. Y lo que es más importante: no les importan aquellos a quienes usted más quiere.

Así, hablando de cosas incómodas que la sociedad prefiere desoír, afirman los agentes Samuel Vázquez, policía nacional, y Josema Vallejo, guardia civil, que el gran perjudicado de la politización de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y del erróneo modelo policial es el ciudadano.

Vázquez y Vallejo son, respectivamente, presidente y vicepresidente de Una Policía para el siglo XXI, una asociación que desde hace años trata de que cambie el modelo policial en España. En esta primera andanza editorial los policías plasman todo el discurso que han ido contando a lo largo de los últimos años en distintos foros, entre ellos el Congreso de los Diputados, donde no se puede decir que salieran aclamados.

«Nos hemos sentado con todos los partidos, les hemos presentado nuestras ideas, les ha parecido todo bien, se han hecho una foto con nosotros… y adiós muy buenas», explica Vallejo a este periódico. «Los únicos, que no se han quedado solo en eso han sido los de Vox, que se han hecho con el discurso y han llevado algunas de nuestras propuestas a diferentes comisiones».

Pero eso, también es cierto, añade un problema: en cuanto un partido, Vox en este caso, refrenda las ideas de una asociación que nació como apolítica, esas ideas se politizan y pasan a ser automáticamente rechazadas por los demás partidos. Algo así ocurrió ya con Jusapol, aquel movimiento nacido sobre todo a raíz del 1-O que pedía la equiparación de sueldos entre mossos, policías y guardias. Los primeros meses todos se hicieron fotos con ellos, incluido Pablo Iglesias. Ahora se les tacha de ser un sindicato cercano a Vox.

Y así no consiguen que el mensaje cale en otros partidos que al principio parecía que comulgaban con él. En este caso, el mensaje principal de Una Policía para el siglo XXI es claro: la delincuencia, la criminalidad, está disparada. Es mentira que España sea un país seguro, porque según los autores la cosa va a peor. «Siempre utilizando estadísticas oficiales, publicadas por el Ministerio del Interior», recalca el guardia civil, Josema Vallejo.

Vemos que los delitos graves no paran de subir, pero sólo se juega con los números de la delincuencia de baja intensidad

JOSEMA VALLEJO

Entre los ejemplos que ponen, destaca una ingente subida en los últimos 20 años de los homicidios y de los delitos sexuales, que si no van a más es «por el maquillaje de las estadísticas» o por «la eficacia cada vez mayor de los servicios de emergencia, que salvan muchas vidas de gente que habría muerto porque fueron atacadas con intención de provocarles la muerte», resume Vallejo.

Contando en los datos las tentativas de homicidio, muchas de esas calificadas así porque el apuñalado de turno fue salvado por el Samur de turno, sí que han subido ese tipo de delitos. «Vemos que los delitos graves no paran de subir, pero sólo se juega con los números de la delincuencia de baja intensidad, porque para los políticos lo que no tiene coste, tiene recompensa» afirma Josema Vallejo.

Explicado de otra manera: creen los autores que si un delito grave no va a costar votos, no merece la pena hacer nada, mientras que cuando algo menos grave provoca un poco de revuelo, los políticos se lían a crear grupos de respuesta o anunciar medidas.

Y aquí llegamos a lo más peliagudo del tema: ¿por qué está subiendo esa criminalidad grave? «Entre otras cosas, por la inmigración ilegal descontrolada», resume Vallejo, quien matiza: «No se trata de racismo ni de no querer inmigrantes. Todos sabemos las cosas buenas de la inmigración, y de hecho los primeros perjudicados por los delincuentes son los inmigrantes honrados y trabajadores, que están hartos de ellos. El problema es que el descontrol genera caos y delincuencia, pero los políticos no quieren enfrentarse a eso por miedo a que les tachen de xenófobos o racistas. Sin embargo, ahí están las estadísticas, pero los políticos te ordenan que en vez de decir bandas latinas ahora hay que decir bandas juveniles, por ejemplo».

Muchos otros ejemplos similares abundan en el libro: las afueras de París hace 20 años, cuando la Policía dejó de ir a hacer redadas porque les criticaban por acoso a los inmigrantes. Eso, cuenta Don’t fuck the police, degeneró en que nadie entrara en ciertos barrios, y eso por una parte expulsó a la población honrada, que se sintió desprotegida, y por otro sirvió de escondite para los delincuentes que posteriormente se radicalizaron y convirtieron en terroristas.

A esos casos, los autores suman disfunciones propias de los cuerpos policiales, como el hecho de que en las franjas de mayor criminalidad (fin de semana por la noche), sea cuando menos agentes hay en la calle, mientras que entre semana y de día, puede haber hasta 10 veces más presencia policial. O que mientras todas las plazas burocráticas se ocupan y se reponen, cada vez haya menos agentes en las patrullas. O la tradicional descoordinación que provocó fallos a la hora de investigar amenazas terroristas (11-M, las Ramblas…).

Los autores sentencian: el que tenemos «no es un modelo policial dirigido a darte seguridad, sino a convencerte de que estás seguro». De hecho, concluyen, «es un modelo que protege al poder, no a los ciudadanos».