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Las distintas (de)generaciones

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Actualizado Miércoles, 26 octubre 2022 –

Lo extraño no es que se hayan olvidado de Alfonso Guerra en los fastos del aniversario de la victoria del 82, lo verdaderamente noticioso es que hayan invitado a Felipe González

José Luis Rodríguez Zapatero.
José Luis Rodríguez Zapatero.
Sergio Pérez
EFE

La falacia generacional es el atajo que suele tomar Zapatero para ahorrarse el engorro de argumentar. Carmen Calvo tiene dos años más que Carla Antonelli y cinco más que Zapatero, no parece que la brecha sea insalvable. Pero a Calvo se le ha activado el clic de la obsolescencia programada. La instalación de este mecanismo, cuyo mando controla, fue la medida más relevante que tomó Zapatero como secretario general del PSOE.

Desde la idea de nación a la concepción binaria del sexo, la incomprensión de cualquier cambio de paradigma en la tradición socialista alentada por Zapatero activa el proceso de obsolescencia que conducirá a cualquier dirigente al trastero de la historia. Si uno acelera la línea de progreso que Zapatero va trazando con sus aporías, se encuentra muchos metros más adelante a Podemos, que sería la verdadera vanguardia. Todas las diferencias que todavía mantienen ambas formaciones tendrían, en la lógica de Zapatero, un único motivo: el tiempo. Y la razón por la que el PSOE todavía no ha logrado, ni posiblemente logrará jamás, salvar la distancia con su socio es de dinámica empresarial. Es necesaria mucha paciencia para hacerle la reconversión industrial a una factoría centenaria de ideas. Pero el rumbo que Zapatero les supone es similar, si no idéntico, y lo demuestra cada vez que se enfrenta a la dialéctica PSOE-Podemos y zanja el debate con una grosería generacional.

El rasgo más identificable de Zapatero es el adanismo, lo que lo emparenta dramáticamente con Pablo Iglesias Turrión, que en su día anunció que había engendrado a unos niños con la prosa genesíaca del primer poblador del planeta. Zapatero sería el sherpa que va guiando hacia el futuro morado a los viejos socialistas. El camino tiene sus accidentes, como aquella investidura en que Sánchez se despeñó por no hacerle caso y pactar, como después haría, su gobierno con Iglesias.

La paradoja del zapaterismo es que la madurez del socialista sólo llegaría cuando alcanzase el estadio infantil en el que voluntad y realidad se confunden. Esta es la culminación de la teoría política del zapaterismo. Y lo formidable es constatar que su implantación ha resultado exitosa. Lo extraño no es que se hayan olvidado de Alfonso Guerra en los fastos del aniversario de la victoria del 82, lo verdaderamente noticioso es que hayan invitado a Felipe González.