Benidorm

El peligro de escribir

EL RUIDO DE LA CALLE

Opinión-¡QUE ME LO DIGAN A MI!

PREMIUM

  • RAÚL DEL POZO

Actualizado Domingo

ULISES CULEBRO
ULISES CULEBRO

Sin periodismo no hay democracia y aquí cada vez hay menos periodismo y menos democracia. Crece vertiginosamente el partido de los descontentos contra los políticos y los periodistas y también hay conflicto entre el Gobierno y lo que llaman prensa patriótica y caverna mediática. Se celebran a todas horas autos de fe o tribunales populares según quien maneje los bots en las redes sociales.

No solamente linchan a políticos sino también a periodistas a los que le ponen el saco de lana del sambenito; a otros los sentencian los comités de salud pública que nadie ha elegido. El espectáculo es apasionante para las calceteras y tricotosas y pavoroso para quien le toca ser devorado.

El Gobierno preparaba una nueva ley de secretos oficiales que se ha recibido como una forma de censura. Pedro Sánchez insiste en su argumento de que el Ejecutivo y las fuerzas progresistas tienen enfrente un poder que no es menor, que es el de las terminales mediáticas del poder y el dinero, aunque lo que está ocurriendo está por encima de los gobiernos y de los partidos. Es la nueva era de la comunicación en la que los algoritmos se apoderan de los fanatismos, los contenidos, los deseos, la publicidad y la difusión; se traga la industria y nos traga a nosotros mismos.

La mayoría de la gente joven no se mancha con el papel y se informan por las redes sociales donde cada día se practica la caza del hombre o de la mujer sin preocuparse de la verdad. La basura que utilizan, a veces se escuda en la nueva moral. La injuria es menos tosca que la de siempre. Ante esta amenaza diaria los que escriben practican la autocensura, el miedo a lo incorrecto y a la cultura de la cancelación. Sigue la mordaza: antes no se podía decir muslo y ahora no se puede decir marica.

Estamos a punto de volver a escribir artículos de costumbres que es lo que se hacía en el absolutismo y en las dictaduras más estrictas y peligrosas. Hemos vivido en los últimos cuarenta años los mejores días de la libertad, pero han llegado coacciones nuevas en nombre del progreso y el bien que convierten la escritura en un quehacer peligroso.