Benidorm

Opinión Palazón

Leer para vivir

Es el título de un libro de José Antonio Pérez Rioja, que habla de la sensibilidad ante el mundo, la variedad de sensaciones, los sentimientos, la reflexión, la belleza, la aventura, el humor, la religiosidad, es decir, todo aquello que los libros pueden proporcionar. Entre otras cosas dice que tanto la televisión como el cine han colaborado para que haya menos lectores que antaño (por otra parte, antaño, la gente era analfabeta).

Pero, como la edición es del 93 del pasado siglo, Pérez Rioja no habla de dos competidores mucho más importantes para la lectura: Internet y las tabletas, donde niños, jóvenes y mayores dedican horas y horas a curiosear y a jugar. Como profesor de Literatura durante treinta años, hago mías las ideas de Pérez Rioja y añado que los libros -se hace preciso repetirlo-son la memoria escrita de la humanidad. Leer es conversar con los espíritus más selectos de todos los países y de todos los tiempos. Sentir el placer de leer es trocar horas de hastío e inanidad por horas deliciosas; es sentirse, día a día más enriquecido, más completo. A veces, también, es verse a uno mismo, porque la literatura sirve tanto para conocer todo lo que nos rodea como a penetrar en el mundo íntimo de nuestras sensaciones, de nuestros sentimientos, de nuestras ideas. Si amamos de verdad la vida, la lectura supone un singular privilegio, porque gracias a los libros podemos vivir muchas vidas y de tantas formas como queramos. El hombre vulgar y corriente tan solo vegeta: nace, crece, come, duerme, trabaja, cree que se divierte, se reproduce y muere, e ignora que, gracias a la literatura, puede sentirse “vivo”, prendido en las ideas más diversas, en los pensamientos más elevados, en fantasías, en maravillosas historias. Como dice André Maurois, “leer es el arte de encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, comprenderla mejor”.

Manuel Palazón Martí

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