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Alumnos de matrícula eligen la carrera militar: «Sales con trabajo asegurado y estabilidad»

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Las notas de corte para las academias de oficiales son tan altas como las de Medicina o Matemáticas. La demanda sube un 24%

Los cadetes Alberto Gómez-Elvira (Ejército de Tierra), Esther Rosano (Guardia Civil) y María José Salmoral (Medicina Militar), en la Academia Militar de Zaragoza. TONI GALÁN
Los cadetes Alberto Gómez-Elvira (Ejército de Tierra), Esther Rosano (Guardia Civil) y María José Salmoral (Medicina Militar), en la Academia Militar de Zaragoza. TONI GALÁNTONI GALÁN

Esther, Rubén, Alberto, Óscar y María José fueron los alumnos más brillantes de su instituto y están entre los que han logrado las notas más altas de España en la pasada Selectividad. Tras saturar de dieces y matrículas de honor sus expedientes académicos de Bachillerato, han rozado la perfección en las pruebas de acceso a la universidad. Esther sacó un 14 de 14. Rubén, un 13,96. Alberto, un 13,95. Óscar, un 13,61. Y María José, un 13,54. Todos son de Ciencias y no se consideran empollones. Dicen que les gusta «esforzarse», «el trabajo bien hecho» y «el orden». Por eso han optado por ingresar en la carrera militar en vez de seguir el camino universitario convencional. Asumen que su destino les va a traer «riesgos» y «sacrificios» y una vida alejada de los focos que no les va a permitir darse grandes lujos. Pero, a cambio, dicen que «se sale con un trabajo asegurado, estabilidad y una carrera previsible». Y, sobre todo, sienten que harán algo que mejorará la vida de los demás. «No estamos en esto por ganar dinero, sino para servir a nuestro país», defienden.

Que las Fuerzas Armadas están de moda entre los jóvenes lo prueba que las calificaciones que los alumnos de Bachillerato deben alcanzar, como mínimo, en la Ebau para poder entrar en las academias de oficiales no han parado de subir en los últimos años. Las notas de corte son ya tan altas -de 12 para arriba- como las de Medicina o Matemáticas y superan a las de muchas ingenierías.

Según los últimos datos de reclutamiento del Ministerio de Defensa, las solicitudes de ingreso en oficiales han aumentado un 24% en el último lustro. Por cada uno que entra hay 13 que se quedan fuera. Pero también en suboficiales -donde las peticiones han crecido un 27%- el listón es muy alto y hace falta alrededor de un 8 en Bachillerato.

Incluso en tropa y marinería, que en el pasado se han quedado con plazas desiertas, la demanda ha crecido un 20%. Además, los aspirantes se presentan con mayor cualificación que la exigida. Se pide el graduado de la ESO, pero el 89% de los que ingresaron el año pasado tenía un título por encima de ese nivel: Bachillerato, FP o universidad.

¿Por qué, pudiendo pedir una beca para Harvard o el MIT o teniendo nota para ser admitidos en cualquiera de los grados más cotizados de España, estudian la carrera militar?

«En el último lustro las notas de corte han subido un punto, lo que refleja que esta carrera se percibe como una opción atractiva de futuro y de pleno desarrollo profesional, tanto en su dimensión técnica como humana. Los itinerarios formativos, con la consecución de diferentes niveles, permiten muchas posibilidades de realización», responde el vicealmirante Manuel Romasanta, subdirector general de Reclutamiento del Ministerio de Defensa.

Cuenta que una parte del crecimiento en la demanda obedece a sus campañas, con más charlas en colegios e institutos y una estrategia para visibilizar el papel de las mujeres en las Fuerzas Armadas, lo que ha contribuido a que, en los últimos seis años, el porcentaje de alumnas que piden participar en procesos selectivos haya subido del 11% del total de aspirantes al 19%.

Susana Vázquez, profesora de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid, habla también de un cambio de percepción que ha calado en las escuelas. «En los últimos años ha aumentado mucho el prestigio social de esta institución, que es bien valorada entre la gente joven y no suspende desde ningún segmento ideológico». «Incluso entre la juventud no conservadora también se valora positivamente». «Es una profesión que permite viajar y una diversidad de opciones en un contexto de paro y precariedad juvenil. Ante la inestabilidad, muchos jóvenes optan por opositar para asegurar su futuro, y esto aplica también a las Fuerzas Armadas, donde los sueldos no son muy altos pero se cotiza a la Seguridad Social y se ofrece formación, manutención gratuita y doble titulación».

Comparte esta idea Carles Feixa, catedrático de Antropología Social en la Pompeu Fabra de Barcelona: «En Cataluña esto ya había sucedido con los Mossos d’Esquadra, en cuyas promociones hay un alto porcentaje de universitarios. Puede interpretarse como una respuesta a una situación de incertidumbre: cuando en el sector privado la estabilidad profesional y la posibilidad de construir una carrera se reduce, el sector público puede resultar atractivo. También el grado de Educación Primaria, que no lo era, ahora se llena y se pide nota de corte».

«No estamos en esto por ganar dinero sino para servir a nuestro país»

¿Es posible que, en estos tiempos líquidos, los jóvenes ya no quieran rebelarse y haya una vuelta a los valores tradicionales? La profesora de Psicología de la Universidad de San Diego (EEUU) Jean M. Twenge contaba en su libro iGen que, para los postmilenials, la búsqueda de «seguridad» ha sustituido como principal valor a la búsqueda de «autonomía», como contrapartida a la «gran inseguridad emocional» que, en su opinión, han causado las redes sociales.

El sociólogo Mariano Fernández Enguita, ex director del Instituto Nacional de la Administración Pública, observa que «no es infrecuente entre la adolescencia que los chicos deseen algo más de orden cotidiano en sus vidas, como acostarse y levantarse a una hora concreta, o tener una carrera previsible, porque las posibilidades de trabajar en Silicon Valley son ínfimas e inciertas».

También la OCDE constata que, a pesar de los nuevos empleos que han surgido por la digitalización, los alumnos de 15 años siguen apostando por las carreras de siempre y persisten en querer ser médicos, profesores, abogados o policías, como las generaciones anteriores. En España, la preferencia de los chicos por la profesión de policía es mucho mayor que la media internacional y en las chicas es la sexta más mencionada.

Por eso, no sería descabellado pensar que las Fuerzas Armadas sintonizan con estos jóvenes que crecieron con la recesión económica, han pasado buena parte del instituto en pandemia y han trazado su plan de futuro con un horizonte de guerra y crisis energética. El vicealmirante Romasanta insiste en que, además de las salidas profesionales, ofrecen una formación «donde lo importante es la persona y los valores que ésta atesora: el sentido del deber, el trabajo en equipo y la excelencia profesional». Éstas son las razones que aportan los protagonistas:

Óscar Fdez. (Armada), en Marín.
Óscar Fdez. (Armada), en Marín.

ÓSCAR FERNÁNDEZ ISTILLARTE

18 años. Puerto de Vega (Asturias). Armada

Criado en un puerto, a Óscar Fernández Istillarte siempre le gustó el mar. Dice que le relaja. Cuando empezó la ESO decidió que quería entrar en la Armada. Había leído algún libro y visto algún documental y el día en que se enteró de que el buque Juan Carlos I había atracado en Vigo, convenció a sus padres para que le llevaran a verlo. Le gustó tanto que se dijo: «Yo quiero trabajar aquí». «Era el primer buque en el que entraba y lo que más me impresionó fueron el puente de mando y los pasillos. Nos recibieron los oficiales en cubierta y la tripulación nos acompañó. Me imaginé que lo mío era estar en una misión. Me identifico con la vida de a bordo, trabajando en un grupo, todos unidos y cumpliendo lo que los mandan». Óscar estudió en el instituto público Galileo Galilei de Navia y se esforzó todo lo que pudo en Bachillerato porque, durante el Covid, «subió la nota de corte en todas las ramas». El primer curso sacó todas las asignaturas con 10, menos un 9. En segundo, matrícula de honor. Entre sus compañeros, los más estudiosos se han matriculado en el doble grado de Física y Matemáticas, en Medicina y en Ingeniería. También hay dos chicos que quieren hacer oposiciones para la Guardia Civil y uno quiere entrar en tropa. «Cada vez hay más gente a la que le llama lo de las Fuerzas Armadas», sostiene.

«Sales con trabajo asegurado, estabilidad y una carrera previsible»

En la Selectividad logró un 13,61 cuando la nota de corte para la Armada era un 12,3. También echó la solicitud para estudiar Ingeniería Espacial en la Universidad de León y el doble grado de Matemáticas y Física en la Universidad de Oviedo, pero descartó estas opciones cuando le admitieron en la Escuela de Marín, donde este año hay 130 plazas. Estará allí cinco años y saldrá convertido en alférez de navío, ganando unos 2.000 euros al mes, aunque sabe que cada cuatro años tendrá la posibilidad de ascender. «Yo espero llegar lo más alto posible».

ESTHER ROSANO

17 años. Puerto de Santa María (Cádiz). Guardia Civil

Esther Rosano es la número uno de su promoción para oficiales de la Guardia Civil. La nota de corte estaba en 13,12 y ella sacó un 14 de 14. No hay nadie mejor en toda España. Pero a esta gaditana de 17 años no le gusta darse importancia. Del Instituto Armado admira «la humildad, el valor y la disciplina». «Hay que ponerle entrega, sacrificio y constancia. Esta profesión te da estabilidad en la vida, un trabajo fijo y una responsabilidad», recalca. Eso sí, es consciente de que «hay que renunciar a muchos aspectos». «No tenemos vida universitaria o de salir por la noche. También requiere mucho esfuerzo físico y psíquico, pero merece la pena por cumplir la vocación», añade.

En su caso, ha querido seguir la tradición familiar, porque tanto su abuelo como su padre estudiaron para ser pilotos de la Armada. Ella quería matricularse en la carrera de Criminalística, pero, cuando vio que en la Guardia Civil había un servicio de esta especialidad, pensó que le merecía la pena porque salía con dos títulos: estudiará dos años de Ingeniería Industrial en la Academia Militar de Zaragoza, hará dos años de Ingeniería de la Seguridad en la Academia de Oficiales de la Guardia Civil en Aranjuez y cursará un quinto curso de especialización en Criminalística. Saldrá como teniente, ganando alrededor de 23.000 euros al año.

«La organización y la disciplina me aportan seguridad»

Esther hizo el Bachillerato en Londres, donde su padre está destinado, y logró un 10 en todas las asignaturas. En época de exámenes estudiaba seis horas al día. Hizo la Selectividad española y la evaluación inglesa. Y, además, tuvo que pasar un proceso de selección con pruebas físicas, idioma, un test psicotécnico y un reconocimiento médico. «Estamos unas 80 chicas en mi promoción, cada vez somos más. No he visto machismo, se nos trata a todos por igual y se nos exige lo mismo que a ellos. Nos respetamos todos», asegura.

ALBERTO GÓMEZ-ELVIRA

17 años. Argés (Toledo). Tierra

Alberto Gómez-Elvira obtuvo en la pasada Selectividad la mayor nota -13,95- de todos los aspirantes para la escala de oficiales de Tierra. En Bachillerato logró un 10 en todas las asignaturas. Aunque le gustan las Matemáticas, no se veía «haciendo una carrera dedicada a ellas», así que su segunda opción, si no era admitido en el Ejército, era estudiar Ingeniería Eléctrica en Toledo. «Yo no quería hacer una carrera normal, yo lo que quería, además de estudiar, era hacer muchas más cosas. Soy muy indeciso y en primer curso de Bachillerato vi que ésta era una salida razonable. Me planteé lo del sueldo [unos 1.800 euros al mes netos al empezar], pero me importa mucho más hacer algo que de verdad me gusta que hacerlo por dinero».

Su padre es ingeniero de montes y su madre, profesora de Infantil. Tiene cinco hermanos que han estudiado ingenierías, Magisterio y Medicina. Está muy agradecido a «la buena educación recibida». «En casa nos han inculcado el amor por el trabajo y yo siempre he sido un chico bastante cuadriculado y organizado. Al principio se me hacía dura la disciplina, pero, cuando me he acostumbrado, le he cogido el gusto».

«Da miedo la guerra, pero hay que estar dispuesto a dar la vida si es necesario»

¿Cómo se ve en el futuro? «En unos años me veo casado y donde el destino me mande. Me gustaría especializarme en armas y conocer el mundo». Si tiene que participar en una guerra, lo hará sin dudarlo. «Por supuesto, es parte de nuestro trabajo y para lo que nos están formando. Da un poco de miedo, pero sé que nos van a preparar mentalmente para que lo venzamos. Éste es un trabajo en el que tienes que estar dispuesto a dar la vida si es necesario».

MARÍA JOSÉ SALMORAL

18 años. Córdoba. Médico militar

«Soy una chica muy organizada y me gustan la disciplina y la jerarquía, me aportan seguridad. Sé lo que quiero y sé lo que me cuesta. Si me tengo que sacrificar por mis compañeros o por mi país, lo haría sin dudarlo». María José Salmoral quería ser médica desde pequeña. La nota le daba de sobra para hacer Medicina en la Universidad de Córdoba porque pedían un 13 y ella sacó un 13,67, pero ha optado por Medicina Militar por la doble titulación. En el Ejército no se hace el MIR y la especialidad la elegirá en función de la nota que alcance en la carrera. Le gustaría ser cirujana o cardióloga. Cuando termine será teniente y licenciada en Medicina.

«Hay 25 plazas para Medicina sin titulación y somos 11 chicas. El otro día tuvimos una charla sobre la perspectiva de género y la verdad es que no noto todo eso del machismo o el feminismo, aquí lo que hay es compañerismo», explica esta hija de magistrado y de administrativa. Su hermano, de 19 años, quiere ser oficial del Ejército de Tierra. «Es verdad que es muy duro alejarte de la familia tan pronto, pero se relativiza», expresa. En su colegio le enseñaron que, «si eras capaz de sacar un 9 o un 10, no hay que conformarse con un 7». «El respeto al mando debería extrapolarse al ámbito civil, porque es algo que estamos perdiendo». Como alumna brillante que es, está acostumbrada a hacerlo todo bien, pero en la Academia de Zaragoza va «aprendiendo a equivocarse».

Rubén Álamo (Aire), en San Javier.
Rubén Álamo (Aire), en San Javier.

RUBÉN ÁLAMO

18 años. De Ingenio (Gran Canaria). Aire

Rubén creció junto a la base aérea de Gando (Gran Canaria) y, cuando estaba en clase, escuchaba a los F-18 pasar por encima del colegio. A los ocho años el padre de su mejor amigo les llevó a conocer la base y se emocionó. «No parecían que estuvieran trabajando, sino disfrutando de lo que hacían. Era algo fuera de lo común». Su padre y su tío son policías nacionales y su madre trabaja de administrativa. Estuvo pensando estudiar Matemáticas y Física en Granada, Madrid o Murcia, pero lo descartó: «Al final, te gastas 1.200 euros al mes estudiando fuera de casa, a pesar de las becas, y para mis padres era muy difícil». Sacó un 10 en Bachillerato y un 13,95 en la Selectividad. Tres de sus compañeros ingresarán en las Fuerzas Armadas en la escala de tropa. Quiere ser piloto de caza y combate y participar en una misión en el Báltico. Como teniente ganará entre 35.000 y 39.000 euros al año. y, si llega a capitán, llegará hasta los 50.000 euros. «Pero no me motiva el dinero, sino mejorar cada día. Desde que entré en la Academia de San Javier, creo que he cambiado como persona».

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