Benidorm

Un Gobierno dividido a punto de romperse por la OTAN

ESPAÑA

Dos años de división, pero sólo una vez Sánchez amenazó con expulsar a UP de Moncloa. El origen está en el crucial Consejo del 5 de julio, y el resultado se vio esta semana: Garzón no votó, como el resto de IU, para poder seguir en el Gobierno.

El Ministro de Consumo, Alberto   Garzón.
El Ministro de Consumo, Alberto Garzón.EFE

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Actualizado Domingo, 18 septiembre 2022

El parte médico de la salud del Gobierno de coalición ha tenido una semana accidentada. Empezó con la iniciativa de la vicepresidenta Yolanda Díaz para topar los precios de la cesta de la compra. Siguió con la discrepancia pública de la ministra de Asuntos Sociales, Ione Belarra, con el presidente del Gobierno a propósito de la propuesta de UP de topar las hipotecas. Y acabó con la votación en el Congreso del protocolo de adhesión de Suecia Finlandia a la OTAN. El Gobierno votó dividido. Los ministros de UP se abstuvieron, incluido Alberto Garzón, líder de IU, cuyos diputados votaron en contra. La abstención del ministro de Consumo -voto contrario a los principios que defiende- era obligada si quería seguir en su cargo.

Aunque en los casi tres años del Gobierno de coalición ha habido muchos momentos de llevar hasta el límite de la ruptura la convivencia del matrimonio PSOE-UP, sólo en una ocasión pasó por la cabeza del presidente y de los ministros la posibilidad de prescindir del socio mayoritario. Y fue precisamente a propósito de la OTAN, del protocolo de adhesión de Suecia Finlandia a la organización. Sucedió en el Consejo de Ministros del día 5 de julio que aprobó el crédito de 1.000 millones para gastos de Defensa y la ampliación de la OTAN. La vicepresidenta segunda intervino con vehemencia para mostrar su discrepancia con el aval del Gobierno de España a la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN. Lo hizo en nombre de Unidas Podemos y sus palabras fueron consideradas «inconvenientes y fuera de lugar» por los ministros socialistas. La tensión interna provocada por el discurso de Díaz a punto estuvo de romper el Gobierno. Según han confirmado a este diario varias fuentes gubernamentales, el presidente contempló la posibilidad de echar a UP del Gobierno, si insistían en ese pulso contra su política de Defensa y su giro atlantista. El punto final de aquel choque sobre una cuestión tan sensible para la izquierda del PSOE, fue la insólita votación del Congreso este semana, con tres formas de votar distintas de los partidos de la coalición.

Hace un año, las desavenencias de esta semana pasada hubieran llenado hasta rebosar el contenido de los medios, los comentarios en el pasillo del Congreso y habrían dado al menos para quince días de rasgarse las vestiduras. Ahora, sin embargo, las discrepancias, desavenencias y conflictos de la coalición se observan como el enésimo capítulo de un culebrón. Casi con aburrimiento. Se ha normalizado lo que no ha sido nunca normal: un Gobierno en el que la vicepresidenta segunda y los ministros de UP hacen propuestas por su cuenta sin compartirlas con el resto del Ejecutivo, votan de forma distinta en el Congreso y echan pulsos al socio mayoritario para sacar la cabeza en momentos complejos para la izquierda. Todo ello bajo la serena y poco atenta mirada del presidente del Gobierno. Volcado por completo en su acelerón de remontada para que no decaigan más los ánimos del PSOE -el CIS le ha hecho un regalo en forma de encuesta que le vuelve a situar en cabeza de la intención de voto-, Pedro Sánchez no dedica prácticamente atención a lo que hacen y dicen sus socios cada martes en La Moncloa. Los escucha como ruido de fondo y los despacha con buenas palabras.

El caso de la cesta de la compra de Yolanda Díaz es paradigmático. La vicepresidenta empezó proponiendo establecer un tope a los alimentos. Los ministros del ramo -ella no tiene competencias sobre el asunto- pusieron el grito en el cielo. Como topar los precios no era posible, Díaz cambió su propuesta por una negociación con las cadenas de distribución y los supermercados. Carrefour se aprovechó para hacer una campaña de publicidad empática con una cesta de 30 euros, pero sin alimentos saludables. Los representantes del sector rechazaron la idea en la reunión con la vicepresidenta. El pequeño comercio expuso sus quejas por el perjuicio que sufriría de prosperar la iniciativa.

Preguntado el presidente sobre la iniciativa de su vicepresidenta, Pedro Sánchez señaló como de pasada que la idea le parecía bien. Moncloa creía que la propuesta de Díaz -que tanto el PSOE como Unidas Podemos consideran «electoral» y «popular» pero inviable- se quedaría en una simple idea. Aunque añaden que podía ser perjudicial para el Ejecutivo.

«Desde el primer minuto sabíamos cómo iba a acabar esto. La propuesta de Yolanda Díaz era imposible de llevar a la práctica. Pero daría la justificación a las cadenas de distribución, a los grandes supermercados, y al PP, para pedir al Gobierno que baje el IVA si quiere ayudar a las familias que sufren la inflación de los precios de los productos básicos». Que es lo que ha pasado. La vicepresidenta está satisfecha de haber abierto debate sobre un tema de gran consenso en la sociedad, mientras que la otra parte del Gobierno considera que ha sido una «deslealtad» de Yolanda Díaz para «buscar su propio espacio político», con su proyecto, Sumar, todavía al ralentí.

El impacto que los episodios públicos de división puedan tener para la reputación del Gobierno es asunto de comentario y análisis dentro del PSOE y de UP. Algunos dirigentes socialistas lo ven así. «Las deslealtades nos debilitan, son un elemento de distorsión y desgaste para el presidente y para el PSOE, no transmitimos la estabilidad y tranquilidad necesarias en un momento tan difícil para la gente. El desgaste es evidente».

Tampoco en UP hay entusiasmo sobre las bondades de su participación en el Gobierno. No muy buenas desde el punto de vista electoral, según el resultado de las últimas convocatorias. UP se prepara estos días para la penúltima batalla interna, que es la negociación de los Presupuestos de 2023, los últimos del Gobierno de coalición. Frente al optimismo del PSOE, que apenas ve obstáculos para el acuerdo, UP señala que la negociación «no va bien» y está desplegando sus exigencias. Lo normal.

GRIÑÁN: SOLIDARIDAD TRANSVERSAL

Ya puede decirse que José Antonio Griñán es el dirigente político condenado por los tribunales que ha despertado el mayor movimiento de solidaridad de personalidades de todos los partidos y de todos los ámbitos sociales, culturales y deportivos en favor de su indulto. Desde los ex presidentes socialistas y numerosos ex ministros, hasta algunos destacados nombres del PP, y de otros partidos han firmado la petición de gracia presentada por la familia de Griñán, condenado a seis años de cárcel en el caso ERE.

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