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REINO UNIDO.-Un reino tormentoso para el nuevo rey de Inglaterra

Opinión

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  • SILVIA ROMÁN

Actualizado Sábado, 10 septiembre 2022

Salvas de honor a Isabel II en el corazón de Londres.
Salvas de honor a Isabel II en el corazón de Londres.AFP

Reino Unido se enfrenta, tras la muerte «apacible» de Isabel II, al fin de una era y al inicio de otra… turbulenta. Son tiempos convulsos para las islas, golpeadas por lo peor de la crisis que está devorando el continente a cuenta de la guerra de Ucrania y desestabilizadas por una situación política en permanente cambio.

El país padece las amenazas económicas más serias en toda una generación (pobre crecimiento, inflación disparada…). Al frente de este abismo económico se encuentra una primera ministra, Liz Truss, que apenas lleva cinco días en el cargo y que deberá devolver al número 10 de Downing Street su imagen de orden y seriedad, profundamente dañada por la serie de escándalos que protagonizó su anterior inquilino, Boris Johnson.

Para los británicos, a pesar de las adversidades, la reina Isabel II era ese palo del equilibrista que ante cualquier sobresalto y contratiempo ayuda a recuperar la estabilidad, a mantenerse firme en la cuerda y a no caer al vacío. Ahora, ese punto de apoyo ha desaparecido. Su lugar lo ocupará el ya bautizado como rey Carlos III, primogénito de la fallecida monarca, que accede al trono con 73 años.

Ningún heredero en la historia de Reino Unido ha tenido que esperar tantas décadas para sentir el peso de la Corona sobre su cabeza. Pocos han albergado tantas ganas como él en ser proclamado rey (la amplia sonrisa que ayer exhibía daba fe de ello). Y ya ha dejado claro que le gusta hablar, intervenir y opinar, todo lo contrario de la actitud cauta y de paso atrás de su aclamada madre. Carlos III ha llegado a enviar en los últimos años cartas a ministros y no ha ocultado sus intereses, apremiando a que estén en la agenda gubernamental: cambio climático, protección medioambiental…

Pero ahora es el momento de la verdad. Y la realidad no es nada reconfortante. La estabilidad del país está en juego. El próximo semestre -otoño e invierno- es decisivo para medio planeta, pero más aún para el continente europeo y en especial para Reino Unido, quien ya no está bajo el paraguas de la Unión Europea. Ahí es cuando el nuevo monarca tendrá que saber reinar. Ahí es cuando la flamante primera ministra deberá lucirse en gobernar.

Más allá de los desafíos exteriores, se encuentran los agudos escollos internos. En siete décadas de reinado de Isabel II, todo ha cambiado. En 1953, año de la Coronación de la eterna monarca, el imperio británico -a pesar de encontrarse en desintegración- estaba aún presente en múltiples rincones del globo. En 2022, suenan los tambores de independencia incluso dentro de las propias islas: la propuesta de repetir el referéndum de independencia de Escocia (por la tenacidad de la ministra principal Nicola Sturgeon) o la aspiración a un referéndum de unificación de Irlanda (consecuencia de la enésima crisis de gobierno en el Ulster).

Mientras, puede desatarse una guerra comercial con la Unión Europea. Todo ello a cuenta del Protocolo de Irlanda (fruto del Acuerdo del Brexit), que ha creado una especie de aduana interior entre la principal isla e Irlanda del Norte. En caso de que la premier Truss pulse el botón nuclear que deja en suspenso el mencionado Protocolo, todo puede ocurrir entonces entre Londres y Bruselas.

Buckingham, Westminster y Downing Street deberán capear de la mano el temporal en el que se adentra la nave británica. Sus pasajeros, 67 millones de expectantes ciudadanos, empiezan a sufrir hartazgo. Así lo muestran las encuestas. El sondeo más reciente daba hasta 11 puntos de ventaja al Partido Laborista liderado por Keir Starmer frente al Partido Conservador (42% frente al 31%).

De no lograr Liz Truss cautivar una legión de votantes que respalde el programa y las promesas tories,las elecciones que tendrán lugar en apenas un par de años darán la victoria a la formación política de Starmer y el rey Carlos III empezará a repetir lo que ya parecía una tradición (o hasta maldición) de su madre: la de ver pasar rápido a un primer ministro tras otro. En total, Isabel II llegó a dar la enhorabuena y bendición a 15 jefes de Gobierno (el último de ellos, la flamante Liz Truss, quien apretó la delicada y amoratada mano de la reina este mismo martes en tierras escocesas).

El ambiente está a flor de piel, a la vez que la ciudadanía se encuentra altamente sensibilizada, en pleno duelo de su reina. Los británicos no se han enfrentado a la pérdida de una figura pública tan relevante desde la muerte de Winston Churchill en 1965 (a excepción de la muerte de Lady Di, que fue en un plano más emotivo que político o institucional). Para el obrero inglés o el contable galés, Isabel II era su identidad, su pasado, presente y futuro, aquella con la que creció, a la que admiró y respetó, el mástil al que agarrarse en plena tempestad, en los tiempos más duros y oscuros. Ahora, la Historia ha pasado página. Dios salve al rey Carlos… y a todos sus súbditos