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EL MENTIDERO DE LAS SALESAS

Las presiones del Gobierno al Poder Judicial: «Si el CGPJ no nombra, que Lesmes se olvide de ir al Constitucional»

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Actualizado Domingo, 4 septiembre 2022 – 22:52

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Desde el Gobierno no ocultan que el presidente del TS y el CGPJ es clave para los nombramientos del TC, y ligan su futuro a la actuación del órgano de gobierno de los jueces

Pedro Sánchez y Carlos Lesmes, en Moncloa el pasado mes de abril.
Pedro Sánchez y Carlos Lesmes, en Moncloa el pasado mes de abril.POOL

El Salón de Plenos del Tribunal Supremo acogerá el próximo miércoles el acto solemne de apertura del año judicial. Lo hará en el marco de un enfrentamiento político total por el control del Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional. En esta tesitura, es especialmente relevante el discurso que pronunciará el presidente del Poder Judicial, Carlos Lesmes, frente a una alta magistratura hastiada y preocupada por el trato que recibe del resto de poderes del Estado, especialmente, del Poder Ejecutivo.

Los jueces acuden al acto que presidirá Felipe VI en el Alto Tribunal con la sensación lampedusiana de que en los últimos meses todo ha cambiado para en el fondo seguir igual. Al día siguiente, tras la apertura de tribunales, el CGPJ celebrará un Pleno extraordinario convocado para designar a los dos magistrados del Constitucional. La judicatura percibe la pugna de poder soterrada entre el Gobierno y el Partido Popular por los nombramientos que facilitarán el vuelco ideológico en la corte de garantías, que pasará a tener una mayoría de magistrados y un presidente (o presidenta) progresista.

En este contexto, es especialmente relevante el papel del presidente Lesmes, quien en las últimas semanas ha realizado gestiones encaminadas a que esos nombramientos de magistrados del Constitucional salgan adelante en el plazo impuesto por La Moncloa, es decir, antes del 13 de septiembre. Fuentes jurídicas consultadas por EL MUNDO informan de que el presidente del TS y el CGPJ llamó personalmente en las últimas semanas a los magistrados Manuel MarchenaPablo Llarena y Antonio del Moral (en este orden contactó con estos tres magistrados de la Sala Segunda) para sondearles sobre si estarían dispuestos a ser nombrados magistrados del TC por parte del órgano de gobierno de los jueces. Las mismas fuentes explican que Lesmes fue especialmente insistente con Del Moral, al que le une una amistad personal desde la época en la que ambos ejercían como fiscales. Todos declinaron el ofrecimiento. Además, desde el CGPJ también se ha tanteado al magistrado de la Sala Civil del Alto Tribunal, Ignacio Sancho Gargallo, como posible candidato al Constitucional. En este caso, la llamada fue realizada por una vocal del grupo conservador del Poder Judicial, siendo la respuesta de este magistrado también negativa.

Lesmes ha hecho llamadas para que se cumpla el calendario marcado por Moncloa

Estos movimientos, llevados a cabo de forma personal por el presidente del TS, han provocado que el papel que está desempeñando Lesmes en torno a los nombramientos sea visto con recelo por un nutrido grupo de jueces de este órgano, que considera que el magistrado tratará de conseguir el próximo jueves que el Consejo nombre a los dos nuevos miembros del TC para así en un futuro próximo conseguir que el Gobierno lo promocione como un «candidato de consenso» frente al Partido Popular para la plaza que ha dejado vacante en el tribunal de garantías el catedrático Alfredo Montoya. «Es lícito que Carlos quiera ir al TC, además se lo merece y todos los presidentes del Supremo lo han hecho, pero ha elegido el camino equivocado para hacerlo», comenta un togado en conversación con este periódico.

No en vano, son varios los magistrados que en privado acusan a Lesmes de actuar por «interés personal» con los nombramientos del TC. Se da la circunstancia de que en los últimos tiempos, este magistrado, que fue nombrado presidente del Poder Judicial por un Gobierno del PP, guarda mayor sintonía con el Ejecutivo de Pedro Sánchez que con la actual dirección de Génova. Tampoco su relación fue especialmente fluida con el PP de Pablo Casado.

Por otro lado, en Moncloa ven con buenos ojos que Lesmes ocupe la plaza de Montoya bajo el perfil de un «juez de consenso» entre socialistas y populares. Además, fuentes gubernamentales autorizadas consultadas por EL MUNDO no esconden la confianza que tienen depositada en el papel decisivo del presidente de cara al próximo Pleno del CGPJ ni la carta que el magistrado se está jugando: «Si el Consejo no nombra, Lesmes que se olvide de la plaza de Montoya en el Constitucional», subrayan las mismas fuentes del Ejecutivo.

Por su parte, desde Génova tampoco disimulan el rechazo hacia la figura de Carlos Lesmes ya que consideran que la plaza de Montoya -de ella depende que el grupo conservador del TC se quede en cinco o en cuatro magistrados- «en ningún caso» será para el actual presidente del Poder Judicial si de ellos depende. «No es una plaza de consenso, es una plaza nuestra», asegura una fuente oficial de Génova en conversación con este periódico.

El PP se opondría: «No es una plaza de consenso, sino una plaza nuestra»

Y en medio de estos posicionamientos, desde el entorno de Carlos Lesmes argumentan que es incierto que aspire a irse ya al TC o que se vaya a postular en un futuro para ocupar una plaza en el citado órgano(atendiendo a los plazos legales, le interesaría desembarcar en el tribunal de garantías a partir de febrero para poder tener un mandato de nueve años en vez de tan solo el restante de Alfredo Montoya). Quienes afirman que no hay ningún interés personal de Carlos Lesmes en esta plaza vacante lo justifican con el hecho de que el presidente lleva meses yendo a deliberar a la Sección Quinta de la Sala Tercera. Aseguran que Lesmes se estudia a conciencia cada semana los procedimientos con el único objetivo de estar al día de la jurisprudencia cuando tenga que volver a su antigua Sala. En concreto, como presidente a la Sección encargada de revisar, entre otras cuestiones, los indultos que concede el Ejecutivo. Además, desde el círculo de Lesmes se recalca que el presidente del Poder Judicial no puede declararse en rebeldía ante la Ley.

En los últimos años, en sus discursos de apertura del año judicial, el presidente del CGPJ y el TS ha defendido la independencia de los jueces, ha instado a dejar al margen al Poder Judicial de las luchas partidistas y ha denunciado la «anormal situación» en la que se encuentra a día de hoy el Consejo por causas que le son ajenas. En esta ocasión, Lesmes prevé poner énfasis en la delicada situación que atraviesa el Alto Tribunal (con casi un 15% menos de su plantilla) como consecuencia de la reforma legal aprobada por el PSOE y Unidas Podemos, informan las fuentes consultadas.

NUEVO CURSO

Sin embargo, los suyos, magistrados del Supremo y vocales a los que representan tras su cargo institucional, quieren que el presidente se aleje de «tibiezas» en su discurso y denuncie sin ambages la delicada situación en la que el Gobierno ha situado al Alto Tribunal tras despojar al CGPJ de su principal función: los nombramientos. No en vano una parte importante del Alto Tribunal se ha sentido ninguneada después de que Moncloa solo haya habilitado al órgano de gobierno de los jueces a efectuar -con el ultimátum del 13 de septiembre- las designaciones del Tribunal Constitucional pese a que Salas, como la de lo Contencioso-Administrativo o lo Social, se encuentran al borde de la inoperancia por falta de magistrados.

Si en el Pleno del próximo jueves los grupos conservador y progresista del CGPJ no logran consensuar por mayoría cualificada de doce votos los dos nombres de jueces del Alto Tribunal para el Constitucional, Lesmes tendrá en su mano convocar una nueva reunión extraordinaria antes del día 13 o dejar las citadas designaciones para el Pleno ordinario de final de mes.

Junto a la apertura del año judicial y el Pleno del CGPJ, el nuevo curso en los tribunales arranca con otra cita relevante. Hoy toma posesión el nuevo fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Mano derecha de Dolores Delgado, desarrollará un proyecto continuista con el de su predecesora, a la que se recordará principalmente por haber aupado a su antigua asociación, la minoritaria Unión Progresista de Fiscales, a la cúpula fiscal.

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