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Una juventud sin futuro: «Tengo tres trabajos y lo que gano es lo que pago de alquiler»

LOS PROBLEMAS QUE LA POLÍTICA NO ARREGLA (VI)

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Actualizado Domingo, 28 agosto 2022

Los jóvenes españoles lideran la UE en sobrecualificación. Sobran estudios y falta trabajo (el doble de paro) y horizonte (tres años más en casa de los padres)

Decenas de miembros de la plataforma 'Una juventud sin futuro' se manifiestan contra la precariedad.
Decenas de miembros de la plataforma ‘Una juventud sin futuro’ se manifiestan contra la precariedad.ANTONIO M. XOUBANOVA

Divino tesoro: dos de cada tres se sienten ciudadanos de segunda; el 76% cree que vivirá peor que sus padres; de los que trabajan, casi la mitad tiene más preparación que la que el puesto exige y sólo dos de cada 10 son capaces de independizarse en solitario porque, de media, dar la entrada de una hipoteca les cuesta cuatro veces su sueldo íntegro.

En 2022, Año Europeo de la Juventud, los indicadores muestran una cierta estabilización de las condiciones socioeconómicas de los jóvenes españoles. Pero la coyuntura sigue siendo preocupante. Una década después de que miles de personas -el germen del 15-M– clamaran en las calles que vivían «sin futuro», las nuevas generaciones de hoy dan por imposible el presente y corroboran el desastre estructural de un sector poblacional para el que la política parece no hallar soluciones, sino únicamente «parches».https://omny.fm/shows/el-mundo-al-dia/ni-curro-ni-piso-as-es-ser-joven-en-espa-a/embed

¿Cuál es el problema primigenio de los jóvenes? ¿De dónde parten los males de 7,3 millones de españoles? ¿Estudios, vivienda, salud mental, empleo? No hay una única explicación, pero la inestabilidad que padecen los españoles por debajo de la treintena viene ligada, sin duda, al contexto: crecieron con los ecos de la crisis financiera de 2008, la pandemia de 2020 condicionó plenamente su trayectoria laboral y, ahora, la inflación amaga con lastrar todavía más sus opciones en el medio plazo.

«Es la generación de las expectativas frustradas», define Javier Merchán, investigador doctoral y profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas. «La crisis económica marcó un punto de inflexión agudizador que hizo que la juventud ya no levantara cabeza». Y desde entonces, una concatenación de turbulencias. Merchán habla de una generación, a la que él también pertenece, «crisificada», que no sabe lo que es navegar con el mar en calma.

Puede parecer lo contrario, pero la pandemia no ha generado ninguna tendencia nueva en la situación de los jóvenes. Ha incidido en la precariedad del mercado laboral, en la temporalidad y en el desempleo, «pero ya se han recuperado los niveles de fragilidad previos a la pandemia», detalla Merchán. Un ligero rebote en 2021 que de momento queda lejos de convertirse en una dinámica alcista, por lo que es poco halagüeño. Así lo corrobora el Observatorio de Emancipación publicado hace escasos días por el Consejo de la Juventud: los jóvenes son el sector poblacional más expuesto al paro, a la temporalidad o a la subocupación.

Elena Ruiz Cebrián, presidenta del Consejo de la Juventud.
Elena Ruiz Cebrián, presidenta del Consejo de la Juventud.J. BARBANCHO

«Las personas jóvenes no somos sujetos de segunda que ya nos beneficiaremos de ciertas políticas». Elena Ruiz Cebrián preside el Consejo, que representa a 60 entidades juveniles. «Necesitamos políticas públicas que nos den seguridad y estabilidad», comenta, para acabar con la «dicotomía» que machaca la certidumbre de toda una generación: «Hay que saber pensar en la juventud en presente». El ahora que nunca llega. El ya te emanciparás, ya encontrarás trabajo.

FALTA DE OPORTUNIDADES

Pero lo cierto es que la incorporación de los jóvenes al mercado laboral no para de retrasarse semestre tras semestre. La tasa de actividad entre los 16 y 29 años es del 52,4%. Nunca se había registrado una cifra tan alta de inactividad, que se explica en buena medida -nueve de cada 10casos- por la decisión de cursar estudios. Ante la incertidumbre y la falta de oportunidades, los jóvenes apuestan por reforzar su preparación. «Necesitamos que las personas jóvenes entren al mercado laboral», recalca Ruiz Cebrián. «Que contribuyan, que paguen impuestos. Si eso no ocurre este Estado no se va a mantener».

Esta inestabilidad deja casos impactantes. «Tengo tres trabajos más la carrera que estoy estudiando», cuenta Lydia S. (25 años), que ya cuenta con una titulación previa como integradora social. «Este curso prácticamente he estudiado en el tren», explica, porque compagina sus nuevos caminos universitarios con varios contratos «para poder vivir». Trabaja incluso los fines de semana, pero apenas logra ahorrar, pese a compartir piso: «Básicamente, lo que gano es lo que pago de alquiler». Admite, como muchos otros jóvenes, que no puede rechazar ofertas temporales por temor a que el teléfono nunca más vuelva a sonar: «Uno necesita un trabajo lo más estable posible. Pero si te llaman para una semana y dices que no; te vuelven a llamar para dos meses y dices que no; te vuelven a llamar para un día y dices que no… Directamente las oportunidades desaparecen. Y entonces sí que ya es imposible».

Otro reto es el de tratar de emprender siendo joven. «Pagar una cuota reducida de autónomos es un parche», denuncia Enrique R. (25 años), entrenador en un club deportivo local. «Un año después tendrás que pagar una cuota más alta. ¿Quién te dice a ti que vas a generar más ingresos en un año?». Con ello, lamenta, las nuevas generaciones terminan desistiendo y buscando otros caminos alejados del emprendimiento, como opositar o trabajar en los negocios familiares. Sólo el 6% de los autónomos españoles tiene menos de 30 años.

Así, cunde la sensación entre los más jóvenes de que la política no llega a acertar nunca en sus decisiones hacia este sector poblacional. Muchas veces, coinciden la mayoría de entrevistados para este texto, porque la voz de esta generación ni tan siquiera es escuchada. Las políticas que se están ejecutando no ayudan verdaderamente a incrementar la tasa de emancipación, ejemplifica Ruiz Cebrián. «El bono del alquiler ha sido una lotería. No fomenta que la gente se emancipe, sino que es para gente ya emancipada. No se puede parchear. Necesitamos políticas que vayan a la raíz del problema».

No obstante, diversos estudios certifican que, por el momento, no se ha disparado la desafección política entre los jóvenes. Pero es una preocupación que acecha a los partidos. «Hay cierta falta de voluntad política para abordar estos problemas», considera Merchán, que opina que las dos últimas reformas laborales han tratado de solventar desde prismas diferentes la precariedad juvenil. Desde las asociaciones juveniles piden esperar un poco más para observar con perspectiva los efectos de la última remodelación, ejecutada por la ministra Yolanda Díaz. Por el momento, las cifras que manejan muestran un trasvase de contratos temporales a fijos discontinuos, lo cual, dicen, no palia el mal de las nuevas generaciones, pero también comprueban un aumento y solidificación de los contratos indefinidos que da esperanza de cara al futuro.

DESCONEXIÓN ENTRE OFERTA Y DEMANDA

«Lo que ocurre en España por encima de otros países de Europa es el problema de la sobrecualificación», concreta Merchán. Según datos del Eurostat, más del 40% de jóvenes de nuestro país trabaja en condiciones de sobrecualificación, una cifra que sitúa a España en el podio europeo. Una cuestión que podría atajarse, reflexiona, con un rediseño del sistema educativo (en especial, la Formación Profesional) o una reforma que ponga el foco en la productividad del mercado laboral: «Veo desconexión entre la oferta educativa y la demanda de puestos de trabajo». Y eso, recalca, sí que requiere de un notable empuje político para solucionarlo.

Así, Laura N. (25 años) cuenta a este diario cómo lleva tres contratos de prácticas enlazados mientras desarrolla labores de responsabilidad nivel senior en su empresa. Cree que esta situación se da porque los contratos de prácticas «no están planteados para favorecer al intern [becario] a partir de cierto tiempo».

El Estatuto del Becario es otro asunto que preocupa a las agrupaciones juveniles, que han trasladado a Trabajo sus propuestas. «No parece que la política ponga el foco en el desarrollo profesional de los jóvenes. Nos deberían ver como una inversión para el futuro», zanja Laura.

Con este fin, Ruiz Cebrián aboga por lograr algo que suena tan idílico como necesario: que en tiempos de máxima crispación política, todos los partidos se comprometan a trabajar por un mejor panorama para la juventud. Basándose en los Pactos de La Moncloa o el de Toledo, el Consejo de la Juventud trabaja en los últimos meses por alcanzar una Alianza por la Juventud, basada en varias decenas de medidas con el horizonte límite de 2030.

Poner en marcha iniciativas de apoyo integral a aquellos jóvenes que quieran emprender, eliminar el falso autónomo, garantizar que se destina menos del 30% del salario a pagar el alquiler, actualizar las estrategias de salud mental, incrementar el SMI al 60% del salario medio… «Propuestas concretas», resume Ruiz Cebrián. «Ya tenemos la preocupación; ahora vamos a la ocupación». Objetivo:que la política, sea del color que sea, se ponga «las gafas de la juventud».

ELMUNDO ha tratado de contactar en varias ocasiones con el Instituto de la Juventud (Injuve), organismo público coordinado por Unidas Podemos, para su participación en este reportaje, y no ha recibido respuesta alguna.

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