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Los trenes catalanes, el nuevo ‘Espanya ens roba’

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LOS PROBLEMAS QUE LA POLÍTICA NO ARREGLA (V)

Aeropuertos con tres pasajeros en un mes, autovías ‘sin coches’, paradas de AVE en un erial… Y mientras causas básicas como un tren digno en Extremadura o el estado de los cercanías en Cataluña se enquistan

Un grupo de personas espera el Rodalies en la estación de Sants, en Barcelona.
Un grupo de personas espera el Rodalies en la estación de Sants, en Barcelona.
GORKA LOINAZARABA PRESS

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La búsqueda de los antecedentes del procés suele remontarse a la manifestación contra la sentencia del Estatut de julio de 2010. Sin embargo, conviene retrotraerse al 1 de diciembre de 2007, cuando varios cientos de miles de personas recorrieron el centro de Barcelona bajo el lema: «Somos una nación y decimos basta. Tenemos el derecho a decidir sobre nuestras infraestructuras». Una negligencia en las obras del AVE había dejado mes y medio sin servicio a diversas líneas de los trenes de Cercanías en Barcelona, lo que afectaba a unos 150.000 usuarios al día.

Había pasado apenas medio año del acto unitario de la sociedad civil y económica barcelonesa, en la escuela de negocios IESE, para reclamar una gestión descentralizada del aeropuerto de El Prat. Las quejas sobre infraestructuras y la reclamación del traspaso de competencias hilvanaban el discurso del catalanismo, desde el independentismo hasta el PSC, partido entonces al mando del segundo Govern tripartito.

Quince años después, las infraestructuras siguen en el foco, sobre la mesa que amparan el PSOE y ERC. Entre todas, el caso de los Rodalies (Cercanías) de Cataluña es doblemente paradigmático: por lo político, reactivado como motivo de negociación entre los gobernantes en Madrid y en la Generalitat, y como emblema de la mala gestión de las infraestructuras, uno de esos problemas endémicos del país que la política no arregla. Al contrario.

En España hay aeropuertos con tres pasajeros este julio (Huesca) o reconvertidos en parking para aviones en tiempos de pandemia (Ciudad Real). Hay algunas autovías sin coches y paradas de AVE en eriales. Mientras Extremadura reclamó durante décadas un tren digno o en Cataluña acumulan sobresaltos en lo más básico, Cercanías, donde acumulan los borrones: retrasos, choques de trenes, usuarios transitando por las vías en pleno verano tras la avería de un convoy o la demanda eterna del soterramiento de las vías en localidades como Montcada i Reixac, que finalmente se empezará a ejecutar el próximo año tras morir atropelladas en el paso a nivel hasta 176 personas. La expresión «caos ferroviario» hizo fortuna en Cataluña las dos últimas décadas.

En virtud del Estatuto autonómico de 2006 y las reivindicaciones políticas iniciadas en 2007, el Gobierno y la Generalitat acordaron en 2010 el traspaso de la gestión del servicio. Horarios, tarifas e información a los usuarios y el personal de Rodalies dependen del Ejecutivo catalán. La titularidad de la infraestructura, por su parte, se mantiene bajo el control de Adif, el administrador ferroviario dependiente del Gobierno. Sobre este organismo recae la responsabilidad sobre vías, estaciones y andenes.

Y la tercera pata es Renfe, que ejerce como operador del servicio, aunque la Generalitat tiene capacidad para adjudicarlo a otra compañía. De hecho, un servicio que Renfe opera como regional en Lérida será asumido a partir de 2024 por Ferrocarrils de la Generalitat, la compañía autonómica que también se encargará del tren lanzadera a la terminal 1 de El Prat (actualmente, Rodalies sólo llega hasta la vieja terminal 2).

Quince años después de la gran manifestación, Rodalies vuelve a ocupar el centro. En el Debate sobre el estado de la Nación de mediados de julio, volvió a reclamarse el traspaso integral de las competencias a la Generalitat. A propósito de la gratuidad de los viajes decretada por el Gobierno para el último trimestre del año, el vicepresidente y consejero de Territorio, Jordi Puigneró, pidió al Ejecutivo que «deje de hacer inventos» con Cercanías y traspase el servicio a la Administración autonómica, «tal y como apoya el 70% de los catalanes». El dirigente de Junts se hacía eco de la encuesta del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat que, en marzo, cifraba en ese porcentaje el número de ciudadanos a favor de la transferencia competencial, frente al 16,8% que se opone.

OLEADAS DE QUEJAS

La gran apuesta por el AVE de hace una década y las partidas presupuestarias no ejecutadas en todo este tiempo han sido dos lastres para la mejora del servicio de Rodalies. Las numerosas incidencias tienen una repercusión directa sobre el usuario. Los retrasos provocan oleadas de quejas en las redes sociales e incluso hay colectivos, como los jóvenes de Batec, que reivindican una «huelga de pagos» con el argumento de que la falta de inversiones es la principal razón de lo que consideran un servicio deficiente y la prueba del incumplimiento de Moncloa en las inversiones.

Batec es un movimiento independentista juvenil que aboga por la desobediencia civil no violenta y que, con el lema «Hasta que Madrid no pague, ¡nosotros no pagamos!», ha protagonizado varias acciones contra el transporte público de Renfe. «Somos la generación del 1-O, nuestro despertar político nace en octubre de 2017 y procedemos de diferentes movimientos sociales», señalan desde este colectivo, que tiene un mensaje muy estructurado, similar al de los partidos independentistas. Así, remarcan que «desde 2008, el Estado no ha ejecutado ni el 24% de las inversiones previstas» o que «Madrid se ha llevado mucho más dinero en cuanto a gasto ferroviario». Según sus datos, la inversión por catalán es de 205 euros, mientras que a cada madrileño le tocan 907 euros.

No hay duda de que las quejas por el servicio de Rodalies se han convertido en el nuevo «España nos roba» del independentismo para capitalizar políticamente el descontento por el servicio ferroviario. Por eso, Batec denuncia «las averías constantes, los retrasos y las afectaciones», ya que repercuten directamente «en la conciliación de la vida personal con la laboral, estudiantil o el tiempo libre», en un momento en el que el precio de los carburantes provoca que sectores con menos recursos dependan más del transporte público.

Frente al uso partidista que hace el independentismo del mal servicio de Rodalies, los profesionales del sector tienden a repartir las responsabilidades entre las Administraciones. Diego Martín, portavoz del Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (Semaf), recuerda que Rodalies tiene un problema de seguridad, y apunta a la Generalitat. Se registran, dice, más incidencias que en los otros servicios de Cercanías de Renfe por cuestiones externas. Por ejemplo, de arrollamientos de personas, ya que, de los 105 atropellos de 2020 en toda España, el 71% se produjeron en Cataluña.

Rodalies lidera otros indicadores de incidencias en comparación al resto del país, como el apedreamiento de trenes, con un 45% del total, o las agresiones a miembros del personal ferroviario, que en Cataluña suponen un 33% del total, superando a cualquier otro territorio. Uno de los principales problemas de Rodalies es el vandalismo, ya que es el «servicio ferroviario que más lo sufre», según Martín. Es frecuente que se suprima la circulación de trenes con grafitis por falta de seguridad o sufrir sabotajes en las líneas (piedras, troncos cortados o neumáticos ardiendo), un fenómeno que en algunos puntos, como Gerona, se repite de forma más asidua y a menudo se vincula al activismo independentista.

VANDALISMO

«Todas estas incidencias, con unos índices superiores a los del resto de comunidades, suponen un gran aumento en los impedimentos para que los trenes circulen con normalidad y puntualidad», señala el portavoz de Semaf, quien detalla que «la violencia y el vandalismo hacen que los problemas que repercuten al servicio del usuario aumenten exponencialmente». Por eso, reclaman a la Generalitat que extreme las medidas de seguridad: «Nos dicen que van a establecer protocolos, pero desconocemos si se llevan a la práctica porque este tipo de incidencias no remiten, sino que van en aumento».

Desde este sindicato recuerdan que el servicio de Rodalies ya ha recuperado el mismo número de circulaciones que las registradas antes de la pandemia, igual que la plantilla de maquinistas: «El servicio de Rodalies ha sido de los primeros en España en recuperar el déficit de plantilla por la ralentización de incorporaciones de personal con el Covid».

Por su parte, Sergio Sánchez, asesor del sindicato ADN, el mayoritario en seguridad privada de Cataluña, explica que Renfe está incumpliendo la ley en esa materia, ya que no existe la figura del responsable de director de seguridad que analice situaciones de riesgo que afecten a la integridad de las personas y el patrimonio, organice los recursos disponibles y establezca planes específicos, así como las inspecciones y la administración de la protección de la red. Por eso, considera que el servicio de seguridad en Rodalies, «en el que también se incumple la ley de prevención de riesgos laborales», es «anárquico y peligroso», y «sin un control por parte del departamento de Seguridad de Renfe». Sánchez subraya el aumento de las agresiones a los vigilantes. Su sindicato exige presencia policial en el centro de control de Rodalies, como indica la ley de seguridad privada, y que se eleve la protección jurídica de agente de la autoridad en los vigilantes privados en estaciones y trenes. Así, la agresión implicaría castigo penal.

De lo global a lo particular, un símbolo de tantas infraestructuras fuera de servicio de España.