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El Ayuntamiento de Barcelona ha prohibido servir foie en sus recepciones. Sigue la tendencia de primar otros vertebrados frente la vida humana

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.EFE

Ada Colau ha anunciado que eliminará el foie de los menús oficiales que ofrece el Ayuntamiento de Barcelona. La noticia no sorprende dada la actitud nihilista ¿nihitonta? de los pobresistas (la medida ya la han adoptado Lyon Grenoble, otros consistorios populistas como el de Colau), empeñados en el desprecio de la vida humana para ensalzar la de otros vertebrados. Porque a Ada Colau seguro que no le importará servir canapés de insectos en sus recepciones (ni que te foie un pez).

No estoy del todo en contra de la medida: el sufrimiento de los palmípedos produce un manjar refinadísimo, pero solo cuando no se queda en sucedáneo. Ahora en los supermercados mayoristas es común vender los bombones de foie que pueblan muchos menús de restaurantes de segunda y caterings de primera. Y, como el aceite de trufa y las reducciones de balsámico, son un poco gorrinada para estirados. El foie ha de servirse en tarugos grandes y con un poquito de sal gorda. O alguna jalea para quien prefiera los contrastes. O a la plancha con solomillo. O en una de esas terrinas. Hay tantas opciones… Por eso me dan pena que los que vivan en Japón Nueva York no puedan comérselo porque está vetada su comercialización.

Lo de que el Ayuntamiento de Barcelona haya dejado de poner foies en sus comidas es solo un gesto poco congruente con otros comportamientos de la alcaldesa. ¿Saben que en Río de la Plata se come el bacaray, el ternero nonato que se extrae del vientre de la madre para comerlo asado? ¿Admitiría esto la alcaldesa Colau? Si el ternerito no ha nacido…

Creo que yo no tendría reparos de comérmelo porque a veces sueño que se vuelven a poder comer los hortolanos (plato favorito de Françoise HardyDalí Mitterrand), cuyo consumo fue prohibido en 1999. Se comen enteritos con huesos y todo después de engordarlos y ahogarlos en armañac. (Por eso, «para ocultar la ingesta de la mirada fe Dios», los fantasiosos americanos en Succesion se los comen con una servilleta en la cabeza).

En una entrevista con Sostres, Andoni Aduriz dice que «cuando comes siempre hay una porción de vida ajena». Cambiaría el verbo comer por vivir. Uno de mis sobrinos, que trabaja en biotecnología, era el encargado de partir el cuello de los conejos y ratones de los experimentos médicos. En todo siempre hay un sacrificio. Por eso, como dice Aduriz, no comerse todo (él habla de casquería) es contradictorio con el desperdicio cero sostenible.