Alfaz del Pi

Las familias triplican su gasto en profesores particulares: «Dedicamos 671 euros al mes a extraescolares»

LOS PROBLEMAS QUE LA POLÍTICA NO ARREGLA (II)

Cuando la escuela se queda corta, los hogares salen al rescate de los alumnos. En Castilla y León, una alternativa: los colegios públicos abren en verano

Iván Maldonado, con sus hijos Marina, Julio y Juan, en su casa de Granada.
Iván Maldonado, con sus hijos Marina, Julio y Juan, en su casa de Granada.
ANTONIO HEREDIA

PREMIUM

Actualizado Lunes, 22 agosto 2022

La familia Maldonado se gasta cada mes 671 euros en las actividades extraescolares de los niños. Juan (11 años), Julio (nueve) y Marina (seis) van a un colegio público de Granada con jornada continua de 9.00 a 14.00 horas. Por las tardes estudian inglés, matemáticas, piano, violonchelo, bajo eléctrico y lenguaje musical. Además, cantan en el coro de la catedral y hacen tiro con arco, kárate y fútbol. En verano se han llevado un piano portátil a El Ejido (Almería), donde están de vacaciones, para practicar 20 minutos al día.https://omny.fm/shows/el-mundo-al-dia/extraescolares-el-costoso-parche-a-la-ense-anza-b/embed

«Durante el curso hago de taxista. Mientras llevo a mis tres hijos puedo pasarme en el coche dos o tres horas a la semana. Pero hacemos este esfuerzo económico y físico porque vemos que en la escuela hay muchas cosas que no les enseñan. No es algo de su colegio, sino del sistema en general. La Primaria está tan orientada a que los niños participen en planes de igualdad, talleres de mindfulness y otras cuestiones no académicas que la instrucción básica se queda fuera. Si hicieran menos proyectos y fueran menos al huerto escolar no tendrían tantas extraescolares», sostiene Iván Maldonado, el padre de los niños y profesor de Historia en un instituto público. Su mujer es profesora de Magisterio en la Universidad de Granada. Son personas comprometidas con la educación y que conocen bien el sistema.

El artículo 27º de la Constitución Española proclama que la enseñanza básica (entre los seis y los 16 años) «es obligatoria y gratuita». Pero eso no es lo que ocurre en la práctica. Según un estudio realizado para el think tank EsadeEcPol por Juan Manuel Moreno, especialista principal de Educación en el Banco Mundial y profesor de Didáctica y Organización Escolar de la Uned, una cuarta parte de los estudiantes tiene que recurrir a clases particulares de pago para completar su educación. El gasto en profesores extraescolares supone cada vez más peso en el presupuesto familiar, incluso en tiempos de crisis económica, y en una década se ha triplicado: de 246 millones de euros que suponía en 2006 a 732 millones en 2017.

En un contexto en el que los padres tienen más difícil conciliar su vida familiar con el trabajo, la escuela cada vez está asumiendo más funciones, desde enseñar a los niños a usar los cubiertos en la mesa hasta forjar un código de conducta y de valores. Estas tareas, que antes se aprendían en casa, quitan tiempo a lo estrictamente académico. Así que las familias tienen que suplir de su bolsillo lo que la escuela no les da. Los alumnos aprenden conocimientos fuera del horario escolar. Cada vez gana más peso la extraescuela.

Ya no es como antes, que los niños se apuntaban por mero disfrute a actividades deportivas o al conservatorio de música. Aunque las cifras aún nos sitúan lejos de la obsesión que existe en China y en Corea del Sur, cada vez más familias buscan refuerzo adicional en MatemáticasLengua o Inglés. Hay demanda de clases específicas para redactar o para aprender a hacer comentarios de texto, cuestiones que se arrastran porque no se asimilan bien en los colegios. Los padres también reclaman tutorías para que sus hijos aprendan a organizarse con las tareas. Según la plataforma digital de clases particulares Profe.com, más de la mitad de los estudiantes se apunta a estas lecciones para mejorar su nota en Matemáticas, que es la asignatura que más les cuesta. También tienen dificultades con Física y Química, Lengua e Inglés.

La burbuja de la formación no lectiva como síntoma de que la escuela se está quedando corta es, junto al estancamiento de los resultados académicos, uno de los grandes problemas de la educación española, ya que, entre otras cosas, agranda la brecha de la desigualdad. La escuela tradicionalmente ha sido un ascensor social porque permite a todos los alumnos, de todos los orígenes socioeconómicos, acceder a los mismos conocimientos. Pero, «si se dejan de impartir en este entorno, los más perjudicados son los niños de las familias humildes, que no pueden aprender en otro sitio lo que no se les enseña en el colegio», según el filósofo Gregorio Luri.

«Hay muchos otros padres que no tienen la misma posibilidad que nosotros de pagar extraescolares que valen 50 o 60 euros al mes, o de poder llevarlos a cada una de ellas. Este horario de actividades no sería viable si mi mujer y yo no estuviéramos encima de ellos para que optimizaran su estudio y tuvieran tiempo libre también», recalca Maldonado.

Hay consenso en todos los partidos en que el creciente peso que están adquiriendo las extraescolares es un indicador de que algo no funciona. Pero esta cuestión ni siquiera está presente de forma expresa en los programas electorales. Tampoco las nueve leyes educativas que ha habido en democracia han abordado el problema. Los políticos están más pendientes de su guerra ideológica o de atender a los intereses corporativos. «La ley no da solución a este problema porque plantea la educación como si dependiera únicamente de las buenas intenciones del sistema escolar. Tanto si llevas a tu hijo a un colegio público como a uno concertado o privado tendrás que complementar sus estudios», avisa Luri.

LA PROFESORA

Tamara Celemín, profesora de Inglés y Lengua de Miranda del Campo, lleva 11 años dando clase. Los últimos tres se desplaza a Valladolid para dar programas de refuerzo en verano. Este año lo ha hecho en el CEIP Profesor Enrique Tierno Galván. «En un mes tengo que darles todo lo que han visto durante el curso. También solucionamos pequeñas dudas. El 98% de los alumnos me dicen que han aprendido». JAVIER CUESTA

La situación se agrava porque la jornada continua se ha disparado en la mayoría de comunidades a partir de la pandemia del Covid y ha perdido presencia la jornada partida. Muchos colegios públicos ya no abren por las tardes y éste es el motivo de que haya familias que recurren a la concertada y a la privada, con horarios más extendidos, mayor oferta de extraescolares y una atención al alumno más personalizada.

Va en el buen camino el programa PROA+ del Ministerio de Educación, con 360 millones de euros para las comunidades autónomas que incluye clases particulares de refuerzo gratuitas durante las tardes para los alumnos rezagados en las materias instrumentales. Según un estudio publicado en Economics of Education Review, esta iniciativa mejora el rendimiento en Lectura entre siete y 14 puntos PISA (el equivalente a entre dos y cuatro meses del curso escolar) y reduce la proporción de alumnado con bajo rendimiento entre 3,5 y 6,4 puntos porcentuales. Es decir, si hay un 20% de alumnos con bajo rendimiento, el programa lo reduce a entre el 13,6% y el 16,5%.

En Castilla y León llevan años haciéndolo -lo llaman Programa para la Mejora del Éxito Educativo- y es una de las razones de que sea, junto a Galicia, la región con mejor resultado en PISA. A diferencia de otras CCAA, sus colegios públicos abren en julio para dar clases sin coste de Lengua, Matemáticas e Inglés a los alumnos de 6º de Primaria. «Ya no hay exámenes de recuperación y se puede pasar de curso con suspensos, pero los estudiantes quieren seguir estas clases porque al año siguiente pasan al instituto y le sirven para afianzar sus conocimientos y comenzar preparados la nueva etapa», explican fuentes de la Consejería de Educación de Castilla y León.

En el colegio público Profesor Enrique Tierno Galván de Valladolid están casi todas las clases vacías con las persianas bajadas y las sillas colocadas encima de las mesas. Pero hay dos aulas donde 23 alumnos acuden cada día, de 9.00 a 12.00 horas, en pantalón corto y sandalias.

«Yo he aprobado todo, pero he querido venir porque me gustaría hacerlo mejor en Matemáticas», cuenta Daniella García, una niña de 11 años cuyos padres son vigilantes de seguridad en unos grandes almacenes. «Yo prefiero estar aquí que en casa sin hacer nada. Gracias a estas clases me estoy empezando a llevar bien con el análisis morfológico, que era algo que antes nos ponían en el examen y casi nadie contestaba», señala Fernando de la Rosa, un alumno de 12 años que de mayor quiere ser informático, como su padre.

La maestra de Lengua e Inglés, Tamara Celemín, detalla que profundizan en «aquello en lo que durante el curso han tenido más carencias». «Selecciono lo que más les va a servir para el instituto, porque el paso a la Secundaria supone un cambio muy brusco y estas clases les dan confianza», indica.

¿Qué es lo que más se les atraganta? Los profesores dicen que, en Lengua, se atascan con los tiempos verbales, las preposiciones y los análisis sintácticos y morfológicos. Por eso hacen dictados y se centran en las estructuras de las oraciones. En Matemáticas, están teniendo problemas con un método de cálculo, el ABN, que es el que han aprendido en el colegio, aunque los niños opinan que «es mucho menos lioso el método tradicional», que es el que se sigue en los institutos. En Inglés les cuestan los contenidos gramaticales, sobre todo los tiempos verbales.

«Yo no entendía el verbo to be y saqué un 4 en Inglés. Ahora ya lo comprendo y creo que aprobaría», aventura Paula del Carmen Calvo, alumna de 11 años campeona de España de esgrima en su categoría, que saca muy buenas notas en el resto de asignaturas y quiere estudiar para ser bodeguera o veterinaria equina.

«Son niños que necesitan refuerzo pero no necesariamente han suspendido ni están en situación de vulnerabilidad. Sus familias están muy involucradas en los estudios y quieren que estén bien preparados. Luego, cuando están en el instituto, suelen venir a saludarnos y nos cuentan que han sacado muy buenas notas», sintetiza la directora del colegio, Gloria Díez.

Tres de los críos estudian en invierno en el mismo centro, pero el resto procede de otros colegios de toda la ciudad de Valladolid. También ocurre lo mismo con los profesores, que se apuntan de forma voluntaria y reciben un pequeño complemento. Una de las razones de que no se haya extendido el programa por otras comunidades autónomas es la tradicional resistencia de los docentes a dar clase en julio, un mes que siguen operativos «a disposición de la administración» pero que aprovechan para preparar el curso siguiente.

Tamara Celemín se desplaza cada día a Valladolid desde Medina del Campo, a una hora en coche. «No lo hago por la compensación económica. Llevo tres años dando estas clases y para mí es muy gratificante. Me da la vida. Al ser grupos reducidos los alumnos aprovechan mucho y participan más. Me encanta estar en contacto con ellos. Soy una friki de mi profesión y considero que la enseñanza es un regalo».

Las propuestas de los partidos

  • PSOE. Plantea mejorar los estudios científicos (STEM). Defiende la educación pública y propone la gratuidad del 0-3 años y «universalizar» la enseñanza hasta los 18 años, pero la Lomloe da mucho peso a los valores (que los alumnos aprendan a ser más que a saber).
  • PP. El programa electoral del PP coincide con el del PSOE en querer mejorar el 0-3 y las materias STEM. Defiende la Filosofía, las humanidades y el bilingüismo. Promete pruebas nacionales que evalúen a los alumnos al final de cada etapa.