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Los Manolos: «Aunque la gente no lo crea, no cantamos ‘Amigos para siempre’ en los Juegos de Barcelona»

30 AÑOS DE BARCELONA’92

PREMIUM

Actualizado Domingo, 21 agosto 2022 –

Su rumba fue la banda sonora de los Juegos, cobraron una peseta de oro que se esfumó y casi se matan en el escenario. Y todo gracias a una canción que ni siquiera llegaron a tocar

Los actuales integrantes de Los Manolos.
Los actuales integrantes de Los Manolos.

¿Recuerdan cuando Los Manolos cantaron Amigos para siempre en la ceremonia de clausura de los Juegos de Barcelona? Los pantalones de campana, las guitarras blancas, las americanas de colorines y aquello de Amigos para siempre / Means you’ll always be my friend / Amics per sempre / Means a love that got no end …

Lo recuerdan, ¿verdad? Pues lamentamos comunicarles que nunca ocurrió. Es como lo de Ricky Martin, el perro y un bote de mermelada. Todos lo vimos, pero jamás pasó.

«Durante muchos años, incluso yo mismo llegué a pensar que la habíamos cantado. Fue tan intenso lo que pasó allí que la gente ha mezclado los recuerdos en una especie de nebulosa y la canción ha quedado asociada para siempre a la clausura de los Juegos», cuenta hoy Xavi Calero, uno de los integrantes del ya mítico grupo de rumba catalana. «La memoria es muy tramposa», comparte Rogeli Herrero, otro de los miembros de la formación original.

Lo cierto es que Los Manolos sí cantaron en la ceremonia de clausura de Barcelona’92 -lo hicieron de hecho junto a Peret y Los Amaya-, y es verdad lo de los pantalones de campana y aquellas solapas imposibles, pero cantaron casi cualquier cosa menos Amigos para siempre. «Es que ni siquiera la habíamos publicado. No llegamos a tiempo de grabarla e hicimos un popurrí con los temas que habían sido un éxito aquel año». Los Manolos venían de vender 500.000 copias de All my loving, su versión rumbera de los Beatles.

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Quien sí cantó aquella noche Amigos para siempre fue el tenor Josep Carreras, que compartió escenario con Sarah Brightman y años después reconoció su, digamos sorpresa, por haber escuchado a Los Manolos cantar la misma canción que él aquella noche.

Lo diremos por última vez, Josep: no, no-o-cu-rrió.

«La memoria te juega estas pasadas. Hay gente que nos para por la calle y nos cuenta lo que se emocionó con la canción. Y yo siempre les digo: ‘No dudo que te emocionaras, pero la canción no la cantamos’», insiste Herrero.

Su versión de Amigos para siempre sí sonó semanas después en el cierre de los Paralímpicos, pero para entonces el chip ya estaba instalado en nuestro disco duro sin remedio. Barcelona’92 son Los Manolos y Los Manolos son amigos para siempre. Y sanseacabó.

«A nosotros nos contactaron antes de la Navidad de 1991 para invitarnos a actuar en la clausura y nos pidieron que mantuviéramos el secreto. Aquel año no parábamos de hacer bolos y nos pareció una actuación más», recuerda Calero. «De hecho, acabamos en el Estadio Olímpico y cogimos un autocar porque teníamos concierto en Gijón. Íbamos como locos y sólo con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que lo de Barcelona no había sido un bolo más, que fue algo que quedaría en el imaginario colectivo».

«Nosotros somos del barrio que hay debajo de la montaña de Montjuïc. Era como tocar en casa», cuenta Herrero. «A nivel profesional fue un escaparate tremendo y nos convertimos en parte de la banda sonora de muchas generaciones. Amigos para siempre se convirtió en un himno y hoy suena en bautizos, bodas, incluso funerales. Sólo nos falta algún divorcio».

-¿Por qué se divorciaron Los Manolos?

-El éxito nos superó y no supimos gestionarlo -admite Calero- Tiramos por la borda toda una trayectoria con la intención de hacer cosas nuevas y la verdad es que nunca pudimos superar lo que hicimos como Los Manolos.

Rebobinemos un momento. Antes de los Juegos y mucho antes de su crisis particular, Los Manolos eran lo que Rogeli Herrero llama «un grupo de clubes de Barcelona». Diez colegas, fans de Peret y del Gato Pérez, que tocaban en el Continental, la Sala Celeste o Artículo 26, en las catacumbas del rock catalán. «Hacíamos muchos más directos que ahora, teníamos nuestra rutilla, y se produjo aquello del boca-oreja. Empezamos a tener fans y nos invitaron a tocar en club de Madrid, que lo llevaba el hermano del Gran Wyoming. Allí nos vio una multinacional y nos ficharon. Y a partir de ahí la historia ya la conocemos todos…».

El éxito nos superó y no supimos gestionarloXAVI CALERO

Su primer disco, Pasión condal, llegó en 1991 al número dos en la lista de ventas en España. All my loving fue la canción del verano en el 92 y ese año publicaron el elepé Dulce veneno. «Viajamos por el mundo, fuimos a América, tocamos por Europa y fue una experiencia chulísima. Luego creímos que recogeríamos la cosecha del 92, pero llegó una crisis económica importante y los frutos fueron magros».

Durante los años siguientes alternaron proyectos personales y trabajos normales con actuaciones esporádicas del grupo. En 2017 volvieron al estudio de grabación y hace unos meses publicaron nuevo single: La Tía Pepi (Bum, Bum).

Pero antes está lo de aquella noche de agosto de hace ahora 30 años en la que no pasó lo que todos creemos que pasó, pero sí pasaron muchas cosas. «Bien está lo que bien acaba, pero aquello pudo acabar como el rosario de la aurora», rememora Calero. «Nos citaron por la tarde en un hotel y nos llevaron en autocar al estadio, que rugía como el circo romano», sigue Herrero. «Habíamos ensayado y todo estaba medido al milímetro, pero salimos y el estadio estaba lleno de gente. Los atletas estaban desfasados después de 15 días de competición y empezaron a subirse al escenario para bailar…».

Dice Xavi Calero que aún tiene grabada la imagen del nadador Martín López-Zubero abrazado a una botella de whisky y a dos atletas afroamericanas. «Pensé: aquí es imposible que toquemos. Era un caos, el escenario empezó a ceder y pensamos que todo se iba a la mierda».

Y de repente otra frase para la historia. La voz de Constantino Romero sonó por megafonía como si bramara desde la Estrella de la Muerte: «¡Atletas, bajen del escenario!».

«En un minuto se podía haber estropeado toda la historia de Barcelona’92, pero si lo ves hoy con perspectiva, ese final con la gente bebiendo y bailando era el final que merecían esos Juegos Olímpicos», dice Rogeli.

-¿Guardáis algún recuerdo de aquella noche?

-Rogeli Herrero: Yo guardo camisetas, tengo un diploma firmado por Pasqual Maragall y un Cobi, pósters de la época…

-Xavi Calero: El traje se me quedó pequeño, pero guardo la guitarra y alguna camiseta. Lo que nadie tiene es la peseta…

-R.H: Menudo disgusto. Nos dieron una peseta de oro conmemorativa. ¡Una para los diez! Y no sé quién se la quedó, pero desapareció.

-X.C: Con el tiempo nos la cobramos de sobra. Cada vez que tocamos nos siguen pidiendo Amigos para siempre. Y si no la tocamos, nos tiran latas.

-Por cierto, ¿ustedes siguen siendo amigos… para siempre?

-X.C: Hubo momentos delicados, pero aprendimos a anteponer todo lo positivo que hemos vivido juntos. Al final, nuestro trabajo es alegrar a la gente.