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El desfile de tanques que se burla de los rusos en Ucrania

GUERRA EN EUROPA

Kiev prepara la celebración de su Día de la Independencia con los restos de la fuerza blindada que iba a tomar la capital

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El desfile de tanques oxidados que humilla a Rusia
EL MUNDO

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  • ALBERTO ROJAS

Actualizado Sábado, 20 agosto 2022

En una de las primeras columnas blindadas rusas detenidas y destruidas por la resistencia ucraniana en las afueras de Kiev, los defensores se encontraron uniformes de gala y medallas conmemorativas de la toma de la ciudad. Eran los preparativos para el gran desfile que Putin soñaba con realizar unos días después de comenzada aquella campaña relámpago para la que sus soldados sólo tenían comida para tres días. Esta semana, tras seis meses de invasión, al fin los tanques rusos desfilan por el centro de Kiev hasta la plaza del Maidán, pero no son los orgullosos blindados que pasaron la frontera el 24 de febrero, sino cascarones quemados, oxidados y retorcidos, la muestra del fracaso de los planes de Moscú.

El Gobierno de Zelenski ha decidido montar esta peculiar parada militar para celebrar, el próximo miércoles, el Día de la Independencia de Ucrania, y más en esas circunstancias tan especiales. También hay, desde luego, un intento de humillar al enemigo, algo también necesario teniendo en cuenta que una de las declaraciones que más molestaron en Kiev en su momento fue aquella de Macron que aseguraba que no había que «humillar a Rusia«. La chavalería se divierte colgándose de los letales cañones de 125 milímetros, corretea entre las tanquetas anaranjadas por el óxido y hace equilibrios sobre los cascotes de los misiles balísticos que Rusia lanzó para tratar de amedrentar a los ucranianos.

Los vehículos que ya ocupan el centro monumental de Kiev son parte de la enorme pila de chatarra que la resistencia ucraniana dejó atrás después de enfrentarse a las ejércitos acorazados del Kremlin, y cuyos vehículos aún son visibles a la salida de ciudades como Bucha, Hostomel o Brovari, donde las columnas de la Z mordieron el polvo.

Da la casualidad que ese Día de la Independencia coincide con los seis meses de guerra, una efeméride sobre la que será imposible no escuchar balances bélicos de uno y otro lado. La realidad es que Rusia mantiene el 20% del territorio ucraniano bajo su control, pero también es cierto que casi todo esos avances se consiguieron durante los primeros días de guerra. A partir de ahí, los ucranianos han avanzado más recuperando sus propias regiones que los rusos en el Donbás, el lugar en el que decidieron empequeñecer sus objetivos tras su derrota en Kiev y Chernigov.

En el proceso actual, con Rusia atascada en el Este y Ucrania tratando de desgastar a su enemigo a larga distancia, ayer se produjo otro de esos episodios inquietantes para Rusia. Un dron suicida se estrelló (y provocó una explosión) en el cuartel general de la flota del Mar Negro de Sebastopol. Lo curioso es que el dron voló a plena luz del día, fue grabado por varios ciudadanos de la ciudad a baja altura y se lanzó contra su blanco sin que la defensa antiaérea respondiera en ningún momento, salvo algunos disparos erráticos de soldados rusos con sus Kalashnikovs. Tras ese ataque se movilizaron varios buques de guerra junto a la ciudad para protegerla mientras helicópteros de combate patrullaban en busca de nuevos zánganos a los que abatir. O sea, el pánico.

Eso da una idea de la actitud defensiva y temerosa que han tomado los ocupantes rusos en la península tras la última serie de ataques que han mermado bases aéreas, polvorines, estaciones eléctricas y nudos ferroviarios. Los sistemas de misiles de largo alcance Himars han cambiado la marea de la guerra y han devuelto la iniciativa a Ucrania tras unos meses de junio y julio de sufrimiento bajo el rodillo artillero ruso en el Donbás. Ahora, gracias a la destrucción logística de ese segundo y tercer escalón ruso, la densidad de los ataques de artillería ha bajado considerablemente al igual que el empuje y la moral de la tropa de Moscú.

DEGRADACIÓN

En ese nuevo escenario, los rusos esperan que Ucrania afronte de una vez la contraofensiva del sur, para la que se han preparado con defensas y concentración de tropas. Pero Kiev no busca, según aseguran los analistas militares, un asalto frontal, para el que probablemente no tenga medios, sino una paulatina degradación del enemigo ruso, ya perjudicado por la destrucción de los puentes sobre el río Dnipro, que los aísla sin posibilidad de gran ayuda logística.

Rusia trata sin éxito de contrarrestar esos sistemas de misiles, ayudados por comandos más allá de las líneas enemigas que marcan blancos con total precisión. Estas lanzaderas, totalmente móviles, disparan su carga en segundos y el camión que las traslada se mueve a otra localización inmediatamente, con lo que el fuego de contrabatería resulta inútil. La aviación rusa, incapaz de imponerse en los cielos de Ucrania en ningún momento, tampoco se arriesga a penetrar en los territorios controlados por Kiev para evitar más derribos. El Himars es, hasta el momento, el arma más importante de esta tercera fase de la guerra, ya use la munición que le permite alcanzar los 80 kilómetros de distancia o la que puede llegar a 300 kilómetros, y que supuestamente no ha sido entregada por sus aliados