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CARNE DE CAÑÓN.-Mejor pensar que los políticos están de juerga como Sanna Marin

Opinión

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Actualizado Sábado, 20 agosto 2022

En Europa nos piden que no nos duchemos con agua caliente y apaguemos el aire acondicionado. En Japón que beban más saque. Sería lo mejor con la que se nos viene encima.

Mejor pensar que los políticos están de juerga como Sanna Marin

Es difícil saber los motivos por los que interesan las francachelas de Sanna Marin, la primera ministra finesa que, por si no lo recuerdan en 2020, puso pegas al plan de ayudas de Europa porque el suyo es uno de los ‘países frugales’. Hasta se atrevió a poner firme a Pedro Sánchez, según contó el Financial Times porque pedía fondos sin ofrecer nada a cambio. «¿Tú qué hiciste? Nosotros nos hemos movido. Ahora es tu turno», le dijo Marin muy farruca.

Esto sin embargo pasa desapercibido para toda esa izquierda que ahora afea que hasta se le haya pedido a la política un test para detectar si había tomado cocaína (salió negativo) y que algunos hayan analizado las fotos en busca de esas lonchas delatoras.

Como si a Albert Rivera, Unidas Podemos no le hubiera hecho la vida parlamentaria imposible con sus insinuaciones respecto a sus aficiones, nunca respaldadas por un vídeo de after.

La censura occidental a la francachela contrasta con la última medida que han tomado en Japón, que ha lanzado una campaña para animar a consumir alcohol a los adultos de entre 20 y 39 años. El motivo no es lúdico y, ni mucho menos, para activar la producción nacional de las bebidas espirituosas. Como siempre en los estados, tiene que ver con la recaudación de impuestos, desplomada después de que se redujera el consumo medio de alcohol de los 100 litros por persona en 1995 a 75 en 2020. La campaña se llamará -no es broma- ¡Viva el sake!

Beber sake no es mal sacrificio para ayudar a llenar las arcas del Estado. Al menos si lo comparamos con lo que nos piden los nuestros para cumplir las metas irreales que los Gobiernos se marcaron con la agenda 2030. Ahora nos lamentamos de que no haya gaseoducto por Francia (la ministra Ribera lo tiró pará atrás por criterios ideológicos y los franceses tampoco quisieron colaborar), ni se hayan construido centrales nucleares…

La UE tiende a fiar su destino a los llamados iliberales (antes era el gas ruso y ahora será el qatarí) y renunciamos a las comodidades que ofrece el desarrollo tecnológico. En Alemania no habrá agua caliente en los gimnasios en invierno y en Sevilla ya limitan el aire acondicionado. ¡Como para que no notemos los efectos del clima!

Dicen que las ideologías han muerto; lo que se viene en otoño será la pugna entre las utopías que han hecho ricos a algunos frente al sentido común. La ley de bienestar animal que se tramitará en octubre, cuyo texto, al contrario de lo que habían prometido los políticos, no se ha modificado, posibilita la prohibición de los toros, la caza, la hípica y hasta la «tenencia» normal de «mascotas». Y mientras, en nuestro campo se quemaban centenares de miles de hectáreas y los pantanos se quedaban vacíos por la mala gestión de los recursos hídricos, la ministra Ribera salía a presumir de que el consumo de energía había bajado un 3,7% gracias al plan de ahorro energético.

Lo normal sería que se impusiese el sentido común a la fantasía, pero en Noruega una feminista tradicional (Christina Ellingsen) que tuiteó que un trans (la activista Christine Jentoft) no se podía identificar como mujer lesbiana podría ser condenada a tres años de cárcel porque sus afirmaciones pueden ser consideradas delito de odio con el aplauso de Amnistía Internacional. (En 2021, Noruega introdujo la noción de identidad de género en su ley sobre delitos de odio).

Va a ser mejor pensar que todos, y no solo la finlandesa, están colocados.