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El ministro sanchista

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El ministro sanchista sabe que sentarse cerca de Sánchez no le garantiza la supervivencia. Ejemplares ya extinguidos como Ábalos o Calvo dan fe

Sánchez, en una Ejecutiva del PSOE.
Sánchez, en una Ejecutiva del PSOE.BERNARDO DÍAZ

El lince ibérico, el oso pardo, la foca monje, el lagarto gigante de El Hierro y el ministro sanchista: las cinco especies más amenazadas de nuestra fauna. Quizá no podamos salvarlas a todas, pero sí apiadarnos de su destino. Y es la especie ministerial la que hoy preocupa más al movimiento conservacionista, integrado en primer lugar por los aterrorizados miembros del consejo de ministros, cuyo principal objetivo -como el de cualquier animal- es sobrevivir en sus guaridas enmoquetadas y apurar los pastos del presupuesto público.

Desde que el martes Sánchez negara rotundamente que esté pensando en una purga, culpando a los medios de contar lo que nos filtran sus propios compañeros y compañeras, el pánico se ha desatado en los mullidos coches oficiales y en las verdes praderas del erario. Si ustedes escuchan cualquier noche de estas un quejido extemporáneo, una suerte de lamento espectral y preventivo, no es el lobo aullando a la clara luna de agosto: es el ministro sanchista reaccionando a los rumores que lee en la pantalla de su móvil. Pero conozcamos un poco mejor a esta singular especie que vive pendiente de su propia extinción.

El ministro sanchista es un animal omnívoro, de estómago poco escrupuloso, que depreda para no ser depredado. Su fragilidad es solo aparente: el que no tiene carrera es porque desde la primera juventud se ha dedicado a matar ejemplares de su misma especie, y el que tuvo algún prestigio profesional lo estranguló sin vacilar con tal de sentarse junto al macho dominante en la cúspide de la cadena alimentaria. El ministro sanchista sabe que sentarse cerca de Sánchez no le garantiza la supervivencia. Ejemplares ya extinguidos como Ábalos o Calvo dan fe de ello, y otros como Redondo o Lastra fueron sacrificados antes siquiera de sentarse en el consejo de ministros.

El ministro sanchista se acostumbra así a vivir en una atmósfera de psicosis saturnal que altera sus ritmos circadianos. Posa de día y conspira de noche y no duerme jamás, porque teme levantarse con una daga en el esternón; es decir, teme no levantarse. Se esfuerza por hacer que hace, pero íntimamente sabe que tampoco la sobreactuación lo salvará. A Sánchez le agrada contemplar cómo la psicosis se extiende a su alrededor, emanando de sus propias sienes, porque la mejor manera de que te obedezcan todos es que te teman todos. Y en cualquier caso él no conoce otra manera.

Pronto varios ministros conocerán su propio acabose, y otros los suplirán para empezar a acabarse también cerca de Sánchez. Así es el ciclo de la vida sanchista.