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El divorcio de Yolanda Díaz y Podemos desemboca en guerra de listas

POLÍTICA

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Actualizado Domingo, 14 agosto 2022

En enero revaluarán su alianza, pero sin directriz nacional aún para favorecer la convergencia como exige la vicepresidenta

Ione Belarra y Yolanda Díaz, en un acto por el Día Mundial del Orgullo LGTBI, el pasado junio.
Ione Belarra y Yolanda Díaz, en un acto por el Día Mundial del Orgullo LGTBI, el pasado junio.Fernando AlvaradoEFE

Una hoja de ruta inamovible, por ambas partes. Podemos evitará diluirse en 2023 en las siglas de Yolanda Díaz, pero la vicepresidenta segunda no abrirá hasta enero, como mínimo, el melón de la negociación política con los partidos y no servirá su marca a las municipales y autonómicas. Fractura estratégica, distanciamiento programático y unos plazos firmes para la ministra de Trabajo, que intenta que la guerra fratricida entre Podemos e IU, con quien ella ahora se alinea, y que desembocará en las autonómicas y municipales de primavera perjudique a Sumar.

Será precisamente tras la vuelta de Navidad, según ha podido saber EL MUNDO, cuando Podemos e IU reevalúen sus alianzas territoriales y locales y decidan, o no, repetir la fórmula de Unidas Podemos para, como les ha exigido Díaz, conformar poco a poco el frente amplio de izquierdas que ella pretende liderar a nivel nacional. Pero la relación entre ambos partidos no pasa por su mejor fase, lo cual puede complicar notablemente el proceso de ensamblaje entre siglas y ahondar en la atomización de fuerzas.

Las desavenencias durante el diseño y posterior fracaso del conglomerado de izquierdas en Andalucía pusieron en alerta a la vicepresidenta. Las hostilidades entre Podemos e IU se volvieron públicas, traducidas en la purga ministerial por parte de los morados contra cargos de IU y el PCE. A nivel oficial, tanto Podemos como IU niegan que los roces de las últimas semanas puedan afectar a la configuración de las candidaturas en el plano regional, pero son varias las voces dentro de este espacio que admiten un importante deterioro.

De hecho, desde la cúpula de ninguno de los dos partidos se ha trasladado por el momento a los territorios la consigna de buscar la revalidación de la coalición en el formato Unidas Podemos. Hay puntos de la geografía española -la mayoría- donde sí se ensayó esta alianza en los anteriores comicios; otros donde han concurrido en separado hasta la fecha, como Asturias. Ambas formaciones, por ahora, trabajan en solitario en preparar el terreno para llegar a fin de año con los candidatos propios escogidos y abrir así, a partir de enero, las opciones de alianza.

Todo parece indicar que Podemos e IU repetirán formato a nivel autonómico sin grandes sorpresas, aunque en ninguno de los dos aparatos son capaces hoy por hoy de garantizar una estabilidad que antaño se daba por descontada. Mayor incertidumbre genera el plano local, donde la profunda implantación de IU -que es actualmente la tercera formación con más representación en los ayuntamientos de toda España- refuerza la teoría de que el partido comandado por Alberto Garzón pueda estudiar presentarse en solitario.

En la vicepresidencia segunda del Gobierno, mientras, guardan silencio y se muestran impertérritos ante los intentos de Podemos por tutelar a Díaz, controlar los plazos de su proyecto de cara a las urnas y tratar de no perder influencia en la cúspide de su plataforma. Una cúpula cuya configuración es hoy una incógnita que inquieta notablemente en las filas moradas, desde donde se remarca que Podemos debe jugar un rol «imprescindible» en el plan de Díaz con cierto temor a que la sintonía entre la líder del espacio y el ministro de Consumo bonifique orgánicamente a IU.

Pero en el entorno de la vicepresidenta no entran al juego: «No estamos en periodo electoral», por lo que no hay nada que negociar en estos momentos. Entrar en el debate sobre la conformación de la candidatura y la jerarquía de los partidos que la compongan a año y medio de los comicios, creen las fuentes consultadas, ahonda precisamente en la dinámica de la que Díaz trata de huir: situar los intríngulis políticos internos por encima del acercamiento a la ciudadanía, que es el único propósito de la vicepresidenta ahora hasta Navidad.

De hecho, en Sumar repiten como un mantra que esta marca sólo es «una asociación con la que hacer un proceso de escucha» que dará como fruto un «nuevo contrato social» para la próxima década y que verá la luz no antes de 2023. Será en ese momento cuando Díaz decida o no dar el paso para liderar al espacio a la izquierda del PSOE, algo de lo que nadie en ese flanco de la izquierda duda. Pero deberá ser ratificada «democráticamente» por todos los partidos que conformen el conglomerado. También por Podemos, que ahora reclama diseñar «bilateralmente» apelando a un potencia electoral ya no tan incuestionable. En ese sentido, los comicios regionales y locales de la primera mitad de 2023 se ven como una especie de examen al vigor de cada cual. Sobre todo, si acaban yendo por separado en muchos Ayuntamientos.

En el corazón de Podemos no tienen duda alguna: Díaz será la candidata a la presidencia del Gobierno. Pero se niegan a entregarse sin condiciones a la hoja de ruta de la ministra de Trabajo, a la que ahora consideran una «aliada» y no su futura líder electoral.

Las reticencias han generado ya temblores en el plano institucional de Unidas Podemos, donde Ione Belarra e Irene Montero han apartado en las últimas semanas a miembros de IU y el PCE -partido en el que milita Díaz – tras las desavenencias surgidas en las elecciones andaluzas, donde la vicepresidenta, apoyada en estas dos siglas y arrinconando a Podemos, ensayó su plataforma y cosechó su primer revés electoral.

Ahora, además, los datos de empleo de julio generan preocupación en la Vicepresidencia segunda, desde donde ya se anticipa un otoño complejo: «La inflación y las consecuencias de la guerra en Ucrania marcan un escenario incierto y complicado», considera la propia Díaz, que para paliar los «desbocados» precios ya avanza que trabajará -desde septiembre, en paralelo a su proceso de escucha- por aumentar el SMI.

Su respuesta ante la tormenta que viene será, definitivamente, la prueba de fuego para una candidata que, sin partido ni apenas estructura, prevé valerse de su gestión ministerial para ganarse el voto en el plano estatal, y condicionada inevitablemente por lo que ocurra entre Podemos e IU en los escenarios territoriales y locales.

Las cifras

2.217 concejales. IU, ya con Podemos en el escenario y pese a que en muchas ciudades decidió diluirse en candidaturas de unidad, ganó con su marca 2.217 concejales en 2015.

461en coalición. En 2019, Podemos e IU acordaron candidaturas conjunta en muchos municipios, que les dejaron 461 concejales. Por separado, IU tuvo 843 y Podemos consiguió 149. Además, compartieron lista en Catalunya en ComúnAdelante Andalucía

71 diputados. IU y Podemos, como Unidas Podemos (con Compromís, Catalunya en Comú. En Marea), llegaron a 71 diputados (2016). Hoy, 35.