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El Mediterráneo, una sopa a 30 grados: «El mayor riesgo son las tormentas extremas y los ciclones»

El pasado julio es ya el mes más caluroso en España desde que hay registros, en 1961. Y la vida marina también se está achicharrando. El Mare Nostrum ha llegado a los 30 grados en algunos puntos siguiendo una tendencia que empezó con el cambio de siglo. Los expertos explican las razones por las que se calienta casi tres veces más que la media y sus efectos

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Actualizado Lunes, 8 agosto

Son las 8.15 horas de la mañana y el biólogo Joaquim Garrabou se dirige a las Islas Medas, en la Costa Brava, para otra jornada de buceo. Va a medir la temperatura del mar y a colocar un nuevo termómetro submarino de la red que puso en marcha hace dos décadas, que cuenta ya con unos 80 puntos de monitorización y está permitiendo constatar algo de lo que cualquier bañista asiduo al Mediterráneo puede darse cuenta, especialmente este verano: el alarmante ritmo al que se está calentando, «tres veces más rápido que la media global de los mares del planeta». Y es que, como precisa el investigador del Instituto de Ciencias del Mar (ICM/CSIC), en Barcelona, «la tasa de calentamiento es de 0,38 grados por década mientras que la media para el océano es 0,11 grados».

La semana pasada, su ordenador de buceo midió 27 grados en el lugar de la Costa Brava en el que se encuentra, el récord en esa zona desde que registra su temperatura que tendrá que confirmar. En algunos enclaves de la costa francesa y Baleares se ha llegado a los 30 grados en julio: «Este verano se está viviendo una secuencia de olas de calor marinas. Pasa como en tierra. Y en ciertas zonas del mediterráneo occidental, entre junio y julio llevamos más de 50 días considerados ola de calor. Estamos ante un verano muy marcado y extremo», explica el biólogo.

Gran nevada en el barrio de Txantrea de Pamplona el pasado 2 de abril.

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Tanto que el pasado julio es ya, oficialmente y a nivel global, el mes más caluroso en España desde que hay registros, en 1961, con 2,7 °C por encima de la media y desbancando por dos décimas a julio de 2015, según el balance climático presentado el lunes por el Ministerio de Transición Ecológica. Pero la vida marina también se achicharra por el calor y Garrabou compara los efectos que puede causar con los de un incendio: «Evidentemente no hay fuego bajo el mar pero es como si estuviéramos delante de un bosque quemado, las colonias de coral se quedan como carbonizadas, como un esqueleto, pues el calor hace que pierdan el tejido que los recubre. Y todas las especies afectadas -algas, esponjas, posidonia oceánica-, son creadoras de hábitats. Es como si sacas los árboles de un bosque», compara.

Como señala desde Mallorca el ecólogo marino Carlos Duarte, de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdullah (KAUST), en Arabia Saudí, a diferencia de lo que ocurrió en 2003, con la primera gran ola de calor marina, todavía no se han documentado mortalidades masivas este verano. Desde su punto vista, «el mayor riesgo y el más inminente este año derivado de esta ola de calor marino es que el Mediterráneo está muy caliente, y cuando se enfríe en otoño, puede desembocar en episodios extremos de gota fría. En algunos puntos pueden formarse ‘medicanes’ (ciclones o incluso tornados), que pueden ser más intensos de los que hemos sufrido hasta ahora», advierte.