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¿En España la ley se cumple?

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Actualizado Domingo, 7 agosto 2022

En España la ley se cumple. Excepto si eres compinche de Sánchez

Sánchez, en su última comparecencia, en Palma.
Sánchez, en su última comparecencia, en Palma.FERNANDO CALVO

«En España la ley se cumple», le dijo Pedro Sánchez a Isabel Díaz Ayuso, recordándonos que su acatamiento es algo estacional, sujeto al despotismo no excesivamente ilustrado de nuestro patroncito. La presidenta de la Comunidad de Madrid había anunciado que su Gobierno quería estudiar la constitucionalidad de un decreto lesivo con el pequeño comercio, veneno en la taquilla turística y combustible para la inseguridad ciudadana. Luego de acusarla de filibustera, insolidaria, necrófaga, ida y gamberra, el Ejecutivo reculó. Tras flexibilizar las medidas de ahorro energético, ha terminado por convocar una reunión con los consejeros autonómicos y la ministra, tal y como había solicitado Ayuso.

«En España la ley se cumple», carraspea Sánchez mientras sus aliados en Cataluña son libres para quebrantar los derechos de los ciudadanos, apostando porque el catalán sea la lengua vehicular de los centros de enseñanza, en tanto que el castellano, la otra lengua oficial, la mayoritaria, queda reducida a una condición subalterna, o sea, extranjera. «En España la ley se cumple», susurran los mandarines del delito, que encuentran hilarante el desistimiento del TSJC, impotente ante la insubordinación de la Generalidad y la complicidad de un PSC y unos Comunes dichosos de ejercer como palanganeros de la xenofobia. Por no hablar de esos intelectuales siempre prestos a embarrar el campo de juego al grito de que el castellano no corre peligro. Como si en lugar de derechos vulnerados y de una situación que violenta la Constitución e ignora las sentencias de los ropones hablásemos del bienestar de los urogallos o la viabilidad del cangrejo de río.

«En España la ley se cumple», cacarean nuestros mejores humoristas, reyes del cachondeo dadá, al tiempo que jóvenes radicales rodeaban y acosaban al hijo de Carlos Iturgaiz en las fiestas de Getxo al grito de «basura del PP, vete de aquí pero ya». Son los mismos que hace unos días rendían el enésimo homenaje a los pistoleros de ETA, en un agosto de fuego y embustes. Con el ronzal de un posible default cosido a la garganta y los vínculos que nos unen sometidos a una tensión inédita, acuciados por los jinetes del populismo y los fantasmas nacionalistas, la ministra de Defensa, Margarita Robles, parece decidida a transformar el delito de sedición en un bonsai a la medida de Puigdemont y amigos. Recuerden que en España la ley se cumple. Excepto si eres compinche de Sánchez. En cuyo caso haremos las contorsiones necesarias para que pilotes como te salga del reverendo bollo.

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