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El Rey impone su autoridad al Emérito: ni otro regreso ni rumores

MONARQUÍA

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En el segundo aniversario de la salida de Juan Carlos I de España, Felipe VI ha logrado convencer a su padre de que la discreción es la única manera de proteger la Monarquía

Las Infantas Elena y Cristina y sus hijos visitan a Don Juan Carlos en Abu Dabi.
Las Infantas Elena y Cristina y sus hijos visitan a Don Juan Carlos en Abu Dabi.E.P

En Mallorca, nadie habla del Rey Juan Carlos. Su ausencia de la isla no es una novedad, pues mucho antes de que abandonara España, en concreto dos meses después de su renuncia al Trono, el padre de Felipe VI dejó de veranear allí, donde durante tantos años se instalaba durante un mes, para empezar a visitar otros destinos del mundo. Nadie se acuerda del Rey, por lo menos en público. Y parte de ese silencio es la consecuencia de la conversación que Felipe VI mantuvo con su padre en Zarzuela el pasado 23 de mayo. Sin embargo, tal vez hoy, 3 de agosto, cuando se cumplen ya dos años desde que Don Juan Carlos tomara la decisión de marcharse del país del que fue jefe del Estado durante 39, sí que se hable del Emérito, aunque sin filtraciones. Porque el padre del Monarca cambió su perfil hace unos meses y desde entonces no hay rumores, no se habla de él. La clave: aquel encuentro en Zarzuela, el 23 de mayo, después de su primer regreso. El segundo viaje, que se preveía inmediato, no se produjo. Y los deseos de Don Juan Carlos, que hasta entonces llegaban a la opinión pública por intermediaros, se han apagado. Un golpe de autoridad de Felipe VI.

«Te comunico mi inmediata decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España», escribió Don Juan Carlos a su hijo en una misiva que se hizo pública hoy hace dos años. El Rey padre se marchaba en medio de la peor crisis provocada por sus actos privados, después de la información sobre sus negocios y de conocer el regalo millonario que había recibido del Rey de Arabia Saudí. Con varias investigaciones de la Fiscalía abiertas, Don Juan Carlos volaba a Abu Dabi con el espíritu de pasar unos meses fuera antes de regresar. Así se lo trasladó a su entorno, que se iba para volver pronto.

Pero el alivio que supuso en la Corona la salida del padre complicó su vuelta a España. Don Juan Carlos intentó regresar la primera Navidad, la de 2020. Entonces, sus amigos, muchos periodistas, trasladaban el mensaje de cómo un Jefe del Estado octogenario y sin causas pendientes iba a pasar las fiestas fuera de su casa. Pero si regresaba, condicionaba el discurso del 24 de diciembre de Felipe VI. En sus palabras a la Nación, el Rey precisamente recordó que los principios morales y éticos «nos obligan a todos sin excepciones». «Están por encima de cualquier consideración, incluso las personales o familiares», sentenció. Y Don Juan Carlos desechó la idea de volver.

Pasó esa Navidad, y su primer cumpleaños, fuera. Entonces, el padre de Felipe VI hizo una última regularización fiscal, en febrero de ese año. Había hecho tres, y con esa, de 4.395.901,96 euros, «sin requerimiento previo de clase alguna, incluyendo intereses de demora y recargos», según sus abogados, demostraba su propósito de enmienda antes de regresar. Sus regularizaciones tampoco sirvieron ese billete de vuelta. Ni que las diligencias no avanzaran ni que, por fin, en marzo de 2022, la Fiscalía archivara las tres investigaciones sobre el origen de la fortuna del Rey. Se concluyó que el regalo del emir de Arabia Saudí no eran comisiones por el AVE a La Meca y no se pudo profundizar en los vuelos pagados por un primo y las tarjetas opacas supuestamente costeadas por un magnate mexicano.

Una victoria para Don Juan Carlos, que seguía deseando volver a España, aunque nadie encontraba el momento y el lugar de esa vuelta. Tanto es así que el primer contacto oficial entre Don Felipe y su padre se produjo por teléfono, en una conversación sobrevenida por un problema familiar. La muerte del emir Jalifa bin Zayed al Nahyan obligó al Rey a viajar hasta Abu Dabi para participar en la ceremonia de pésame el pasado 15 de mayo. Aunque Don Juan Carlos quiso en un primer momento coincidir con su hijo durante los actos fúnebres, en Zarzuela no encontraron tiempo para el encuentro y se limitó a una llamada telefónica, en la que Felipe VI instó a su padre a encontrarse en Madrid.

Esa invitación hecha por teléfono decepcionó a Don Juan Carlos, quien en su deseo de «facilitar el ejercicio» de las funciones de su hijo había continuado en Abu Dabi. Pero el Emérito decidió no esperar más. Hizo que Fernando Ónega conociera sus planes y regresó a España para participar en unas regatas. Volvió el 19 de mayo, en un jet privado, y se alojó en casa de Pedro Campos. Pasó tres días en Sanxenxo de baño de masas, paseos, regatas y emociones. El interés mediático y la exposición provocó la molestia en Madrid, y Don Juan Carlos terminó su viaje con un reencuentro familiar en Zarzuela.

Allí, lo primero que hizo Don Juan Carlos fue reunirse con su hijo. Tuvieron una conversación a puerta cerrada de la que no han trascendido detalles. Pero Felipe VI, por primera vez, habló a su padre como Jefe del Estado. Le recordó que la única manera de proteger su legado era que todos estuvieran alineados con la estrategia de la Casa, que la Institución está por encima de las personas y que le dejara hacer. Fueron, aquellas, cuatro horas de encuentro efectivo.

Porque dos meses después de aquella cita y tras dos años en Abu Dabi, el silencio impera en el entorno de Don Juan Carlos, que pasa el verano a 50 grados en la soledad de la villa que habita desde el 3 de agosto de 2020.

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