Alfaz del Pi

«Con la aguja que encontramos en el pajar la jueza Alaya ‘cosió’ la macrocausa de los ERE»

LA AGUJA Y LA BELLA DURMIENTE

Homenaje a los ‘chicos de la prensa’ tras la sentencia del Tribunal Supremo que ‘saca a hombros’ a la jueza de Écija

"Con la aguja que encontramos en el pajar la jueza  Alaya 'cosió' la macrocausa de los ERE"
Ricardo Martínez / Julio Rey

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  • ILDEFONSO OLMEDO

Actualizado 

En los cuentos para niños y mayores, las agujas y sus heridas suelen llevar aparejadas una maldición. La más célebre, aunque no única, es la de la bella durmiente, a la que tiempo después revive el beso amoroso de un príncipe. Pues eso es lo que acaba de acontecer a la protagonista, sin duda, del más amargo cuento andaluz de las últimas décadas, el de la corrupción y el clientelismo. El príncipe de este cuento se llama Tribunal Supremo y la bella durmiente, una mujer a la que siendo estudiante de Derecho sus compañeros sacaron en procesión. Ahora -se ha enterado el reportero Andros Lozano- Mercedes Carmen Alaya Rodríguez (Écija, Sevilla, 1963) acaba de incorporarse a su trabajo en Sevilla tras una baja por problemas de insomnio. Quiá, que diría Arcadi Espada.

Sí. Acaba de pasar. Adiós al maleficio. Y esta vez no es cuento. A la jueza que, contra viento y marea, aguantando dimes y diretes de quienes creían poder gobernar Andalucía eternamente como si fuese su cortijo ideológico y excluyente, instruyó una macrocausa contra esa Andalucía de chanchullo y pandereta que fue la de los ERE de Gaspar Zarrías y su larga corte de farfulleros, la ha despertado de su insomnio un fallo judicial supremo que ratifica, grosso modo, las 1.800 páginas de condena que ya pesaban como grilletes sobre dos ex presidentes del PSOE y de la Junta de Andalucía, de apellidos Chaves y Griñán.

El trabajo de la magistrada ha sido titánico, y errábamos en Crónica cuando en 2019, para explicar un admirable dibujo de Ricardo Martínez y Julio Rey -que tenían sección aquí con el título de Cronicartoon-, titulábamos La espada justiciera, como si fuera venganza lo que animaba a la togada andaluza. No. Nunca blandió espada. Lo que siempre tuvo fue una aguja y mucho hilo.

Antes de aquella viñeta, dos reportajes de este suplemento ayudan a entender mejor, quizás, el largo camino -de perdición le malquisieron algunos- por el que tuvo que andar la zarandeada Alaya. Ambos los firmaba el reportero Chema Rodríguez con títulos que necesitan poca explicación: La procesión de los ERE y la ‘santa Alaya’ (lo ilustrábamos con la joven magistrada en andas) y Alaya: «La justicia corre peligro». En esta pieza la propia juez, ya apartada de la instrucción de los sumarios de los ERE y aparcada no sin treta en la Audiencia Provincial de Sevilla, advertía de la confluencia de intereses para que quedaran sin condena los capos del sistema pergeñado por los socialistas andaluces (leed por favor el texto de Teresa López Pavón de títuloLas tres coartadas del PSOE en el ‘caso ERE’, derribadaspara el reparto arbitrario de más de 680 millones de euros.

Una joven Mercedes Alaya sacada en procesión cuando era estudiante de Derecho.
Una joven Mercedes Alaya sacada en procesión cuando era estudiante de Derecho.CRÓNICA

No se entiende tampoco lo ocurrido sin el trabajo a contracorriente de EL MUNDO desde su delegación de Andalucía, con Paco Rosell capitaneando la nave: «La sentencia ha supuesto una gran satisfacción porque refrenda el gran trabajo hecho. Nos empeñamos en buscar una aguja en el pajar hasta que dimos con el mecanismo del fraude de los ERE y la juez Alaya pudo coser con esa aguja esta macrocausa». No había mano negra, como los señalados por la investigación cacarearon para matar al mensajero. Ni fue cosa de cuatro golfos…

Fue más sencillo: una aguja en el pajar. Y una vez encontrada por una parte de la prensa, una juez hizo pasar a la justicia ciega, cual camello, por el ojo de esa aguja para poder ver lo escondido: un mundo de podredumbre y jaranapues hasta putas y coca tuvo la cosa de tantos millones a repartir.

Este año la magistrada de Écija estuvo a un tris de hallar plaza (en concurso de traslados) en la Audiencia Nacional, a lo que lleva años aspirando. Fue su cuarto intento. Quizás a la quinta será la vencida, ahora que ya no es la bella durmiente. El Supremo la ha despertado. Pero eso, ay Mercedes, es ya otro cuento. El de los ERE, colorín, colorado, seguro que aún no ha acabado.

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