Alfaz del Pi

En Donetsk, la muerte llueve del cielo

GUERRA EN UCRANIA

Ucrania prepara la evacuación total de los civiles que permanecen en el Donbás ante la destrucción que sufre a manos del ejército ruso

Rescate de heridos tras el bombardeo ruso a un distrito residencial de Kramatorsk.
Rescate de heridos tras el bombardeo ruso a un distrito residencial de Kramatorsk.ALBERT LORES

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A Denys se le escapaba la vida por la boca. Permanecía inconsciente. Cubierto de polvo, tumbado sobre un costado y rodeado de escombros. Tan sólo emitía sonidos guturales. «¡Controlad su respiración!». «¿Dónde está la ambulancia?». Los gritos de la enfermera eran un reflejo de la crítica situación que enfrentaba el ucraniano de 41 años.

Denys agonizaba. Un trozo de metralla se le había alojado en el cuello. A pocos metros una decena de bomberos intentaba apagar el fuego que consumía una de las viviendas. Otra había quedado literalmente aplastada por el cohete. Reducida a un mero montículo de ladrillos.

Cuando llegó el vehículo sanitario, los asistentes tuvieron que tirar al suelo la sábana empapada de sangre que cubría la camilla. Denys no era la única víctima. El ataque dejó hasta ocho heridos y dos muertos.

Las dos explosiones resonaron en toda la ciudad de Kramatorsk a las 10:30 de la mañana. El estallido provocó un virulento incendio que hizo ascender una enorme columna de humo al cielo.

«Estaba sentado en el jardín y escuché un gran silbido. Como de algo que volaba. Después todo se estremeció». Andrey Tsyplienko se había acercado desde su vivienda con un trozo de metal que había caído en el patio.

La devastación se extendía por un amplio radio. Los vehículos de asistencia sanitaria y de las fuerzas armadas discurrían en una dirección y en otra. Yuri intentaba que no le arrollaran. Se movía a duras penas accionando con unas palancas la silla de ruedas en la que se ve obligado a descansar. Hace un año que le amputaron una pierna. El también reside en la misma aldea sita a las afueras de Kramatorsk. Cuando escuchó el estampido vio volar todo por los aires: ladrillos, metales… Al contrario que Andrey, que no duda en calificar a los rusos de «terroristas», el ucraniano de 70 años reparte sus virulentos insultos hacia ambos lados. Ni la progenitora del ruso Vladimir Putin ni la del ucraniano Volodimir Zelenski salen bien paradas.

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