Benidorm

Dolor y rabia en el incendio de Monfragüe: «Ha sido un auténtico infierno, lo nunca visto»

EXTREMADURA

EL MUNDO entra en la zona cero del fuego, donde hay un clamor de indignación: «Estamos abandonados y lo hemos pagado»

Un ganadero observa los estragos del fuego en su rebaño.
Un ganadero observa los estragos del fuego en su rebaño.

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  • DAVID VIGARIO
  • FOTOGRAFÍAS: JAVI MARTÍNEZ

Actualizado Domingo, 17 julio 2022 – 

Un tractor, ayudado en la parte delantera por un autocargador, retiraba a las 19.13 horas de ayer sábado el cuerpo de la yegua Cristina. Tenía 20 años y murió carbonizada por las llamas del fuego en Casas de Miravete (Cáceres), una de las poblaciones que está enclavada en la zona más oriental del Parque Natural de Monfragüe.

Allí, en 100 hectáreas, se encuentra la finca El Revuelo, propiedad de los hermanos Grande (Carlos, 36 años, y Abraham, 30), ganaderos de la comarca, que habían sido desalojados por prevención a las dos de la madrugada del jueves, como todos los vecinos, y ya no pudieron atender durante las siguientes horas ni a la yegua ni al resto del ganado, más de un centenar de ovejas y otras 20 novillas. El fuego no tuvo piedad de ellas. Una de color negro apareció muerta metros arriba y el resto, malheridas después de una noche de «auténtico infierno, lo nunca visto».

Fue la madrugada del horror en Monfragüe, donde las llamas se reactivaron a última hora del viernes, en plena operación salida, quedando atrapados a numerosos conductores en los túneles de Miravete, que unen Extremadura Lisboa con Madrid. Durante 12 horas, la autovía A-5 quedó cortada y, cuando se reanudó la circulación, alrededor de las 14.30 horas, un incendio de un coche, que quedó completamente carbonizado, volvió a retener a cientos de vehículo.

La autovía A-5 cortada por el incendio de Monfragüe.
La autovía A-5 cortada por el incendio de Monfragüe.JAVI MARTÍNEZ

La situación era endemoniada, con un efecto de un viento cambiante, de muchas rachas, y un fuego «como nunca antes lo había visto, tan agresivo como errático, que vuelve sobre sus pasos», describe Paco Castañares, que sirve de guía privilegiado a EL MUNDO en su recorrido por la zona del horror: 300 hectáreas dentro del parque nacional calcinadas hasta el momento, de un total de 18.000, y otras 2.800 en total de la Reserva de la Biosfera de Monfragüe, que abarca a todo este territorio, el corazón y pulmón de Extremadura.

Castañares (62) fue guarda forestal en Monfragüe, así que conoce cada metro cuadrado del terreno. Está triste. Avisó por escrito de que podía llegar una tragedia el 10 de junio. Junto a él, los periodistas se cruzan con ciervos y cervatillos asustados, incluso por medio de la carretera asfaltada de parque. Van despacio, desorientados. Pisan con cuidado, se meten en las charcas para aliviarse del calor y no pisar unos terrenos carbonizados que pueden llegar a estar a más de cien grados. Salen aún columnas de humo en zonas concretas de los valles. Sobrevuelan los helicópteros. Aparecen retenes casi en cada curva. Sus rostros reflejan puro cansancio después de una noche, desgraciadamente, «inolvidable».

Lo sabe bien Carlos, el dueño de la yegua yaciente y el rebaño malherido, golpeado «sentimentalmente, porque la quería mucho, jugaba mucho con los niños, era como de nuestra familia, hemos pasado con ella mucho tiempo». El equino no pudo sortear las llamas: «La tuvieron que rodear, no tuvo escapatoria, ella conocía el terreno, salvó la cerca, que la teníamos baja para que ella pudiera moverse dentro de la finca, por los diferentes cercados que tenemos, pero no pudo esquivar las llamas, la tuvieron que rodear, era una ratonera». El fuego ha destrozado el terreno. Las pocas ovejas que se han salvado -algunas anoche seguían agonizantes, cojas, sin moverse, casi ya sin respirar- las enviará a las otras dos fincas que tiene, en Higuera y en Romangordo, donde el fuego no llegó.

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Carlos Grande, ganadero de Casas de Miravete, junto al cadáver de su yegua, calcinado por el fuego.VÍDEO: El Parque Nacional de Monfragüe arde en un incendio sin control |EL MUNDO

La queja es unánime en la zona. El parque no se limpia desde al menos 2019. Y se avisó a las autoridades. También lo hicieron los alcaldes de la comarca, como el del PSOE de SerradillaFrancisco Javier Sánchez Vega, secretario socialista de Transición Ecologista Justa en Cáceres. Vaya ironía. Carlos, el ganadero sin ganado, lo ratifica: «Por aquí no viene nadie y lo peor es que no nos dejan a nosotros hacerlo».

Es una opinión generalizada en la comarca. «Esto no es un problema de ahora, no nos dejan hacer nada en el campo, no nos dejan labrar, no nos dejan hacer cortaderos… Esto se veía venir», comenta el agricultor Alejandro Gómez. «Se ha ido todo al garete en un día y medio y estas cosas no se estudian en la Universidad, se estudian en el campo, y los de arriba no lo entienden», denuncia Alejandro, uno de los realojados en el polideportivo de Almaraz. Tal era su estado de nervios este sábado que su mujer se lo llevó del lugar para que descansara en una casa familiar de la zona. Y durmiera.

Porque aquí la gente lleva tres días sin dormir, cuidando de que el fuego no entre en sus casas, no destroce sus vidas, que aquí es el campo. Carlos se fue a dormir a la una del mediodía después de haber estado toda la noche ayudando como retén para evitar que el fuego no penetrase en Serradilla, donde vive con su padre, Juan Carlos, agente de Medio Ambiente. También estuvo alerta, como todo el pueblo, Manuel Santos, alcalde socialista de Jaraicejo desde el año 83 al 91, ahora jubilado: «Estamos abandonados y lo hemos pagado». Hasta una torre de telefonía móvil se quemó, dejando sin cobertura a la zona durante horas.

El fuego se ha llevado por delante, además de animales, pajares, casetas y hasta al menos seis nidos de buitre negro (una de las joyas del parque natural), según le confirmaron a Castañares sus ex compañeros guardas del descomunal paraje. A última hora del día el viento parecía relajarse en Monfragüe. Todo parece tranquilo, misma estampa que 24 horas antes, cuando un soplo de viento lo alivió y comenzó el drama. El fuego es traicionero. Que se lo digan a la yegua Cristina.