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¿Fue Carrie quien convenció a Boris de que dimitiera?

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Actualizado Viernes, 8 julio 2022

El diputado conservador Bernard Jenkin llamó a la mujer de Boris Johnson para que le hiciera entrar en razón

El primer ministro Boris Johnson, junto a Carrie, el pasado junio.
El primer ministro Boris Johnson, junto a Carrie, el pasado junio.AP

Mientras Boris Johnson se parapetaba en Downing Street y encajaba las puñaladas de sus viejos aliados políticos, el diputado conservador Bernard Jenkin tuvo una original idea: llamar a Carrie. «Cuando un líder llega a un estado de negación, solo las personas más próximas pueden decirle que se ha acabado», declaró Jenkin a la radio de la BBC.

En su conversación telefónica del miércoles, Jenkin le recordó a Carrie el papel que desempeñó el marido de Margaret Thatcher en la dimisión de la ex premier el 22 de noviembre de 1990, en condiciones comparables a las de Johnson: «Sus aliados cercanos, como Norman Tebbit y Frank Field, tuvieron un papel clave. Pero fue al final Denis quien le dijo aquello de «Come on love, it’s over» (Venga, amor, se ha acabado)».https://omny.fm/shows/el-mundo-al-dia/las-mentiras-que-tumbaron-a-boris-johnson/embed

Jenkin no está en condiciones de asegurar si Carrie Johnson siguió su consejo y le dijo algo parecido a su marido. Pero dado su papel a la sombra durante todo su mandato es de esperar que ejerciera una influencia de última hora en la decisión alcanzada por el propio Johnson a las 8:30 de la mañana del jueves.

El propio Jenkin intentó persuadir al «premier» horas antes, durante un almuerzo en el Parlamento: «Le dije que tenía dos opciones: o marcharse con algo de dignidad, o agarrarse al poder como hizo Donald Trump, pretendiendo haber ganado unas elecciones que había perdido».

Visto su escaso éxito, Jenkin decidió llamar a Carrie, que aparentemente se mantuvo cerca de Johnson durante el desfile de integrantes del así llamado «pelotón de dimisión», entre los que estaban su recién nombrado secretario del Tesoro, Nadhim Zahawi, y la secretaria de Interior, Priti Patel.

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CARRIE, SINÓNIMO DE INESTABILIDAD

Los detractores de Johnson apuntan a que su relación con Carrie ha estado sin embargo en el origen de muchos de sus problemas. En contaste con su segunda mujer, la abogada Marina Wheeler, que fue de alguna manera el «ancla» en medio de las tormentas políticas de Johnson, Carrie aportó una inestabilidad aún mayor a su vida personal y política.

A la diferencia de edad entre los dos -58 años Boris, 34 años Carrie- se unió el nacimiento de sus dos hijos, Wilfred y Romy, durante los meses más críticos de la pandemia. Carrie tuvo un papel notorio en el «Partygate», en concreto en la celebración de la fiesta de cumpleaños de Johnson durante las restricciones del Covid por la que ambos fueron multados con 100 libras (117 euros) por Scotland Yard.

Su enfrentamiento personal con el estratega Dominic Cummings, artífice del Brexit, fue público y notorio. Cummings solía referirse a ella como la «Princesa Nuts, Nuts» por sus caprichos, y también como «Carrie Antonieta», por sus delirios de grandeza, como quedó patente en la redecoración del número 11 de Downing Street que dio pie al escándalo del «Wallpapergate».

En las últimas semanas trascendió la noticia de que la pareja llegó a planear la construcción de una casa en un árbol para sus hijos en la mansión de Chequers, que llegó a estar presupuestada en 117.000 euros, con financiación a cargo de un generoso donante conservador.

The Times publicó, y luego retiró, una información según la cual Johnson estuvo planeando ofrecer a Carrie un lucrativo puesto en el Foreign Office cuando era secretario de Exteriores y empezaron su relación. La retirada de la información, según ha trascendido, pudo deberse a las presiones de la propia de Carrie para evitar que trascendieran detalles escabrosos de su relación.

Carrie entró de hecho por la puerta de atrás de Downing Street en el momento del estreno de Johnson como primer ministro. La pareja se vio obligada a retrasar una y otra vez la boda por el Covid, y la ceremonia no tuvo lugar hasta abril del 2021, en una iglesia católica y después del nacimiento de Wilfred.

La familia estuvo recientemente de vacaciones en Cornualles, tras una parada electoral de Johnson, y la escapada vino también acompañada de un pequeño escándalo por el uso de un avión privado a la vuelta. Los problemas se fueron acumulando de hecho desde las vacaciones familiares en Marbella el verano pasado, en la villa prestada por el amigo de Carrie, Zack Goldsmith, y supuestamente declarada a nombre de una empresa interpuesta en un paraíso fiscal.

Lustrosa y sonriente, vestida de rojo y con su hija de siete meses Romy en un portabebés, Carrie quiso estar en primera fila a las puertas de Downing Street en la despedida de su marido, que le devolvió el favor con una mención muy especial: «Quiero agradecer a Carrie, a mis hijos y a toda mi familia por todo lo que han tenido que aguantar por tanto tiempo».