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Ninotchka Montero

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  • SANTIAGO GONZÁLEZ

Actualizado Sábado, 2 julio 2022

Irene Montero en Nueva York.
Irene Montero en Nueva York.Javier OtazuEFE

Nuestro carácter está escrito en la comedia clásica. El desenlace de la Cumbre de la OTAN estaba ya prefigurado en el final de Bienvenido Mister Marshall, cuando la caravana de los «americanos, os recibimos con alegría», que cantaba Lolita Sevilla, atravesaba Villar del Río sin dejar otro testigo de su paso que la banderita de Estados Unidos flotando en el arroyo, que motivó la airada protesta de Edward G. Robinson, presidente del jurado en el festival de Cannes, ni otros efectos que los lugareños pagando a escote aquel festejo. No va a quedar mucho más de la cumbre en este Villar del Río que es España.

Todo el mundo vuelve a sus quehaceres y a sus sueños. La ministra de Igualdad, Irene Montero, se fletó un Falcon para ir a Washington mientras el presidente de EEUU asistía en Madrid al magnífico espectáculo de la cumbre de la Alianza. ¿Y a qué fue allí, si puede saberse? Pues a tratar de poner orden en la resolución de la Corte Suprema sobre el aborto y a establecer las bases para la creación de una internacional feminista, más o menos. Lo que pasa es lo que tenía que pasar: unas comunistas viajan a Washington, se hacen unas fotos turisteando por las escaleras del Capitolio, se entrevistaron con unas medianías asesoras del Gobierno Federal y luego, ya puestas, aprovecharon el fin de semana para hacer shopping y más turismo por Nueva York, que es la metrópolis mundial del capitalismo.

Fascinante, le pasa a Ninotchka, la comisaria soviética de Ernst Lubitsch en París, pero en Nueva York, que está un grado por encima. Veremos qué se traen de allí Irene y sus amigas, algo que haga las veces del sombrerito de Ninotchka. De momento el fin de semana no se lo quita nadie. Ya habían tenido una experiencia previa el pasado mes de marzo con motivo de su viaje a Chile para asistir a la toma de posesión de Gabriel Boric, un tipo cuya dotación intelectual es muy pareja a la de nuestra ministra. Entonces la acompañaban la delincuente condenada Isa Serra, que también repetía en el viaje a Washington, y la famosa niñera, nivel 30, Teresa Arévalo. Allí, ya que estaban, decidieron, como ahora, alargar su estancia para disfrutar del fin de semana, cargando los gastos al dinero público, que al fin y al cabo no es de nadie, como estableció el magisterio de Carmen Calvo en una reencarnación anterior.

Esta pobre chica cuyo ascenso al poder es un ejemplo canónico de la paronomasia que tanto emplearan antes que ella José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez al establecer la diferencia entre las derechas que encarnaba el PP y los derechos que garantizaban ellos. Ella fue trepando a base de no distinguir entre la cópula y la cúpula, tan parecidas ambas.

Alguna vez tengo escrito que el discurso de Irene es una banda de Moebius, que se repite sin cesar. Hay en Ninotchka una escena en la que el galán, inflamado de pasión, susurra: «Ninotchka, Ninotchka» y ella, gélida como un plan quinquenal responde: «Usted se repite». Aquí, quien se repite no es Melvyn Douglas, sino Irene. Y casi nunca acierta. Quique Peinado, una medianía televisiva, le hizo un elogio desmesurado hace 10 meses: «Tienes un coño como esta mesa de grande», lo que ella agradeció al momento: «Es un piropo muy bonito», en lugar de responder como habría hecho una feminista o cualquier persona cabal: «El tamaño no lo es todo, majadero».