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«Pedro está mal, pero no acabado»

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Actualizado Sábado, 25 junio 2022

¿Qué hacer? Es la pregunta que sobrevuela Moncloa y angustia al PSOE. Dirigentes socialistas admiten que el cambio de Gobierno de hace un año no ha dado los resultados que esperaba el presidente

"Pedro está mal, pero no acabado"
JORGE ARÉVALO

El 19-J andaluz ha sido un golpe duro en un cuerpo, el PSOE, ya acostumbrado a los leñazos. Desde el 4-M del pasado año, aquellas elecciones madrileñas, los socialistas no ganan para disgustos. Los mazazos se van acumulando y el cuerpo se hace a las cicatrices. Igual es por eso que la histórica mayoría absoluta de Juanma Moreno ha impactado menos en el estado de ánimo socialista que la ascensión a los cielos de Isabel Díaz Ayuso.

Desde la noche electoral, todos los ojos están puestos en Moncloa, de donde suelen venir los problemas y las soluciones. Aunque en el último año, abundan los jaleos y escasean las respuestas adecuadas. «Quizá la situación se pueda resumir de forma muy sencilla: la izquierda no está de moda», señalan fuentes del Gobierno. Otros interlocutores añaden y completan el panorama: «A este Gobierno le han venido muy mal dadas las cosas. No es capaz de hacer frente con éxito a las sucesivas crisis que le salen al camino, mientras la vida de los españoles es cada vez más difícil, y el PP tiene en Feijóo un nuevo líder más confiable que el anterior».

La reacción del presidente del Gobierno a la derrota andaluza ha sido automática. Desde el mismo lunes, se ha puesto en marcha la máquina de producir iniciativas, decretos leyes, proyectos legislativos, reformas legales y medidas varias. Hasta el punto de que, como dice un dirigente del PSOE, «sólo ha pasado una semana y parece que las andaluzas fueron el año pasado». Además de la obvia aceleración del tiempo político, lo que el Gobierno de coalición pretendía, llenando la semana con los debates sobre las medidas para paliar los efectos de la inflación, era ocultar y disimular el batacazo. Particularmente Unidas Podemos, el socio minoritario de la coalición, y el espacio de Yolanda Díaz no han dicho ni mu de su debacle andaluza. Como si no hubiera sucedido nada el 19-J.

¿Qué hacer?, es la pregunta que sobrevuela sobre la cabeza del presidente del Gobierno, y está en todas las conversaciones de los dirigentes socialistas. Un interrogante con otro aún más inquietante: ¿Se puede hacer algo? «El resultado de Andalucía es un fracaso, estamos en el momento más difícil del Gobierno en toda la legislatura», vino a decir el secretario general del PSOE en la reunión de la Ejecutiva. Pero volvió a dejar muy claro que su inconmovible decisión es agotar la legislatura y volver a presentarse como candidato en las generales.

El diagnóstico de los socialistas, sea por convicción real o por animarse a sí mismos, es también claro: «Pedro está mal, pero no acabado. Tiene capacidad para sobreponerse. Lo peor es que el resultado de Andalucía, con muchos componentes locales y no nacionales, provocará casi seguro un movimiento de sondeos que le darán la victoria al PP».

Los dirigentes nacionales y autonómicos consultados subrayan que el presidente gastó la bala del cambio de Gobierno hace un año, sin que se hayan producido los efectos benéficos que anunció para justificar aquel movimiento. «Pedro apostó por un modelo en el que no hay ministros con peso político específico. De alguna manera, quiso quedarse solo frente a un Consejo de Ministros en el que cada uno se dedica a las cuestiones propias. Los ministros no quieren salir a la palestra a hacer política, porque ya saben lo que les pasó a los que se exponían, que Pedro les relevó argumentando que estaban agotados y cansados después de la pandemia. No tiene activos políticos y así es muy difícil que pueda tirar hasta el final de la legislatura».

Descontado otro cambio de Gobierno, aunque hay dirigentes relevantes que creen que Sánchez debería aligerar el Ejecutivo y disminuir el peso de Unidas Podemos (cuatro ministerios), circulan todo tipo de especulaciones acerca de si Sánchez hará cambios en el equipo o no los hará.

Hay socialistas que muestran su escepticismo sobre la capacidad de rearmar políticamente al Ejecutivo. «¿Qué cambios va a hacer? ¿Mover a los portavoces? ¿Hacer ajustes en las Secretarías de Estado? Eso no servirá de nada. Sabemos que cuando hay Gobierno, los partidos desaparecen. Ésa es la realidad. Los partidos se ponen al servicio del Gobierno. Ferraz ya no existe. La Ejecutiva tampoco es un órgano político que sirva para este momento. Y tampoco tenemos ningún mirlo blanco que pueda resolver con éxito un momento político tan complicado como éste para gobernar en España».

En el aire está la celebración de un debate sobre el estado de la Nación, anunciado para este mes de julio, pero aún no comunicado al Congreso. En opinión de las fuentes socialistas consultadas, este debate podría ser la ocasión para abrir una nueva etapa y dejar de especular sobre si hay o no hay un cambio de ciclo. La intervención de la vicesecretaria general, Adriana Lastra, en la noche electoral no gustó a casi nadie en el PSOE por su dureza y falta de autocrítica.

«Hay que dejar de especular sobre el cambio de ciclo. Al PP de Feijóo se le va a hacer muy larga la espera de un año y medio hasta las elecciones generales. No podemos dejarnos llevar por el determinismo de la derrota o del fracaso. Hay que seguir gobernando. Los españoles entienden perfectamente que en estas circunstancias tan delicadas sería una irresponsabilidad convocar elecciones».

Absolutísima, las palabras que Moreno no quiere decir

Juanma Moreno, el líder templado cuya victoria en Andalucía sobrepasó todas las expectativas incluidas las suyas, tiene mayoría absoluta, pero no quiere pronunciar esas dos palabras. El PP andaluz aún se está pellizcando para sentir que el 19-J fue una realidad tan jubilosa como inesperada. El presidente andaluz tiene 58 escaños, más que absoluta, absolutísima, y sin embargo se refiere a esta circunstancia con sucedáneos como «mayoría amplia» o «mayoría suficiente». Moreno quiere huir de la complacencia y mostrarse humilde. Él sabe mejor que nadie, porque ha estado en los gobiernos del PP y sobre todo en el aparato de Génova, que la gestión de las mayorías absolutas en el Gobierno de España siempre se le atragantó a su partido. Por decirlo de una manera simple, las mayorías absolutas se le subieron a la cabeza a los dirigentes del PP y acabaron perdiendo el pulso de la calle. Tanto en el caso de Aznar, como en el de Rajoy.