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El cuaderno de Maiski

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Finlandeses, polacos y suecos saben que la declaración de apoyo a Ucrania es insuficiente para detener la hidra

Zelenski, con el presidente francés Macron.
Zelenski, con el presidente francés Macron.AFP

En Finlandia, dejamos al embajador soviético Maiski recién incorporado a su despacho de Londres en otoño de 1932. Justo antes, en su anterior destino, firmó un pacto de no agresión con Helsinki. Según Litvínov, comisario de Exteriores, para Stalin el nombramiento fue «una especie de experimento». El cautivador Maiski, que decía rechazar la «metafísica fanática» del comunismo, representaba el giro de Stalin, de Berlín -a punto de sucumbir al nazismo- hacia Londres, con el objeto de distraer o debilitar a Occidente. A finales de 1933, Stalin aprovechó la iniciativa francesa de sumar a la URSS a la Sociedad de NacionesMoscú accedió con la condición de crear un pacto regional de defensa mutua que incluía a la URSS, BélgicaFranciaChecoslovaquiaPoloniaFinlandia y los Países Bálticos: una declaración de lo que Stalin consideraba como su zona de influencia. Maiski debía persuadir al Foreing Office de que el viraje de Stalin obedecía sólo a la amenaza nazi.

Hoy, Polonia, Finlandia y Suecia recelan de una solución negociada, eufemismo que refiere a la posibilidad de que Occidente y la OTAN acepten un cambio de fronteras producto de la invasión de Ucrania.

Dos semanas antes de que Stalin invadiese Finlandia, en noviembre de 1939, Churchill recibió a Maiski, que trató de perorar hasta que Churchill preguntó a bocajarro por Finlandia. Luego reconoció el derecho soviético a ser «potencia dominante» en el Báltico, incluso a recibir unas cuantas islas del golfo de Finlandia para que los cañones de largo alcance alemanes no llegasen a Leningrado. Maiski desconfiaba porque aun así, Inglaterra alentaba la resistencia y «tozudez» finlandesa contra las reclamaciones soviéticas. El Reino Unido prometió a Finlandia su «apoyo moral» y los finlandeses, «unos verdaderos provincianos» en política, imaginaron que con él derrotarían al Ejército Rojo.

Los líderes europeos proclamaron el jueves en Kiev que «Europa estará junto a Ucrania hasta la victoria». Pero como Putin, los finlandeses -llamados entonces «vasallos de Hitler«-, polacos y suecos saben que la declaración es insuficiente para detener la hidra. Tras su reflexión, Churchill concluyó tajante: si la URSS recurre a la fuerza, «crearía aquí una impresión terrible». Los soviéticos parecían empeñados sólo en el istmo de Carelia. Avanzaban lentamente. Tres meses más tarde, la URSS y Finlandia firmaron la paz de esa primera guerra. Finlandia perdió el 11% de su territorio y su segunda ciudad más poblada. A esa paz le siguió la Guerra de Continuación.

El cuaderno secreto de Iván Maiski. Embajador soviético en Londres, 1932-1943, edición de Gabriel Gorodetsky (RBA, 2017

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