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Tormenta perfecta sobre Pedro Sánchez

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La crisis de los espías abre una brecha con ERC y otra dentro del propio Gobierno. Los socialistas temen por el futuro de la opción de Gobierno de izquierdas y no ven salida fácil al embrollo del CNI

Tormenta perfecta sobre Pedro Sánchez
JORGE ARÉVALO

La tormenta perfecta está descargando sobre Moncloa. Todos los elementos que han convertido el mandato de Pedro Sánchez en una carrera de obstáculos, errores, votaciones de infarto, peligros, apuros y aprietos se han conjurado alrededor de la crisis de los espías para situar al Gobierno de coalición ante la crisis más aguda, severa y peligrosa de la legislatura. Los socialistas españoles están severamente preocupados e inquietos sobre el futuro de la coalición.

La España que, según Ursula von der Leyen, es «un motor de la UE» tiene un Gobierno al que sus socios han puesto la proa.

Todo empezó cuando el Ejecutivo otorgó credibilidad a un informe de Citizen Lab, de la Universidad de Toronto, publicado en la revista The New Yorker y elaborado por un activista independentista catalán, en el que se informaba del espionaje a líderes del procéspor parte del CNI con el sistema Pegasus. Esta primera decisión fue el desencadenante de la crisis. ¿Por qué Moncloa asumió de forma culposa esa información periodística y decidió abrir en canal al CNI para desagraviar a los independentistas catalanes?

Moncloa responde: «La palabra es transparencia, siempre y en todo, no podemos consentir que alguien dude de que la democracia española es ejemplar y transparente. En España ninguna institución espía ilegalmente, y teníamos que demostrarlo ante los socios parlamentarios, pero también ante la opinión pública. No tenemos nada que ocultar». Otras fuentes socialistas señalan que fue peor el remedio que la enfermedad y que abrir la caja de Pandora del CNI «fue un error porque le ha dado la razón al mundo independentista, y era una ingenuidad pensar que se iban a dar por satisfechos con las investigaciones abiertas».

Aunque los dirigentes consultados señalan que el asunto pudo resolverse con más habilidad, también añaden que hasta ahí la actuación del Gobierno tenía un propósito: apuntalar la legislatura y conservar la alianzas parlamentarias con ERC.

Lo que descolocó a todos, agravó el enfado de los socios y contagió la crisis al interior del Gobierno es la rueda de prensa en la que se desveló que los móviles del presidente y la ministra de Defensa habían sido infectados por el programa espía en dos ocasiones.

El embrollo y el jaleo fueron subiendo de tono. Ahora la cuestión era el fallo en la seguridad de las comunicaciones del presidente del Gobierno. «El informe del New Yorker todo el mundo lo dio por bueno, pero a partir de ahí las cosas se van complicando y todo ha sido un desacierto tras otro. Un enredo de políticos que no interesa nada a los ciudadanos y que impide que se pueda apreciar la buena gestión económica del Gobierno en un momento muy complicado», señalan en el PSOE. «No podíamos hacer otra cosa que presentar una denuncia ante el juez e informar públicamente del espionaje al presidente», señalan fuentes de Moncloa. Añaden que el informe del CNI, que descubrió los pinchazos tras un análisis «muy invasivo» del dispositivo móvil podía filtrarse y hubiera sido peor.

El debate sobre fallos en la seguridad nacional abrió brecha entre dos ministros de Estado: Félix Bolaños y Margarita Robles. Presidencia y Defensa se pasaron la pelota de la competencia sobre la vigilancia de la seguridad del móvil del presidente. La polémica llegó tan lejos que ambos miembros del Gobierno se vieron obligados a cerrarla en cuestión de horas. «La responsabilidad es de todo el Gobierno en su conjunto», dijeron a la vez. Sin embargo, otro de los actores del jaleo permanente, Unidas Podemos, aprovechó para ajustar cuentas pendientes con Robles y pidió su dimisión. «Menudo ambiente. Unos ministros pidiendo la dimisión de otros. No sé con qué ánimo acudirán al Consejo», bromea un dirigente socialista.

Mientras la conversación pública se consumía en conjuras de espionaje y hasta se apuntaba a Marruecos como autor de los pinchazos del móvil del presidente, la directora del CNI, Paz Esteban, mostró a los diputados de la Comisión de Gastos Reservados las órdenes judiciales de vigilancia a 18 líderes independentistas por los graves incidentes violentos protagonizados por Tsunami Democràtic, que incendió Cataluña en la campaña de las últimas generales. Entre los espiados figura Pere Aragonès, presidente de la Generalitat. Lejos de calmar los ánimos, la comparecencia de la directora del CNI agitó aún más a los socios de ERC, que pidieron cabezas para recuperar la alianza y el diálogo con el Gobierno. Los independentistas y Unidas Podemos quieren cobrarse la pieza de Margarita Robles. La ministra de Defensa encarna ahora mismo, con el aplauso interesado de la oposición conservadora, la fortaleza del Estado frente al independentismo. Robles actúa con criterio propio y es el principal baluarte de la directora del CNI, puesta en solfa por otros sectores del Ejecutivo.

«FASE DE AGONÍA Y DESGASTE»

«No saben lo que hablan, ni la conocen a ella, si creen que Margarita Robles va a irse o el presidente la va a destituir», señalan dirigentes del PSOE. Otros, sin embargo, consideran que «los socios no se van a conformar. Las exigencias de ERC serán cada día más inaceptables para el PSOE y el Gobierno puede entrar en una fase de agonía y desgaste».

Pedro Sánchez, sorprendido por una situación que nunca imaginó, ha quedado en verse con Aragonès para encauzar las aguas desbordadas y aguantar la legislatura.

Las fuentes oficiales señalan que tal vez «las consecuencias a corto plazo del ejercicio de transparencia que ha hecho este Gobierno sean negativas», pero confían en que los puentes puedan restaurarse con ERC. Y si no fuera así, descartan por completo que Sánchez pueda acortar la legislatura. «Las generales se celebrarán cuando toquen. Llegaremos hasta el final porque podemos hacerlo», repiten los colaboradores del presidente.

Dirigentes socialistas de la periferia expresan así su preocupación. «Por primera vez está en peligro el futuro de la opción de un Gobierno de izquierdas. El PSOE no crece y a su izquierda no hay casi nada. Nos falta definición política y sobra el ruido de UP, que hace mucho daño. Trasladamos imagen de inseguridad y debilidad. La gestión de esta crisis ha sido mala, y no es la primera vez. Nadie entiende la confusión. Hemos dado a los independentistas un balón de oxígeno. Los socios de UP se están autodestruyendo. Si la inflación sigue disparada, las opciones de la izquierda son pocas. Y para colmo, Feijóo ha dado un giro a las expectativas del PP».

Algunos de los ministros protagonistas sin pretenderlo de esta crisis muestran su sorpresa por el «estrés permanente» y las «dinámicas alocadas» de la situación política española y su reflejo mediático. En cuanto a la puerta de salida del laberinto en el que se encuentra Pedro Sánchez, hay diversidad de opiniones. Algunos creen que la tormenta pasará cuando llegue la siguiente, mientras que otros opinan que sin cirugía interna en el Gobierno la crisis se agudizará

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