Benidorm

Cada vez que leo una noticia sobre el Cni y los delincuentes independentistas se me pone carne de gallina

Actualizado Miércoles, 4 mayo 2022 –

No se descabezan frívolamente los servicios de espionaje cuando se vislumbra que alguien prepara un golpe al Estado.

Paz Esteban.
Paz Esteban.Bernardo Díaz.

. Y no por lo que desconozco, que es casi todo, sobre el supuesto espionaje a una serie de secundarios hoy ennoblecidos por Pegasus, sino por lo que sé positivamente sobre la actividad de la inteligencia española en el proceso de sedición. Para empezar por algún lado pongámonos a primeros de junio de 2017, el año cafre de la democracia española. A dos meses del atentado de las Ramblas y a cuatro de los hechos de octubre, bis. En ese mes la señora Beatriz Méndez de Vigo dimite como número 2 del Cni. Algunos conocedores de la casa dicen que, en realidad, dimite como número 1 dada (y por) la dedicación de su superior jerárquico a la vida social. Soraya Saénz de Santamaría, entonces vicepresidenta, no la destituyó. Todo lo contrario, quiso retenerla: como parece lógico no se descabezan frívolamente los servicios de espionaje cuando se vislumbra que alguien prepara un golpe al Estado. El que una alta funcionaria de seguridad sea capaz de abandonar su puesto en tales circunstancias revela la importancia que el Cni estaba dándole a los planes independentistas. Ignorando que si había algún asunto en España que merecía ser competencia de espías -de espías, y no policial- era el Proceso.

A Méndez de Vigo la sustituyó en el cargo -la secretaría general del Centro- la hoy directora, Paz Esteban. Aunque solo dispuso de cuatro meses hasta aquel octubre, lo fácticamente implacable es que coincidiendo con su puesto al frente de la secretaría general -y, desde luego, con el de su jefe Félix Sanz Roldán al mando global- el movimiento sedicioso logró que los llamados colegios electorales dispusieran de aquellas aparatosas urnas chinas. Y también que el destituido presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, y todos los miembros de su Gobierno que quisieron, pudieran huir de Cataluña, sin que el Estado tuviera -no debo creer lo contrario- la menor noticia de sus planes.

Escribir sobre los espías de hoy en los periódicos es incurrir con seguridad en mil torpezas. Con relativa tranquilidad epistemológica solo se puede escribir sobre Fouché y aquel monsieur Richebourg, un petit Nicolas, pero verdadero. Sin embargo, y dado lo que se sabe -probablemente sea mucho peor lo que no se sabe-, haría bien la ministra Margarita Robles en sosegar sus ardores apologéticos respecto al Cni. El trabajo de los espías españoles a lo largo del Proceso merece, antes que cualquier otra cosa, una despiadada autocrítica. Por cómo espiaron; pero sobre todo por cómo no espiaron.

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