Benidorm

Muchos fuegos y un solo bombero

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Actualizado Jueves, 28 abril 2022

El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños.
El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños.BERNARDO DIAZ

Desánimo y cansancio en las filas del Gobierno. A fuerza de acumular votaciones de infarto, reformas históricas que salen adelante por equivocación del adversario y «acuerdos de país» que acaban en el BOE gracias a los votos de quienes quieren salirse del país, el PSOE y el Gobierno de coalición acusa el desgaste. Se nota. En las caras de sus dirigentes, en el andar triste de sus ministros, en el desmayo sobreactuado de los jefes de Unidas Podemos, en el deambular de la vicepresidenta Yolanda Díaz hacia un horizonte incierto, y en el rostro del presidente. Pedro Sánchez buscaba un «acuerdo de país» para paliar los efectos de la guerra de Putin en la vida de los españoles y se encontró el día anterior a la votación del decreto apagando el penúltimo fuego encendido por sus socios parlamentarios y aventado por los portavoces del partido que él mismo sentó a la mesa del Consejo.

La votación del decreto para bajar los precios de la gasolina y otras medidas sociales tuvo el mismo aire que la de la reforma laboral. Pero la victoria de Sánchez no se celebró de la misma manera. Porque a la vista cada día quedan más claras las costuras deshilachadas del Gobierno. En opinión de un diputado socialista, «el Gobierno, en esta situación, sólo puede dedicarse a apagar fuegos». Y explica: «No puede haber ni previsiones, ni agenda que vaya más allá del día siguiente, ni horizonte que vaya más allá de una semana. En cualquier momento pasa cualquier cosa y esa cosa desencadena acontecimientos inesperados». Como, por ejemplo, que el error del diputado del PP que salvó la reforma laboral de Yolanda Díaz acabe siendo el principio del fin de Pablo Casado como líder del PP. O que Sánchez abra negociaciones con los grupos para aprobar las medidas urgentes por la guerra y que ERC monte un lío monumental y vote en contra por el escándalo de espías publicado por el New Yorker, la Biblia del periodismo más cool. Así, desgaste a desgaste, la coalición va legislando a golpe de suerte y de manguera para apagar el fuego. Con la particularidad de que sólo hay un bombero: el presidente del Gobierno. Por Moncloa pasa todo. Es Moncloa quien negocia todo. Es Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, quien va del tingo al tango intentando evitar el desastre.

España es una democracia en la que los grupos parlamentarios no votan teniendo en cuenta el contenido. Se vota por razones emocionales o sentimentales. El PP vota no –Feijóo igual que Casado en este caso- para no dar ni agua a Sánchez; ERC vota no para castigar al Gobierno; Vox vota no para ser Vox; Ciudadanos vota no para seguir existiendo… Al final, es Bildu quien presume de sentido de Estado -no es broma y con eso está todo dicho- para salvar el decreto que ayuda a los españoles a sobrellevar las consecuencias en el IPC de la guerra. Bildu no deja pasar ocasión para subrayar su sentido institucional.

Cada episodio de éstos deja un regusto amargo en los protagonistas. El Gobierno tiene dificultades para hacerse escuchar por los españoles en medio de tanta bulla. El mentado «escudo social» queda enterrado en la última bronca de los socios parlamentarios o el enésimo follón de los socios de Gobierno. El enfrentamiento permanente de Unidas Podemos con determinados ministros del Ejecutivo donde se sientan ya casi ni es noticia. Pero ahí está. Ahí están los portavoces de Unidas Podemos cargando contra la ministra de Defensa, Margarita Robles, a la que tratan como si fuera militante del PP. «El Gobierno aparece todos los días como un Gobierno dividido y con problemas», señalan fuentes socialistas. El Gobierno salva la votación. La coalición sigue. Pero no todo sigue igual. Hay otro ladrillo en la pared del desgaste.