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Francia con Marine Le Pen: no es país para extranjeros

ELECCIONES DE FRANCIA

Si la líder de extrema derecha resulta elegida, ya ha anunciado que cambiaría la Constitución para instaurar la preferencia nacional y luchar contra la inmigración. ¿Qué otras medidas adoptaría si llegara al Elíseo?

La líder de Reagrupación Nacional, Marine Le Pen.
La líder de Reagrupación Nacional, Marine Le Pen.DENIS CHARLETAFP

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Actualizado Domingo, 24 abril 2022 – 12:44

¿Qué sería lo primero que haría Marine Le Pen en caso de ser elegida presidenta de Francia? Lo imaginaron los autores de ‘Presidenta’, publicado en 2015 y que, a partir del análisis de las propuestas del Frente Nacional, imaginaba en forma de cómic qué pasaría con Le Pen en El Elíseo. Aquel libro estaba coprotagonizado por una anciana casi centenaria llamada Antonieta, que había formado parte de la resistencia contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y que contemplaba atónita cómo su país se iba transformando con la llegada al poder de la ultraderecha. Ironías del destino, el último domingo de abril Francia celebra el Día Nacional en recuerdo de las víctimas de la deportación. Y, también hoy, Francia acude a las urnas para elegir a su próximo presidente. «La generación que conoció aquel periodo está en cólera. Sienten que la gente está olvidando a dónde conducen los extremos«, ha subrayado estos días Philippe Allouche, director de la Fundación para la Memoria de la Shoah. Esto es lo que podría pasar en caso de que la extrema derecha llegue al Elíseo.

FELICITACIONES Y FORMACIÓN DE UN EQUIPO DE GOBIERNO

Como dice la expresión, noblesse oblige, Marine Le Pen, daría un discurso de agradecimiento al «pueblo francés» al que lleva meses aludiendo. Y mientras las radios y las televisiones se llenan de comentarios algo dramáticos sobre el fracaso de las encuestas y la ‘ola populista’ que ha llegado al corazón mismo de Europa, probablemente la líder de Reagrupación Nacional empezaría a organizar su nuevo Gobierno. Tal vez, en algún momento de la noche post- electoral también le daría tiempo a dos breves llamadas telefónicas, una a su padre, Jean Marie Le Pen, para hacer las paces: «Lo hemos conseguido». Otra, con cierto sabor a venganza, a su sobrina Marion Maréchal, que la abandonó para sumarse al partido de Éric Zemmour.

Volviendo a ese futuro posible Gobierno, Le Pen no ha revelado quién sería su primer ministro, aunque sí ha avanzado otros nombres. El ex magistrado Jean Paul Garraud (que durante años militó en Los Republicanos), sería el titular de Justicia; y el ensayista Hervé Juvin – uno de los responsables del giro verde del partido, teórico del localismo como oposición al globalismo-, tendría la cartera de Ecología. El ‘delfín’ de Le Pen y actual presidente interino del partido, el joven Jordan Bardella, también sería ministro, al igual que Louis Aliot, alcalde de Perpignan. Incluso relevantes figuras de los Republicanos como Eric Ciotti (uno de los candidatos a las primarias de ese partido, que ganó Pécresse), podrían formar parte del gobierno de Le Pen. La clave está en saber si el partido de Le Pen será capaz una mayoría en las elecciones legislativas de junio; lo más probable es un ejecutivo de «cohabitación», es decir, que conviva con una mayoría parlamentaria adversa.

PREFERENCIA NACIONAL Y PROHIBICIÓN DEL VELO

Lo primero que Marine Le Pen haría al llegar al Gobierno sería saltarse el principio fundamental de la igualdad recogido en la Declaración de los Derechos del Hombre y en el lema de la República (Liberté, Égalité, Fraternité). ¿Cómo? Modificando la Constitución para inscribir en este texto la preferencia nacional y la primacía del derecho francés. Para hacerlo, en vez de someter su proyecto de Ley – titulado «Ciudadanía, Identidad e Inmigración»- al debate parlamentario, lo aprobaría mediante un referéndum. El objetivo final es legalizar la discriminación de los extranjeros respecto a concesiones de ayudas públicas o el acceso al empleo y la vivienda. También contempla la expulsión inmediata de los inmigrantes irregulares, el fin del reagrupamiento familiar o la limitación de la nacionalidad francesa a los nacidos en Francia. Numerosos juristas han calificado esta propuesta de Le Pen como un «intento de golpe de Estado».

La candidata de Reagrupación Nacional también ha prometido «definir el islamismo» (para ella, un concepto cercano al terrorismo) y para ello, adoptará una ley para prohibir el velo islámico en los espacios públicos como los transportes o las calles. En los últimos días y ante las críticas de quienes advierten de que esta medida vulnera el principio de laicidad (al afectar a una sola religión, el islam, es contraria a la libertad de culto), Marine Le Pen ha admitido que el problema es «complejo» y que planteará un debate en el Parlamento.

DESTRUIR EUROPA DESDE DENTRO

En 2017, Marine Le Pen prometía convocar un referéndum para la salida de Francia del espacio europeo. Entonces, hacía sólo unos meses que Reino Unido había votado a favor del Brexit. Tiempo después, Marine Le Pen ha advertido que una de las primeras cosas que hará si sale elegida es retirar las banderas de Europa de todos los edificios gubernamentales. La líder de RN ya no propone una salida de la Unión Europea sino que aboga por reformarla «desde el interior» para que el derecho francés prime sobre el comunitario. Para muchos expertos, eso equivale a una salida de facto del bloque. Sería la primera vez desde el nacimiento de Europa que uno de sus países fundadores pasa de defender el proyecto comunitario a intentar destruirlo desde dentro.

Le Pen -que quiere reducir las competencias de la Comisión y abandonar el espacio Schengen – quiere fraguar su alianza con el ‘eje autoritario’ formado por el polaco Mateusz Morawiecki y el húngaro Viktor Orban. No parece descabellado que la primera visita fuera de Francia de Le Pen la llevara a estrechar las manos de su admirado Orban, que ya la recibió con honores de jefa de Estado en 2021 -alfombra roja, cortejo oficial de hasta ocho coches, besamanos con el presidente húngaro y hasta una interpretación al violín, sólo para ella, de ‘La Vie En Rose’ en un café de Budapest.

Marine Le Pen pretende, además, que Francia salga del mando integrado de la OTAN, ha advertido de que trabajará por un acercamiento a Rusia y defiende que Vladimir Putin podría «por supuesto» ser un aliado cuando la guerra de Ucrania termine.

DE LA POLICÍA A LOS COLEGIOS

En la Francia de Marine Le Pen primaría la energía nuclear y se desmantelaría la energía eólica. En los colegios, se reforzaría la enseñanza de la historia nacional, la exigencia de «neutralidad absoluta» de los profesores -lo que, según advierten algunos sindicatos, pone en peligro la libertad pedagógica- y se reforzaría el poder de los inspectores de educación.

Le Pen aumentaría significativamente el presupuesto de seguridad y justicia para crear miles de nuevas plazas de policía, un cuerpo para el que propone instaurar una «presunción de legítima defensa«, lo que quiere decir que un agente ya no estaría obligado a aportar pruebas de la necesidad de un disparo. Algunos medios recordaban estos días el caso de Cédric Chouviat, que murió en 2020 durante un simple control en carretera, asfixiado tras un placaje varios agentes. Si Marine Le Pen gana, la familia de Chouviat no podría demandar a la policía.

En un país gobernado por Marine Le Pen, habría que ampliar las cárceles, porque la candidata ya ha advertido de que no cree en las medidas alternativas a las penas privativas de libertad. Gobernaría a golpe de referéndum, como hace su aliado Vitkor Orban, que intentó imponer en Hungría leyes homófobas a través de este recurso. Y, aunque Marine Le Pen ha ido suavizando su postura en esta cuestión -hace años estaba en contra del matrimonio homosexual- cuando le han preguntado recientemente qué opina sobre las leyes homófobas de Orban (que, por ejemplo, prohíben enseñar sexualidad en los colegios), Le Pen ha contestado que está «en contra del proselitismo sexual contra los niños». Diputados de su partido se han negado a rechazar las terapias de conversión o a apoyar subvenciones a asociaciones que luchan contra la discriminación. Otras señales de cómo Francia cambiaría si un partido de extrema derecha llega al poder.

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