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De la Z a la V: lo que Putin prepara para el Día de la Victoria

DIPLOMACIA & GEOPOLÍTICA

¿Qué festejará el presidente ruso en el inminente 77º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial? ¿Una victoria falsa o sucia en Ucrania?

Guerra en Ucrania
JORGE ARÉVALO

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  • SILVIA ROMÁN

Actualizado Domingo, 17 abril 2022 – 20:29

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En agosto de 2004, en los titulares de los grandes periódicos alemanes predominaba una palabra bien destacada: «Victoria». El término no se refería en esa ocasión al resultado de un partido de la Mannschaft (la tan idolatrada selección de fútbol germana), sino a un asunto directamente relacionado con el entonces canciller, Gerhard SchröderVictoria era el nombre de la niña de tres años que el matrimonio Schröder-Kopf había ido a recoger a un orfanato de San Petersburgo. Ambos querían una pequeña en su acomodado hogar de Hannover y ambos lo consiguieron, a pesar de la avanzada edad del jefe del Gobierno socialdemócrata.

Se escribieron ríos de tinta sobre el asunto: los periodistas no lo trataron como una cuestión personal, sino que veían detrás la alargada sombra del líder con el que Schröder mantenía una estrecha amistad: Vladimir Putin. Es más, apenas medio año después, Schröder y Putin firmaban un acuerdo para llevar gas de Rusia a Alemania directamente por el Báltico. El nombre del proyecto es ya célebre: Nord Stream.

«Victoria» es un término grabado a sangre y fuego en la mente del inquilino del Kremlin, antiguo espía del KGB y admirador de los triunfos bélicos del ejército rojo y la gloria pasada de la desaparecida Unión Soviética.

«Por la Victoria» («Za pobedu», en ruso) es también el significado de la Z que aparece pintada estos días tanto en los tanques rusos que machacan Ucrania como en algunos vehículos de simples ciudadanos que recorren las calles de Moscú.

De ahí que el próximo e inminente 9 de mayo, el Día de la Victoria para los rusos, Putin tenga previsto hacer un anuncio especial. Si siempre ha pronunciado potentes discursos, ha congregado a las masas y ha exhibido su poderío militar por la Plaza Roja de Moscú, este año, incuestionablemente, no va a ser menos…

El 9 de mayo de 1945 es el final de la Segunda Guerra Mundial para Rusia. Para Europa y Estados Unidos, sin embargo, es el día 8. La diferencia de fechas se debe simplemente al desfase horario. La capitulación nazi se firmó a las 22:43 horas del día 8 (00:43 horas en Moscú). Desde entonces, se celebra el éxito de los aliados un día y el del ejército rojo, otro.

Hace siete años, el 9 de mayo de 2015, con las botas rusas ya sobre territorio ucraniano (Donbás y Crimea), todos los líderes occidentales rechazaron la invitación de Putin de acudir a la festividad más sagrada y patriótica de Rusia, que en esa ocasión conmemoraba un aniversario redondo (70º). Sí estuvieron sin embargo junto al presidente los dos mandatarios de las potencias que en la actualidad dan oxígeno a Moscú en plena oleada de sanciones y aislamiento: China e India. Y un detalle relevante: al día siguiente, el 10 de mayo de 2015, hubo un jefe de Gobierno europeo que aceptó volar a Moscú a participar en la ofrenda floral. Se trataba de Angela Merkel, la canciller que creció -como Putin- en territorio URSS, que domina el ruso y que era respetada en los salones dorados del Kremlin. Merkel quiso honrar la memoria de los más de 20 millones de soviéticos muertos a manos del Tercer Reich y mantener tendido el puente entre Berlín y Moscú a pesar de la derivada peligrosa en la que Vladimir Putin ya se había adentrado.

En los dispares discursos del Día de la Victoria, se pronuncia una y otra vez -con lógica- la palabra «nazi», en referencia a lo esencial y relevante que fue doblegar el horror del Tercer Reich. Sin embargo, ese término ha quedado descontextualizado y deformado en boca de Putin. El presidente ruso insiste estas semanas en que su «operación especial» en Ucrania tiene como objetivo acabar con «los elementos neonazis» y frenar el «genocidio». Es decir, utiliza una narrativa paralela y similar a la que sirve para explicar los tristes y verídicos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, ya sabemos qué terminología va a utilizar Putin en el aniversario de dentro de tres semanas.

Respecto a qué anuncio realizará el despiadado zar en una fecha de simbolismo tan significativo, las opciones son múltiples: una victoria falsa, bautizada como «liberación» de Ucrania; la caída de Mariupol; el nuevo asalto sobre el Donbás; la ofensiva definitiva sobre Kiev; y/o un triunfo sucio tras un ataque con un arma nuclear táctica (de lo que tanto se está avisando en las últimas jornadas desde Washington, cuyo servicio de espionaje ha demostrado tener buena información sobre la guerra que se libra en el Viejo Continente).

Lo que está claro es que en los festejos de la Plaza Roja no se hablará ni de revés ni de derrota, y que se ocultará por todos los medios el traspiés ruso tras la astuta zancadilla que le tenía preparada Ucrania, que juega en casa. Putin está cometiendo a su vez los mismos errores estratégicos que Hitler, quien condujo a su ejército a varias derrotas por saltarse la cadena de mando y dar órdenes directas sobre el campo de batalla, provocando caos, descontrol y fracaso.

Ojalá Europa escape también este siglo de su particular tirano

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