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Bombas trampa, el ‘legado’ ruso tras el repliegue de la capital

GUERRA EN UCRANIA

Las autoridades ucranianas alertan del peligro de miles de explosivos abandonados en el entorno de Kiev y que están dejando un reguero de víctimas

Miembros del Departamento de Desminado de Ucrania, en Hostomel.
Miembros del Departamento de Desminado de Ucrania, en Hostomel.EYEVINE / CONTACTO

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  • JAVIER ESPINOSAEnviado especial

Actualizado Lunes, 18 abril 2022 – 

La tierra ha absorbido la sangre de Oleg Naumenko dejando una gran marca oscura junto al vehículo. Su amigo Yuri Livchenko asegura que él se encontraba agachado limpiando la parte frontal del coche. Acababan de llegar. Había puesto música y se disponían a limpiar el interior de trozos de cristal.

La pareja había encontrado el coche en una aldea cercana, abandonado tras ser alcanzado por los tiroteos. La carrocería muestra las marcas de más de una docena de disparos.

«Estaba estropeado. Nos lo dio un soldado ucraniano para arreglarlo. Estaba lleno de cosas: bolsas, un colchón, mantas. No se nos ocurrió revisarlo«, añade Livchenko.

De repente, Yuri escuchó una enorme explosión. Al acercarse a la parte trasera descubrió a Oleg tirado en el suelo, gritando y malherido. Estaba tumbado sobre un charco de líquido rojo. Murió nada más llegar al hospital.https://omny.fm/shows/el-mundo-al-dia/mientras-tanto-en-rusia-propaganda-listas-negras-y/embed

«No sé lo que era. Imagino que había una mina dentro de los sacos», afirma en su humilde vivienda de Hoholiv.

La policía se personó en el lugar poco después y su informe establece que Oleg se topó con un explosivo abandonado por los rusos. El comunicado oficial concluía con una «advertencia»: «Hacemos un llamamiento a los ciudadanos que regresan a los territorios liberados. No toquen objetos que no hayan sido revisados por especialistas. Recomendamos no regresar a los apartamentos hasta que los expertos antiexplosivos hayan inspeccionado las instalaciones».

La misma suerte de la que careció Oleg, de 32 años, se alió con el joven Denis Slobodyanyk, que habita en la aldea de Lytvynivka, situada como Hoholiv en las inmediaciones de Kiev.

El chaval de 17 años se encontraba acompañado de otros cuatro jóvenes el pasado día 15. El grupo se dirigió a las ruinas del antiguo club social del villorrio, que hasta la llegada de los soldados rusos era uno de los lugares de reunión preferidos de los adolescentes locales.

Los militares del país vecino se habían replegado varios días antes. El habitáculo abandonado fue una de sus posiciones durante semanas.

El lado izquierdo de su rostro es un mosaico de cicatrices y marcas de la metralla. Le salvó el hecho de que no se trataba -dice- de granadas reales sino bombas de sonido.

«Había subido al segundo piso y al entrar en la habitación pisé uno de los cables. La explosión me empujó hacia atrás y entonces pisé el segundo. Salí cubierto de sangre, pero andando. No me desmayé«, manifiesta.

Ese mismo día los uniformados que se hicieron cargo de la vigilancia de Lytvynivka -ubicada a 50 kilómetros al norte de Kiev- descubrieron otros dos artefactos similares.

«Y eso que ya había pasado por aquí el equipo de desactivadores. Esos debieron de ser los que no vieron», explica Andre (no quiere dar el apellido), el uniformado que descubrió las bombas trampa en una vivienda privada.

Oleg y Denis han sido víctimas del estremecedor legado que ha dejado la ocupación rusa en el entorno de la capital ucraniana. El propio presidente Volodimir Zelenski alertó hace días sobre esta «herencia» envenenada.

Un hombre limpia los escombros en un edificio destruido, en Hostomel.
Un hombre limpia los escombros en un edificio destruido, en Hostomel.METIN AKTAS / AFP / CONTACTO

«Los soldados rusos dejaron decenas, o cientos de miles de artefactos peligrosos: proyectiles, minas, trampas. Dejaron minas en todas partes: en las casas, en las calles, en los campos. Minaron los autos, las puertas. Cuando se vieron obligados a retirarse hicieron lo posible para matar o mutilar a la mayor cantidad posible de nuestra gente», afirmó en una alocución pública.

Según un vídeo que difundió hace pocas jornadas el Ministerio del Interior ucraniano, los desactivadores de explosivos que están visitando las localidades de esa zona han encontrado un catálogo interminable de artefactos sin detonar, munición y muchas bombas trampa: granadas de mano escondidas en vasos, listas para activarse cuando se mueve el recipiente; atadas a árboles; una que estaba oculta en una lavadora, otra tapada por sacos de patatas y minas disimuladas entre bolsas de la compra o trozos de madera. La misma grabación permitía ver uno de los explosivos repletos de clavos.

Los servicios de emergencia ucranianos estiman que hasta este domingo habían eliminado más de 65.000 explosivos abandonados por los rusos, en su mayoría bombas o munición de todo tipo, pero también decenas de estos artefactos ideados para matar, que ya han comenzado a dejar un goteo de víctimas.

En este sentido, la emisora local Canal 24 informó este domingo que cinco niños habían fallecido en la población de Trostyanets al explotar una mina rusa abandonada.

Un simple recorrido por nombres ahora tan tristemente célebres como Bucha, Irpin, Vorzel o Hostomel permite apreciar el riesgo que entrañan estos artilugios, que se han convertido en una imagen recurrente, en toda la región.

«ATENCIÓN: JUGUETES PELIGROSOS»

Las marcas con pintura blanca que señalan la presencia de «minas» en la entrada del Gimnasio Reforma, en Irpin, son ahora una constante en todas estas localidades, donde los militares han comenzado a repartir folletos explicativos sobre la apariencia de estos explosivos en los controles instalados a la entrada de las localidades.

«Atención: los juguetes y los objetos abandonados pueden ser peligrosos», se lee en el texto junto a un dibujo de un oso de peluche y varias bolsas de viaje.

El balance de la ocupación rusa en los alrededores de la capital no se estima sólo en vidas humanas -las autoridades ya han encontrado los cadáveres de más de 900 civiles, la mayoría con disparos- sino también en la devastación que dejaron a su paso.

Las rutas secundarias que discurren por esta comarca son una continua sucesión de vehículos desvencijados, restos de parafernalia bélica calcinada y edificaciones arrasadas.

Los signos que revelan la ferocidad del combate que se libró en esta región se descubren por primera vez a 30 kilómetros de Hostomel: todo un reguero de impactos de mortero sobre el asfalto.

Las fuerzas rusas establecieron cientos de posiciones excavadas entre las arboledas, los arcenes de las carreteras y los campos del entorno de la capital. Zanjas donde instalaron sus blindados, sus casamatas de plástico y hasta una improvisada sauna de madera que apareció en las inmediaciones de Vorzel, otra de las villas satélites de Kiev.

A la entrada de Irpin, el complejo de apartamentos de lujo que pretendía ser uno de los grandes centros residenciales de la población ni siquiera pudo ser concluido antes de que quedara devastado por los impactos de la artillería. La mayoría de los últimos domicilios de estos bloques de una quincena de pisos han sido atravesados por los obuses que han horadado la fachada.

Las autoridades locales han movilizado a más de 10.000 voluntarios para intentar limpiar la zona de parafernalia bélica, escombros y los numerosos despojos que dejó la refriega. Hay decenas de grúas que se afanan en acumular en algunos depósitos el largo listado de coches reducidos a pura chatarra y arrumbados en los arcenes.

El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, se sumó este sábado a las voces de dirigentes locales que piden a la población de la metrópoli que no regrese todavía a sus domicilios no sólo ante los renovados ataques rusos con misiles sino también ante la incapacidad local de asegurar la limpieza de las urbes que fueron controladas por las fuerzas de Moscú.

En los pequeños caminos que circunda Hostomel no es raro encontrarse cohetes Grad empotrados en la carretera y más marcas de pintura roja que alertan sobre la presencia de explosivos entre la arboleda o en el interior de los edificios semi derruidos.

«No se le ocurra apartarse del asfalto. Han dejado todos los caminos repletos de minas», alerta en un perfecto inglés un uniformado local en uno de los habituales puestos de vigilancia que se multiplican por el área.

El ministro del Interior, Denis Monastyrsky, ha reconocido que Ucrania no dispone de los suficientes medios para acometer el desminado de las zonas liberadas especialmente en pleno conflicto y ha pedido ayuda a los países occidentales.

De hecho, el responsable de la administración regional de Kiev, Oleksandr Pavliuk, opina que se tardará hasta un año en eliminar todas las minas de esta parte del territorio ucraniano. Las autoridades locales han prohibido visitar los parques y bosques del noreste de la capital por el mismo motivo.

La eliminación de los artefactos olvidados por los militares rusos se ha convertido en una de las prioridades de los autoridades locales y motivo de inspiración para los residentes hasta el punto de que uno de los nuevo héroes de sus redes sociales no es otro que Dog Patrón, un pequeño terrier utilizado por las unidades de desminado en el área de Chernigov, al que se atribuye el descubrimiento de cientos de minas.

Duchos en la lucha por ganarse a la opinión pública, la Policía Nacional ha recuperado los dibujos y diseños dedicados a la figura de Patrón para lanzar otra de sus habituales campañas publicitarias estableciendo un paralelismo entre la «devoción» y el trabajo «incansable» del can y el destino del país.

«Los grandes héroes no son necesariamente grandes. Por eso, creed en vuestra fuerza, en nuestros defensores, en nuestra victoria», se leía en el comunicado que acompañaba a las imágenes del gracioso chucho.

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