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Un «invento americano. Los efectos devastadores de un ataque nuclear

SALUD

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Actualizado Viernes, 15 abril 2022 – 

Maesba:-Esto es lo queda después de lanzar en Hiroshima una bomba atómica por los americanos .Esto fue el inicio del primer acto TERRORISTA las ciudades en una guerra. Ahora ya es tradicional hacerlo.

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Ruinas de Hiroshima tras la explosión de la bomba atómica en la Segunda Guerra Mundial
Ruinas de Hiroshima tras la explosión de la bomba atómica en la Segunda Guerra MundialREUTERS

Gran parte de la información sobre los efectos de las armas nucleares sobre la salud provienen de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki en 1945 y los estudios sobre la evolución de los supervivientes. Las bombas empleadas en Japón tenían una potencia de 13 y 21 kilotones respectivamente, lo que provocó entre 160.000 y 210.000 muertes y la destrucción de una superficie de en torno a 20 kilómetros cuadrados en conjunto.

Se sabe que los efectos de una bomba nuclear dependen del tamaño de la ojiva, la distancia de la detonación y el entorno. Pero cualquiera de estas armas tiene un gran poder de destrucción. Un solo kilotón equivale a emplear mil toneladas del explosivo TNT.

La detonación de un arma nuclear produce, en primer lugar, una intensa bola de fuego que libera calor, ondas de choque y radiación.

En el epicentro de la explosión, la temperatura aumenta hasta alcanzar miles de grados centígrados, lo que destruye a cualquier ser vivo. Las quemaduras, no obstante, dependiendo de la potencia del dispositivo, pueden afectar a personas en un radio de hasta 3 kilómetros de la explosión, según un informe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que también advierte de los daños oculares y la ceguera temporal que puede provocar, por efecto flash, haber contemplado la explosión sin protección.

A la bola de fuego y el calor se sumaría, seguidamente, una onda expansiva que provocaría derrumbamiento de edificios y colapso de infraestructuras. Pero, además, la liberación de radiación tendría efectos inmediatos sobre el organismo de los individuos afectados. A dosis muy elevadas, esta radiación provoca daños graves en el sistema nervioso central y lesiones en el tracto gastrointestinal. Pero incluso con una exposición menor, esta radiación también puede afectar a la médula ósea e impedir la producción adecuada de nuevas células de la sangre, lo que afecta, por ejemplo, al funcionamiento del sistema inmunitario. Este efecto, además, puede extenderse en la distancia y en el tiempo. «El viento puede transportar la lluvia radiactiva a considerables distancias y afectar a una población mucho más numerosa que la aniquilada por la onda de choque y el fuego», señala el documento del CICR.

Los supervivientes del ataque, en cualquier caso, se enfrentan a un mayor riesgo de desarrollar en el futuro trastornos oncológicos, como el cáncer de tiroides o la leucemia. «Las enfermedades y muertes relacionadas con la radiación [en Hiroshima y Nagasaki] se siguen observando incluso hoy entre los sobrevivientes, ahora entrados en la ancianidad», señala el texto.

A estas consecuencias para la salud de un ataque nuclear habría que añadir los efectos indirectos que se derivarían de la destrucción y muerte de los recursos y el personal sanitario disponibles.

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