LA VILA DEPORTES

La Vila Joiosa y el ‘pesca turismo’ de un pueblo que nunca ha dejado de hablar con el mar

ALICANTE

El pueblo levantino es famoso por sus casas de colores y un patrimonio 

Las casas de pescadores pintadas de colores se han convertido en el emblema de La Vila Joiosa
Las casas de pescadores pintadas de colores se han convertido en el emblema de La Vila Joiosa TONO BALAGUER

ALBERTO PIERNAS

13/04/2022

Una sábana de color negro cuelga del balcón de una casa azul pintada en primera línea de playa. A lo lejos, un barco de marineros locales regresa desde América, o quizás Filipinas. Uno de los navegantes se asoma a la proa y reconoce la casa azul de la que cuelga la sábana. También el color negro que indica que alguien de su familia ha fallecido mientras él estaba en alta mar.

Desde hace siglos, La Vila Joiosa (o La Vila para los locales) ha conversado con el mar a través de objetos, viviendas y mitos que hoy enriquecen su historia. Descubrimos los secretos de este pueblo icónico a 32 kilómetros de la ciudad de Alicante que reluce entre antiguas murallas, playas de cuento y colores, muchos colores.Lee también

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El pueblo que habla con el mar

El origen de los colores en La Vila cabe encontrarlo en su origen marinero. Durante el siglo XVI, La Vila Joiosa era considerado un punto estratégico en la defensa de la costa alicantina contra los ataques de los piratas berberiscos, motivo que llevó a fortificar el pueblo además de introducir diferentes torres vigías adheridas a antiguas masías. Tras el cese de los ataques, la actividad de La Vila se desplegó a extramuros hasta fundirse con el mar Mediterráneo.

Las casitas de los primeros marineros se ubicaban frente a la playa, pero su estética era tan similar que los pescadores decidieron pintar cada vivienda de un color diferente para así reconocer su hogar al regresar por el horizonte. Al avistar la línea de colores junto al mar, el vilero podía identificar no solo su fachada, sino también mensajes tendidos por sus familiares a través de telas y sábanas de color negro (fallecimiento de un familiar), o blanco (nacimiento de un nuevo miembro).

Los pescadores de la Vila Joiosa pintaban sus casas de colores para reconocerlas a lo lejos a su regreso JJuan Nogueron

Muchos años después, La Vila es el fiel reflejo de su pasado: no hay más que dejarse caer por el casco antiguo, considerado Bien de Interés Cultural, para perderse por el callejón del Pal, tan perfumado de arroces, pebrereta y ropa tendida entre la que alguien ha camuflado una cola de sirena. Las casas colgantes asomadas al río Amadorio, el ambiente de la calle del Arsenal (donde tomarás esa típica foto), o los niños cargados con flotadores de unicornios cada verano. En el casco antiguo de La Vila se prescinde del ABC turístico para dejarse llevar por la nostalgia de sus colores, los tejados tras los que asoma una palmera, los aires acondicionados erosionados por el salitre o un paseo hasta el puerto.

Precisamente es en la lonja donde La Vila ha profundizado estos meses en nuevas propuestas de pescaturismo como punta de lanza de su herencia marinera. El tour “Del mar a la mesa” es la apuesta por revivir las antiguas costumbres locales al visitante a través de la inmersión en las artes de la pesca y los barcos de altura y bajura. Tras las explicaciones, se visitan los barcos para descubrir el género del día y enlazar con su posterior subasta en la lonja. Como guinda, el visitante accede al restaurante del Club de Tenis, donde el chef Toni Mayor ejerce de perfecto mentor de una velada gastronómica.

La Vila ha profundizado en nuevas propuestas de pescaturismo como punta de lanza de su herencia marinera

“Esta propuesta se basa en la filosofía de las mujeres de los pescadores y su típico ¿Qué nos ha traído la mar? cuando sus maridos volvían a casa”, nos cuenta Beatriz Almarcha, responsable del proyecto. “Traemos pescado del día que adquirimos previamente en la lonja para elaborar un plato en una cocina amplia y un ambiente distendido. 

Toni nos ofrece dos tapas de autor y buen vino mientras distribuimos los puestos para preparar la comida, generalmente un típico suquet de peix – un guiso marinero -: una persona se encarga de pelar cebolla, otra de limpiar pescado, y mientras vamos picoteando. Al final del día todos terminamos comiendo lo que hemos preparado”

Un proyecto nacido de la colaboración del Ayuntamiento de La Vila Joiosa y la Cofradía de Pescadores como forma de potenciar el pesca turismo, tendencia que permite diversificar las actividades pesqueras de pueblos del litoral y cuyo auge apuesta por reconectar con el pasado de un territorio.

Mediterráneo de azúcar y otros placeres gourmet

Más allá de la pesca, existen otros atajos al pasado de La Vila a través del paladar, sus matices dulces y salados. La actividad marinera de La Vila Joiosa no solo se nutría del pescado, sino también del comercio del chocolate procedente de las rutas con Marsella, Guinea o América, las cuales proveían de algodón, papel de fumar o exóticas mazorcas de cacao que entraban destrangis desde el puerto de la ciudad de Alicante. La Vila Joiosa fue pionera en la exportación de dulces en la Comunidad Valenciana a partir del siglo XVIII, aunque la primera fábrica de cacao no surgió hasta 1840. Para 1937, ya existían 29 chocolaterías en el pueblo que distribuían sus manjares por toda España.

El Museo del Chocolate de la Fábrica Valor ilustra con curiosidades del cacao, su proceso de elaboración o los envoltorios originales 

Actualmente podemos visitar tres fábricas. Chocolates Pérez es la más pequeña pero también la más auténtica, ya que es la única factoría que mantiene su cadena de producción artesanal con el nieto del fundador original guiando las visitas. Desde aquí, podemos enlazar con el Museo del Chocolate de la Fábrica Valor, la más importante. En este templo digno de Willy Wonka se ilustra al visitante con curiosidades del cacao, su proceso de elaboración o los envoltorios originales de las chocolatinas. Por último, encontramos Chocolates Clavileño, fábrica abierta desde hace más de 130 años en torno a un molino de granito, entre otros enseres tradicionales