Benidorm

El juicio a Vladímir Putin

PREMIUM

Actualizado Miércoles, 13 abril 2022

El problema es ¿Quién sentaría a Putin ante un tribunal por crímenes de guerra?

El presidente ruso, Vladímir Putin.
El presidente ruso, Vladímir Putin.EFE

Son buenos días para ver El juicio a Ratko Mladic. No tanto porque este documental, dirigido por Henry Singer y Robert Miller y disponible en Filmin, sea perfecto -no lo es-, sino porque el juicio al antiguo líder militar de los serbobosnios adquiere hoy una sorprendente actualidad. Como ha señalado Elios Mendieta, la imagen del responsable de buena parte de las atrocidades cometidas en los Balcanes en un juzgado de La Haya nos permite fantasear con un juicio a Putin por crímenes de guerra. Permite, incluso, imaginar su final: en la última sesión del juicio, Mladic estalla en una diatriba desquiciada contra la OTAN. En el discurso de sus partidarios se atisba, además, la herida narcisista que el nacionalismo serbio comparte con el ruso: el lamento por que el resto del mundo no los comprenda, el cinismo airado que lleva a los agresores a presentarse como víctimas, el uso de comparaciones irrelevantes para justificar lo injustificable, y la desfachatez de responder a acusaciones -¡probadas!- de gravísimos crímenes con el argumento de que los otros también son malos.

El problema, claro, es ¿quién sentaría a Putin ante un tribunal? Es difícil que se repitan las condiciones que permitieron que se juzgara a 161 individuos -entre los que estaban dirigentes tan importantes como MladicMilosevic Karadzic– por los horrores de los Balcanes. En primer lugar, porque el tribunal que se encargó de aquella causa fue creado por el Consejo de Seguridad de la ONU con el voto favorable de Rusia; no votarán ahora los rusos a favor de que se investiguen sus propios crímenes. En segundo lugar, porque Serbia colaboró con la justicia y entregó a muchos de los acusados tras una derrota militar y un cambio de Gobierno. Además, su vulnerabilidad económica animó a los nuevos dirigentes a cooperar con la justicia a cambio de reintegrar al país en la comunidad internacional. Ninguno de estos escenarios parece cercano en el caso ruso: sería necesaria su derrota total en Ucrania, seguida de un cambio de régimen y una catarsis pro-occidental. Es más probable que las compras europeas de gas y petróleo sigan pagando las nóminas de los soldados rusos hasta que estos se cansen de matar, torturar, violar y saquear al pueblo ucraniano. Se pone en cuestión, así, el único mensaje optimista del juicio a Mladic: no hubo impunidad para los carniceros de los Balcanes. ¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificar por que tampoco la haya para los de Ucrania?

Categorías:Benidorm, Uncategorized