Benidorm

Borodyanka, el otro Bucha que espanta al mundo

GUERRA EN Ucrania

La localidad ucraniana sufre un horror de muerte y destrucción bajo la ocupación rusa

Una mujer pasa frente a un edificio derruido en Borodyanka.
Una mujer pasa frente a un edificio derruido en Borodyanka.ZUMA PRESS

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Actualizado Martes, 12 abril 2022 –

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Contó espantada hasta 48 tanques rusos circulando por la calle que pasa bajo su ventana. También observó varios vehículos militares, pero no recuerda cuántos. En ese momento no podía imaginar las semanas de ocupación brutal que su pueblo padecería bajo el mando de los invasores.

Y cuando rememora el sonido estremecedor de los bombazos que comenzaron al poco tiempo de la aparición de los militares enemigos, Ielena, una mujer setentona de aspecto bonachón, se echa a llorar. Ahora vive sola porque al poco de la llegada de las tropas de Vladimir Putin, mandó a sus dos nietos adolescentes a casa de unos parientes en Polonia para protegerles. Los había acogido en su hogar desde que su hija se suicidó hace un año, y al rememorar su pérdida, tampoco puede contener las lágrimas. Pero enseguida vuelve a la guerra y al horror que ha sufrido Borodyanka, la localidad a 50 kilómetros de Kiev que Volodimir Zelenksi anticipa que puede ser peor que Bucha por la cantidad de muertos que hallarán bajo los escombros y las fosas comunes que encuentren de civiles asesinados por los rusos. Habían salido de Chernóbil y la ocuparon el 24 de febrero. Solo se fueron el domingo anterior, al decidir el Kremlin reagrupar sus tropas para mandarlas al este y al sur del país.

«Ha sido espantoso, bombas todo el tiempo. Y estamos sin agua ni luz», detalla la mujer, que se santigua a cada momento y se siente afortunada porque los aviones que bombardearon los edificios cerca de su casa, no tocaron el suyo.

En Borodyanka impresiona el grado de destrucción de lo que era una tranquila población de trece mil habitantes, a orillas del río Dnieper. En la calle principal se suceden los edificios en ruinas y otros ennegrecidos por el fuego, que aún despiden olor a quemado. Y hay uno situado frente a la plaza que preside la estatua del gran poeta ucraniano, Tarás Shevchenko, que ya no existe. No resistió los ataques y se vino abajo por completo. Los bomberos, tanto nacionales como extranjeros, ayudados por excavadoras, siguen buscando supervivientes o cadáveres entre montañas de cascotes. Los peores augurios hablan de decenas o cientos de fallecidos que deben aparecer.

«Sigo sin entender que los aviones rusos lanzaran sus bombas contra nuestras casas, aquí no había un solo soldado, algún que otro policía como en toda localidad, pero no eran cuarteles, nunca podrían ser un objetivo militar, solo vivíamos familias y muchos niños», exclama Sergei, un cincuentón que compró su piso cuando salió de Chernóbil, en 1986, y ahora está destrozado. Ha vuelto para recoger lo que pueda aprovechar a pesar de la mezcla de dolor y rabia que siente por la cantidad de vecinos que murieron. Explica que cuatro de ellos, de los 26 que lleva contabilizados hasta el momento, perdieron la vida al no poder salir del sótano donde se refugiaron muchos de ellos. Pero no sabe si los escombros les sepultaron vivos o si les mató algo pesado que les cayera encima. Al tratarse de construcciones modestas, no cuentan con búnkeres resistentes, sino con salas bajo tierra que no ofrecen garantías.

«ABRIERON FUEGO CONTRA CIVILES DESARMADOS»

Además de los bombardeos, el alcalde, Georgiy Yerko, acusa a los rusos de asesinar a muchos de sus paisanos con disparos indiscriminados de rifles, cañones y francotiradores. «Abrieron fuego contra civiles desarmados», denuncia. También les reprocha que no les dejaran rescatar supervivientes en las casas arrasadas por los bombarderos y los tanques, y que solo en contadas ocasiones y por corto espacio de tiempo les permitieran corredores humanitarios para evacuar a mujeres y niños.

«Han destruido infraestructura, no tenemos luz, agua y solo algunos cuentan con gas. También acabaron con los depósitos de gasolina, colegios, guarderías, centro de comunicaciones. Abrían fuego contra los civiles, no dejaron que atendieran a los heridos, ni que pasara comida y medicinas», apunta. En suma, crímenes de guerra que ya están investigando sobre el terreno equipos especializados de derechos humanos de varios organismos y ONGs. Los pocos residentes que aún quedan, exigen, al igual que el gobierno de Zelenksi, que tanto Vladimir Putin como todos los directos responsables, paguen por las atrocidades que han cometido y que irán saliendo a la luz a medida que las poblaciones ucranianas que estaban en manos de los rusos, recobren la libertad.

Mientras este diario recorría las ruinas de Borodyanka, topamos con la visita de la primera ministra de Lituania, Ingrida Simonyte. Iba acompañada por su homólogo ucraniano, Denis Shmihal. «Las palabras no pueden describir lo que he visto y sentido», escribió la mandataria lituana en su cuenta de Twitter. Y no solo es cierto en Borodyanka: cuando regresamos a Kiev o Kyiv, atravesamos caseríos con infinidad de modestas casas derruidas y munición sin explotar, otro riesgo para las poblaciones que las autoridades tendrán pronto que retirar.