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ELECCIONES EN FRANCIA¿Presidenta Le Pen en quince días?

Opinión PREMIUM

  • FELIPE SAHAGÚN

Actualizado Domingo, 10 abril 2022 – 22:37

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Sede de Marine Le Pen ayer en París.
Sede de Marine Le Pen ayer en París.AP

A las siete de la tarde de este domingo el cuartel general de Macron era un manojo de nervios, el de Le Pen era una fiesta y en ambos se valoraba el 26.2% (provisional) de abstención, la más alta desde 2002, como señal de descontento. Ambos daban por seguro el pase a la segunda vuelta de sus candidatos, que los resultados provisionales de las 8 de la tarde confirmaron.

Hace justo 20 años, Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional (FN) y padre de la actual candidata Marine Le Pen, sorprendió a la Francia cansada de Jacques Chirac quedando a sólo 800.000 votos del presidente en la primera vuelta.

LOS CANDIDATOS

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La izquierda se tragó sus principios, se tapó la nariz y, quince días después, reelegía a Chirac con 20 millones más de votos que Le Pen.

La segunda vuelta del sistema electoral francés está pensada precisamente como barrera contra demagogos, vendepatrias y populistas, y hasta hoy ha funcionado. Este domingo tocaba votar con el corazón; el 24 toca votar con la cabeza. Hoy empieza una nueva carrera.

¿Se repetirá la historia? De ser así, todo indica que será con resultados mucho más ajustados. Nos esperan quince días de vértigo.

En 2017, la nueva líder del FN (Agrupación Nacional desde 2018), quedó a un millón de votos de Emmanuel Macron en la primera vuelta y perdió la segunda por unos 10 millones, con una participación del 74,56%. Este domingo, según la encuesta provisional de Ipsos, Macron obtuvo el 28.1% y Le Pen el 23.3%.

«El peligro extremista hoy es mucho mayor que hace unos meses o años», advertía Macron en su último discurso de campaña. Las encuestas le siguen dando la victoria, pero por un margen mucho más estrecho -de 3 o 4 puntos- sobre Le Pen el 24 de abril.

Tras cinco años de crisis permanente (chalecos amarillos, reforma de pensiones, huelgas y, desde el 24 de febrero, una guerra en Ucrania que ha trastocado el sistema europeo de la Posguerra Fría), Macron pide cinco años más «para acabar con un país dividido».

Para evitar el desastre, tendrá que convencer en las próximas dos semanas a los votantes de los principales candidatos de la derecha –Valérie Pécresse– y la izquierda –Jean-Luc MélenchonJannick Jadot y Anne Hidalgo– de que olviden sus sentimientos y vuelvan a salvar a Francia de males mayores.

A dos días de la primera vuelta, Pécresse adelantó en France Inter que no dará consignas a sus votantes, pero «sí diré a quién votaré. Que los franceses decidan lo que quieran».

El mismo día, en las mañanas de RMC/BFMTV, Mélenchon, el dirigente de Francia Insumisa, con 16 diputados y tercero en las encuestas, se salía por la tangente: «Hoy no tiene sentido dar consignas, pero siempre he dicho que no daré mi voto a la extrema derecha… No tiene sentido que pida el voto para candidatos contras quienes no he dejado de luchar».

Tras dinamitar los pilares del sistema de partidos de la V República e inventarse un nuevo movimiento de centro que reducía escombros a los partidos socialista y republicano tradicionales, el «jupiterino» neogaullista Macron prometió en 2017 una nueva Francia reformista, europeísta y neoliberal.

Le dio buenos resultados para llegar a la presidencia, pero dejó el sistema político francés con una alternativa peligrosa: él o un extremista.

«Con Macron… la izquierda francesa se ha volatilizado, dividido, y sus representantes más responsables han desaparecido», advertía este domingo en el ‘New York Times’ Roger Cohen. Lo que ha ofrecido en su lugar «es un barco casi vacío que sólo cuenta, para ganar, con la estatura presidencial de Macron».

Subestima a los franceses y a Francia, añade, «donde los regicidios son cosa del pasado, pero las decapitaciones políticas se suceden cada cinco años».

«Este país ha perdido las estructuras políticas imprescindibles en una democracia», lamentaba Hollande el mes pasado.

Con un 50% de los franceses identificados con la derecha (Ipsos, Cevipof y Fundación Jean-Jaurés), desde su llegada al Elíseo Macron ha impulsado una agenda mucho más próxima a esa derecha mayoritaria que al centro-izquierda con el que se estrenó en política con Hollande. Ahora tiene que pivotar a la izquierda.

Con sus reformas laboral y fiscal, su impuesto único del 30% a sociedades y toda clase de facilidades a las inversiones extranjeras, se ha ganado a pulso la hostilidad de los sindicatos y el apoyo de las grandes empresas, ha reducido el paro del 10% al 7.4% (el más bajo en 10 años, pero con mucho empleo precario) y ha convertido a Francia en el primer destino de la inversión extranjera (12.000 millones de euros en 2021).

De «enemigo del mundo de las finanzas» con Hollande, el Gobierno de Macron ha pasado a ser «el mejor amigo de los ricos» para sus adversarios. «Lo hemos logrado sin debilitar el escudo protector de los trabajadores», responde el presidente, pero el impacto de la pandemia y de la guerra en la inflación y en el poder adquisitivo juegan en su contra.

Consciente de que, para vencer de nuevo en la segunda vuelta, necesita sumar muchos votos de la izquierda, en sus últimas intervenciones públicas Macron ha bajado del púlpito de estadista y ha recuperado el discurso de la «fraternidad», la «solidaridad» y la «igualdad de oportunidades» como prioridades de su segundo mandato si es reelegido, algo que no ha sucedido con ninguno de sus predecesores en veinte años.

¿Puede llegar a ser Marine Le Pen la próxima presidenta de Francia en su tercer intento? Las encuestas responden que no, el modelo estadístico del Economist confirma ese pronóstico, pero, tras los batacazos del Brexit y de las presidenciales estadounidenses de 2016, con la victoria de Donald Trump, pocos se atreven a darlo por imposible.

«Estamos a un minuto de la medianoche», escribía el pasado fin de semana en ‘Le Journal du Dimanche’ el ex primer ministro Manuel Valls. «Le Pen puede ser la próxima presidenta de Francia».

De producirse la sorpresa, la dirección de Francia, la segunda economía y la única potencia nuclear de la Unión Europea, quedaría en manos de una escéptica sobre la OTAN y la UE, proteccionista, más próxima a Putin que a Zelenski en la guerra de Ucrania y contraria a la inmigración de no europeos.

Iliberales como Orban. republicanos como Trump, que confían en recuperar el control del Congreso en noviembre, Putin y Xi Jinping celebrarían su triunfo, la Administración Biden perdería a uno de sus principales colaboradores en Europa y la UE, este semestre bajo Presidencia francesa, sufriría una varapalo mucho mayor que con el Brexit.

La entrada del ultraderechista Éric Zemmour en la campaña ha facilitado la nueva imagen de Le Pen: mejor documentada que en el debate televisado del 2017, evitando referencias xenófobas, difuminando sus relaciones con Putin y proyectando la imagen de madraza, rodeada de gatos y preocupada, sobre todo, por los salarios y las pensiones de la clase media-baja que no ha visto ningún beneficio en los éxitos económicos de Macron.