Benidorm

El pacto que «traiciona» a un millón de saharauis: «Preferimos no tener patria a ser marroquíes»

ESPAÑa

Unos 600.000 saharauis viven en el Sáhara Occidental, entre la zona ocupada y el territorio liberado; mientras que 173.000 se refugian en los campamentos argelinos de Tinduf

Concentración ante la Subdelegación del Gobierno en Alicante a favor de la independencia del Sáhara Occidental.
Concentración ante la Subdelegación del Gobierno en Alicante a favor de la independencia del Sáhara Occidental.MorellEFE

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  • GABRIELA GALARZA
  • Actualizado Viernes, 25 marzo 2022 –

En la costa noroeste del continente africano, al sur de Marruecos y colindando con Argelia y Mauritania, se sitúa el Sáhara Occidental. Este territorio de casi 270.000 kilómetros cuadrados, rico en fosfatos y con uno de los mayores bancos pesqueros del mundo, ha sido objeto de una disputa territorial que se remonta a 1975 cuando España abandonó la que hasta el momento había sido su provincia número 53.

Han pasado ya 46 años desde entonces. Años en los que el pueblo saharaui ha vivido dividido entre la zona que quedó ocupada por Marruecos, tras la salida definitiva de España -todo el litoral atlántico y las explotaciones mineras- y los territorios liberados por el Frente Polisario. Un gran muro de arena se levanta entre ambas zonas, que separa a los 616.540 saharauis que Naciones Unidas estima que haya actualmente en el Sáhara Occidental, aunque se desconoce la cifra exacta de cuántos viven en cada territorio.

Desde la década de los 80 el pueblo saharaui ha ido creciendo en número, como consecuencia de una férrea política de natalidad que impulsó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) con el fin de sobrevivir como pueblo y para crear un ejército más numeroso.

Larosi Haidar, profesor en la Universidad de Granada, se alistó en el Frente Polisario donde combatió contra la ocupación hasta el alto el fuego de 1991. Nació en la antigua capital del Sáhara español, El Aaiún, y fue testigo de la crudeza con la que el pueblo saharaui fue tratado por los marroquíes. «La gente vivía con terror, estaba todo militarizado, no se podía hablar, ni hacer nada. Fue horroroso», recuerda.

El conflicto entre Rabat y el Frente Polisario provocó que un gran número de saharauis tuvieran que exiliarse a los campamentos de refugiados de Tinduf, Argelia. En la hamada argelina, conocida como el «desierto de los desiertos» se levantan cinco asentamientos que llevan el nombre de ciudades del Sáhara Occidental: BojadorDajlaSmaraAuserd y El Aaiún.

Naciones Unidas estima que más de 600.000 saharauis viven en el Sáhara

En este lugar inhóspito y aislado del mundo viven alrededor de 173.600 saharauis, según estimaciones de las principales organizaciones internacionales, que esperan una solución que les permita volver a su tierra. «Mi madre todavía conserva la llave de su casa», cuenta Taleb Alislam. «Han pasado casi 50 años desde que mis padres huyeron a Tinduf por la guerra y aún mantienen la esperanza de volver algún día». Alislam nació hace 29 años en los campamentos de refugiados de El Aaiún, donde recuerda haber tenido una infancia feliz. «La vida allí no es fácil», explica, «no hay agua potable, ni electricidad y la comida escasea, pero cuando no tienes con qué compararlo, te parece que eso es lo normal».

Estos campamentos dependen de la ayuda humanitaria para subsistir. «Una tierra tan rica como es el Sáhara, con una explotación pesquera tan importante y a los campamentos nos llegan sardinas en lata que traen los camiones de las ONG», señala Taleb.

Muchos de los refugiados que viven en los campamentos no conocen otra realidad. No fue el caso de Taleb que, gracias al programa Vacaciones en Paz, pudo viajar a España con tan solo ocho años y se quedó a vivir con una familia de acogida. «Cuando llegas a España y te encuentras con que hay escaleras, el agua sale por el grifo, la luz se enciende cuando aprietas un botón… El shock es grande. Por no hablar de la tele», confiesa. Gracias a que sus padres nacieron en el Sáhara español y a que ambos tuvieron DNI, Taleb no se encontró con grandes trabas burocráticas a la hora de adquirir la nacionalidad española, como sí le ocurre a la mayoría.

En el momento en que España abandona el Sáhara en 1975, los saharauis perdieron su condición de ciudadanos españoles. A partir de ahí, el pueblo saharaui debía renunciar a su identidad y elegir entre ser marroquí, argelino o mauritano, según el lugar al que se desplazaran. Este conflicto sin resolver se ha agravado en la última semana después de que Pedro Sánchez respaldara la postura de Marruecos y decidiera otorgar una autonomía limitada al territorio, descartando cualquier referéndum de autodeterminación. Una actuación que tildan de «traición» las fuentes consultadas

Halori va más allá y se muestra crítico con los Gobiernos socialistas y afirma que «el único gobernante español que ha hecho algo por los saharauis, que apoyó nuestra postura y que mantuvo una posición, al menos respetable en lo que respecta a la política exterior española, fue Aznar«.

En los campamentos de Tinduf hay más de 173.000 refugiados saharauis

«Han pasado 47 años y parece que la gente no entiende que los saharauis no quieren la nacionalidad marroquí y prefieren no tener patria», asegura Carlos Ruiz Miguel, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela y director del Centro de Estudios sobre el Sáhara Occidental. «Dado que nuestro país no reconoce la RSAD y tampoco les reconoce a los saharauis la nacionalidad española, porque eso sería reconocer que aún tiene responsabilidades, muchos optan por ser apátridas».

En este sentido, España es uno de los pocos países que contempla el estatuto de apátrida y lo reconoce en aquellos casos en los que la persona que lo solicita «no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación», recoge el Ministerio del Interior, que cifra en 3.156 el número de apátridas saharauis en nuestro país.

Los saharauis tildan de traición el cambio de postura de Pedro Sánchez

Nama es apátrida. Este joven de 23 años llegó a Almería hace casi una década con el mismo programa que Taleb. Viajó con pasaporte argelino que adquirió por haber nacido en Tinduf, pero hace dos años se vio obligado a renunciar a toda patria con el objetivo de conseguir en un futuro la nacionalidad española y poder así opositar para convertirse en profesor, lo que siempre ha querido. «En diez años, la ley me concede la ciudadanía española», explica con enfado. «Llevo ya diez años en España estudiando. Llegué sin saber el idioma, lo aprendí y me he esforzado mucho por ir superando todos los obstáculos con los que me he encontrado. ¿Por qué tiene que ser el Gobierno el que decida sobre mi futuro y sobre mi identidad?»

Su familia permanece en Tinduf, su madre nunca ha salido de ahí. Su padre, en cambio, trabajó para el ejército español cuando el Sáhara era provincia española. «Tengo el recuerdo de que mi padre recibía cada mes su nómina en una carta que venía desde el Retiro de Madrid», cuenta el joven saharaui.