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Pedro Sánchez traiciona su programa electoral y rompe el consenso en política exterior con su giro sobre el Sáhara

ESPAÑA

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  • MARISA CRUZ
  • Madrid

Actualizado Sábado, 19 marzo 2022 – 22:52

Incumple su compromiso de buscar solución al conflicto de acuerdo con la ONU y garantizando el derecho de autodeterminación

Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa ofrecida tras su reunión con el rey Mohamed VI en Rabat en 2018.
Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa ofrecida tras su reunión con el rey Mohamed VI en Rabat en 2018.EFE

El giro copernicano del Gobierno de Pedro Sánchez en relación con el Sáhara Occidental tiene ya sus primeras consecuencias internacionales con el anuncio, ayer, de la llamada inmediata a consultas del embajador argelino en Madrid. La decisión de Sánchez tiene además importantes derivadas en el terreno nacional porque ha supuesto no sólo una nueva y grave brecha en el seno del Ejecutivo sino también un choque frontal con todos los partidos del arco parlamentario y muy especialmente con las fuerzas de izquierda que sustentaron la investidura.

Más aún, con su cesión sin contrapartidas ante Marruecos, más allá de un vago compromiso de abrir una nueva etapa en la relación bilateral, Pedro Sánchez traiciona el espíritu y la letra del programa electoral del PSOE en materia de política exterior, redactado por el propio ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, para los últimos comicios europeos. Y a ello se añade, más grave si cabe, la ruptura del principio de consenso en el terreno de la política exterior.

Las promesas electorales del socialismo en relación con el Sáhara Occidental han quedado en puro papel mojado. Tras la decisión gubernamental, hecha pública por Marruecos y no consultada previamente con las fuerzas parlamentarias, de los compromisos socialistas con la antigua colonia española no queda nada.

El programa electoral rezaba: «Los y las socialistas consideramos que la UE debe también promover la solución del conflicto del Sáhara Occidental, a través del cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas que garantizan el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Por ello trabajaremos para alcanzar una solución del conflicto que sea justa, definitiva, mutuamente aceptable y respetuosa con el principio de autodeterminación del pueblo saharaui, así como para fomentar la supervisión de los derechos humanos en la región, favoreciendo el diálogo entre Marruecos y el Frente Polisario, con la participación de Mauritania Argelia, socios clave de España, que el enviado de la ONU para el Sáhara Occidental está propiciando».

El espaldarazo dado ahora al plan de autonomía propuesto en 2007 por Rabat para dar carta de naturaleza de facto a su soberanía sobre el territorio del Sáhara incumple todos los extremos de la propuesta electoral de los socialistas. Ni se ha defendido el derecho de autodeterminación, ni se han respetado las resoluciones de Naciones Unidas, ni se ha apostado por una solución mutuamente aceptable, ni se ha favorecido el diálogo entre Marruecos y el Frente Polisario con participación de Argelia Mauritania.

El Gobierno se enfrenta ahora al reproche rotundo de todas las fuerzas parlamentarias que acusan al presidente y al ministro de Exteriores de haber roto con el consenso en política exterior al decidir borrar de un plumazo y unilateralmente la posición histórica mantenida por los diferentes Ejecutivos en la etapa democrática.

En medios diplomáticos se palpaba ayer el desconcierto ante una decisión que califican de «profundo error» porque no aprecian en la misma «beneficios garantizados» para España, bien al contrario: temen que sus consecuencias, por el golpe que supone para Argelia, puedan ser muy perjudiciales en el momento más inapropiado.

Las mismas fuentes rechazan radicalmente, además, que España haya aceptado dejar en manos de Marruecos el anuncio de una decisión tan trascendente y no dan crédito al hecho de que Madrid no hubiera informado previamente de la misma a un socio «estratégico y fiable» como Argelia. Anoche, desde la Moncloa, se insistía en que dicha información sí se produjo.

El plan de autonomía diseñado por Marruecos y que ahora cuenta con el apoyo del Gobierno descarta definitivamente cualquier posibilidad de independencia del Sáhara. Por el contrario, el territorio de la antigua colonia española pasaría a depender completamente de Rabat que sólo le reconocería algunas competencias, a años luz de las que disfruta cualquier autonomía española, y siempre adecuadas a los designios de la política nacional marroquí. El Sáhara, en definitiva, sería una provincia de Marruecos bajo el control de Mohamed VI.

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