Alfaz del Pi

Un niño español de la guerra enviado a la URSS de Stalin: «Lo que está sucediendo es un genocidio. Y el genocida es Putin»

EL TESTIMONIO ÚNICO DE CARLOS MEDINA

En las antípodas del comunismo hoy, con 87 años, condecorado por Rusia y tras una carrera exitosa de ingeniero, vivió parte de su vida al otro lado del Telón de Acero en Kiev, donde sufre la guerra una hija suya. Más de 2.895 niños españoles fueron ‘acogidos’ por Rusia durante la Guerra Civil

Un niño español de la guerra enviado a la URSS de Stalin: "Lo que está sucediendo es un genocidio. Y el genocida es Putin"

PREMIUM

Actualizado Domingo, 13 marzo 2022 – 

Ver 3 comentarios

Pocos seres humanos en España pueden ver a esos pequeños exiliados ucranianos como un espejo de su niñez. Cual viaje a un pasado que pensaban que no se repetiría. Pocos como Don Carlos pueden llenarse los ojos de lágrimas al ver ese éxodo por Europa de esos ángeles inocentes y decir: «Eso yo lo viví… Pero nunca, nunca, nunca… pensé que se repetiría en el siglo XXI». Delante está Carlos Medina García, un niño de la guerra, hoy con 87 años. Si uno quisiera resumir su vida en pocas términos bastaría citar: «Guerra Civil», «exilio», «orfanato», «Leningrado», «fascismo», «comunismo», «hambre», «infierno», «dictadores»… Y vuelta al espanto.

Comencemos con la palabra final. Ha conocido y sufrido a varios tiranos: Franco, Hitler, Stalin, Fidel Castro, Putin… «No estoy allí. Pero mi hija sí… Lo que está sucediendo es un genocidio. Y el genocida es Putin», suelta Don Carlos. Rompe el tradicional silencio político de los niños de Rusia. Tiene mucho por qué hacerlo. «No tiene perdón». Le conmueven las imágenes. El hospital infantil de Mariupol atacado con misiles. Los chiquitines cruzando la frontera solos. Llorando por lo que dejan… Por la pronta despedida del lugar y de quienes aman. Por sus papás.

Como él.

JUGUETEANDO CON RECUERDOS DE OTRA ERA

En la mirada este octogenario, uno de los niños de la guerra de menor edad, se puede ver ese mismo aura infantil aún. Juguetea con sus fotos, con sus recuerdos de otra era. En una se ve al pequeño Carlos con sus hermanos antes de partir. «No dejaba de llorar. Me mintieron y me dijeron que me iba a una excursión…». Él, el más chiquitín, con cuatro años tuvo que irse en un barco desde el puerto francés de Le Havre (Normandia). De los seis Medina García, la mitad partieron con dirección a la tierra de Stalin. Su papá, contable de la aviación republicana y del Atlético de Madrid, pudo ayudarles a huir a tiempo. Unos, a Rusia; los otros, a un campo de concentración. Atrás la Guerra Civil española. Por delante, la II Guerra Mundial. Llegó Carlos a Leningrado. Era noviembre de 1938, el mar Báltico, la soledad, el frío.

Y Hitler pasó por su vida como un torbellino de tumbas y hambre. De alimentarse con animales muertos que encontraban en la calle, desde pájaros a erizos. Cadáveres por doquier. Por eso le genera tanto dolor ver las tomas actuales de Mariúpol… «Es increíble. Está sufriendo el pueblo. Son tantos muertos hoy que los traen en sacos y los ponen en fosas comunes… En algunos sitios, los entierran en el patio».

A veces no se distingue si habla de su pasado o del presente… Enciende la televisión. Puede ver los canales ucranianos. Los rusos. Todos los que puede… Su punto de vista de lo que sucede recuerda a la del francotirador canadiense que acaba de llegar a Ucrania y, al describir lo que padecen, para que sepan lo que significa, aquello que se vive al recorrer las zonas de combate, suelta: «¡Siento como si estuviera viendo la Segunda Guerra Mundial en color!».

Don Carlos tiene una visión poliédrica de lo que sucede. Lo dice desde la sapiencia. Sin importarle haber sido condecorado hace poco más de nueve meses por el mismísimo embajador de Rusia en España, en el 75 aniversario de la victoria contra los nazis. Una medalla que se ha otorgado tanto a los «que combatieron, como a los que… sufrieron evacuaciones, cuyas infancias fueron quebradas o quemadas -en la traducción literal de la condecoración, según la Asociación Niños de Rusia- a causa de la guerra». El representante de la treintena de supervivientes fue Carlos Medina. Dio su discurso de agradecimiento en perfecto ruso.

El miedo no va con él y no calla: «Es una masacre».

SOBREVIVIÓ A LA II GUERRA MUNDIAL Y A STALIN

Once de las casas de acogida para los chavales exiliados se ubicaron en la hoy Federación Rusa. Cinco en Ucrania. Carlos Medina pudo entender ambos mundos, que entonces eran uno. Sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. A Stalin. Vivió y estudió en Kiev en la posguerra. Se hizo ingeniero civil en un país necesitado de mentes y manos para reconstruir lo aún humeante. Allí conoció a su mujer. Mientras estudiaba, se enamoró de una dulce ucraniana. «Me casé siendo estudiante. Era el año 1955. Cuando fue mi matrimonio tenía 22 años. Y mi mujer 24. Ella tenía padre ruso y madre ucraniana. Tuvimos dos hijos. Angelina, nacida el 7 de octubre de 1956, el mismo día y mes que Putin, que lo hizo cuatro años antes. Y Jose, de enero de 1962».

Ahora su mayor tormento, mientras ve lo que considera su país en llamas, es su hija. «Angelina, quien es de Kiev, ha decidido quedarse. Ella fue mecanógrafa y se casó con un ucraniano… Lo está pasando mal y eso que ella ha sido previsora. Suponía lo que podía pasar e hizo acopio de alimentos… Pero ya está sin dinero». En esas calles, antaño vitales, sólo queda el viento y el olor a quemado.

Se siente muy identificado con esos niños que ve por televisión. Huyendo de una guerra que mata a sus padres...
ÁNGEL NAVARRETE / CRÓNICA / EL MUNDO

Pasamos del presente al pasado. Recuerda cuando conoció a un tal Fidel Castro… «A mí me enviaron a Cuba en el 67, por dos años. Fidel necesitaba especialistas para edificar en la isla. Primero enviaron a los comunistas, cuando se agotaron, me mandaron a mí». Ríe. «Recuerdo cuando Castro se plantó delante de nosotros, de mí. Dio un discurso extenso e intenso…». Después volvió a Kiev, donde ejerció. Construyó edificios. Fue testigo de los cambios políticos: la perestroika, la caída de la URSS, la independencia de Ucrania… Y el retorno a su Madrid natal.

«Me pude jubilar a los 58 y medio. En ese momento había incentivos en España para traer a los niños de la guerra… Era la época de Felipe González. Me dieron esta vivienda en alquiler y aquí sigo… Era el año 1995, en enero, hace 27 años. Toda mi vida pensé en volver a España y sucedió». A los 60 años no podía vivir de su exigua pensión soviética/ucraniana. «Enseguida comencé a buscar trabajo. También fui traductor. Trabajé en la construcción de un banco, para una empresa española». Nos enseña los planos de la obra, un edificio imponente…

-¿Por qué ha sucedido la guerra, según usted? ¿Por qué resisten?

-Para entender lo que sucede actualmente hay que irse muy atrás… Seis millones de ucranianos murieron de hambre en 1934. En 1939, con el pacto entre Stalin y Hitler, cuando se repartieron otros pueblos. En ese acuerdo entre dictadores, de los más afectados fueron territorios con población ucraniana. Hubo una represión tremenda. Con masacres tremendas y miles enviados a campos de concentración. Así nació el miedo en Ucrania al poder soviético…

-Y Vladimir Putin en esta historia es…

-Putin era de la KGB. Y se ha hecho con el poder absoluto. Él decide todo… En vez de defender sólo el oriente de Ucrania, la zona prorrusa, ha establecido un cerco a todo el país… Es una matanza, una carnicería… No tiene perdón.

A ESA EDAD EN QUE COMIENZAN LAS DESPEDIDAS

Recuerda cuando retornó al lugar que ocupa la otra mitad de su corazón. «La última vez que fui a Kiev fue en el año 2012. Estaba muy bien». Después comenzaron las despedidas. Su mujer murió en 2016. Y su mundo comenzó a cambiar, con su Angelina lejos tras tenerla tan cerca…

-¿Por qué no viene su hija?¿Por qué no se pone a salvo aquí con usted?

-A diferencia de mí, que soy ateo, mi hija es muy religiosa. Está muy arraigada y cercana a su Iglesia y no los quiere abandonar… Y ella estuvo desde el 11 de marzo de 2020, cuando se cerró todo por el coronavirus, un año y medio aquí (señala el sofá donde está sentado). Vivía en el salón y le costó volver.

-¿Usted se contagió?

-Todos cogimos el virus. Estuve nueve días en el Gregorio Marañón. Lo pasé mal.

-Pero sobrevivió… Es usted un superviviente por naturaleza…

-Ya ves…

Ordena sus fotos de nuevo. La medalla dorada contrasta con la foto en blanco y negro de su época en el internado…

-¿Cuál es la rutina de su hija en medio de los bombardeos?

-Habla cada día conmigo. Pasa calamidades pero, al menos, está con sus amigas. Vive en las afueras de la capital. Suenan las sirenas constantemente. De 5 de la tarde a 8 de la mañana tiene que estar en su casa, que está muy lejos del metro. No tiene un refugio cerca… No me imaginaba que podía pasar. Ucrania es mayor que España. Tiene más de 600.000 kilómetros cuadrados, y España 506.000. Y por muchos años, no ahora, tuvo mayor población.

-Un país así de enorme invadido…

-Putin es maligno… Es un dictador. Es inconcebible que quiera arrasar un país soberano…

-La resistencia ucraniana demuestra que Putin no conocía a sus rivales…

-Pensaba que en unos días iba a invadir toda Ucrania. Pero no se rinde ni se va a rendir. Ni siquiera con menos armas.

-¿Por el espíritu de los cosacos?

-Y la valentía y el patriotismo de mucha gente. No van a resignarse. Ni entregarse al invasor… Eso que hay más víctimas que las que se cuentan. Están ya muriendo de hambre y frío. Están padeciendo. Fallecen por enfermedades, no hay medicinas… Pero resisten.

-Parece un mensaje de Zelenski, ¿qué opina de él?

-Este presidente era un cómico, como sabrás. Él dijo después de ser elegido: «Antes yo los hacía reír… Ahora quiero que sonrían mejor», por lo del resultado de gobernar mejor… Es bueno recordar que sus antepasados en el holocausto fueron represaliados.

-Usted que conoce bien ese país, ¿Ucrania necesita ser desnazificada? ¿Su presidente es un nazi?

-(Luce una media sonrisa) Por supuesto que no. Cierto nacionalismo hay, pero eso es desmesurado… No hay que olvidar que el fascismo y el comunismo han sido dos males de la humanidad.

Don Carlos no cae en la publicidad rusa. Tiene su propio punto de vista. Un verso libre en medio del silencio individual…

LOS NIÑOS DE RUSIA SE PRONUNCIAN SOBRE LA GUERRA

¿Representa Carlos Medina a todos los niños de la guerra? No, cada uno tiene una -poderosa- voz particular y ellos han sellado un pacto de silencio tácito sobre temas políticos. Sin embargo, con motivo de la invasión rusa han emitido un comunicado colectivo que resume su sentir general: «La Asociación Niños de Rusia se constituyó para proteger la memoria de los casi tres mil niños evacuados desde España a la URSS, en 1937, y albergados en Casas de acogida en suelo de las actuales Rusia y Ucrania. La Segunda Guerra Mundial y la extensión hacia el Este de la invasión nazi provocó nuevas evacuaciones, acentuando nuestra historia de refugiados y exilio…».

"Está sufriendo el pueblo. Son tantos muertos hoy a los que traen en sacos y ponen en fosas comunes... en el siglo XXI", dice quien acaba ha sido condecorado hace poco más de nueve meses.
«Está sufriendo el pueblo. Son tantos muertos hoy a los que traen en sacos y ponen en fosas comunes… en el siglo XXI», dice quien acaba ha sido condecorado hace poco más de nueve meses.MARTÍN MUCHA / CRÓNICA / EL MUNDO

«Por eso ahora, cuando los pueblos que nos acogieron se ven envueltos en una confrontación militar, de consecuencias trágicas para la población civil, evacuados o víctimas, queremos recordar el testimonio de nuestros mayores, quienes siempre e inequívocamente han estado al lado de la paz y en contra de las guerras… Y en solidaridad con todos los que la sufren, deseamos el cese inmediato del enfrentamiento y la construcción de una solución negociada a esta crisis humanitaria e internacional tan grave», concluyen

-Conserva el contacto con otros niños de Rusia…

-Sí. Aunque han muerto ya varios, con el resto sí que continúo conversando…

-¿Qué opinan de lo que sucede?

-Me llaman. Me dicen que lo están pasando mal. No conciben lo que está sucediendo…

-¿Con quién compararía a Putin?

-Primero quiero decir que mi mayor deseo es que la guerra se termine por las dos partes. Hay un tremendo dolor por las víctimas de ese dictador. No puedo soportarlo. Lo comparo con Nerón, que incendió Roma.

-¿Un orate?

-Loco no es. Es totalmente fruto de la mentalidad de la KGB…

Es el balance de un hombre que lo ha vivido todo. Que ahora sufre a la distan por una patria que considera suya. Habrá quien le critique pero, con una historia como la suya, él sabe de qué va la existencia. El dolor. La niñez herida. Esos pequeños que cruzan la frontera, con llanto. Como él cuando le separaron de sus padres. En la ruleta de la vida, le ha tocado ver su pasado regresar… Y no es un eufemismo.

EL MISMO DOLOR EN BLANCO Y NEGRO… Y A COLOR

¿Qué similitudes hay entre lo que vivieron los niños de Rusia y lo que actualmente viven los pequeños de Ucrania? Nadie como el investigador Rafael Moreno -autor de la magna Los niños de Rusia (Crítica), una obra de 528 páginas dedicada a estos chavalines exiliados- para explicarlo. «El éxodo de los niños españoles a Rusia es un buen precedente. Porque es de los primeros momentos en que los objetivos eran civiles y que, por esa razón, las autoridades deciden que los niños partan para salvaguardarles. Y hacer una evacuación sistemática… Hoy, las ciudades son de nuevo objetivo militar y se ha decidido evacuarles. El gobierno ucraniano está siendo sensible y ha sido razonable porque ya tienen problemas de alimentos, de suministro de agua, de toda la infraestructura que necesita la población… En eso hay un paralelismo. Otro es que los niños de Rusia conocen esos lugares que se ven por televisión y les recuerda su drama. Sensible e irremediablemente…».

Con ocho biznietos, a Carlos le cuesta ver las noticias. Cree en que la llegada de los combatientes extranjeros, tanto los descendientes de ucranianos como los que no lo son, puede ser trascendental. «Son miles. De 52 países». Tiene la mirada firme y quiere que le escuchen. Tiene tanto que contar. Repite. «El castigo de Putin es desmesurado… no tiene perdón». Nos despide de su pisito en Vallecas, donde se quedará hasta que el cuerpo aguante. Nos agradece por estar con él. Por acompañarle en esta travesía en el tiempo. Le agradecemos su sabiduría. Su valentía al contar su realidad. Su dolor de superviviente.