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El catalán está en peligro

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  • JUAN CLAUDIO DE RAMÓN

Actualizado

El peligro lo trae un nacionalismo catalán que ha hecho de un instrumento neutro, una lengua aherrojada por la consigna.

Manifestación el pasado sábado en Canet de Mar a favor de la inmersión lingüística, en detrimento del español.
Manifestación el pasado sábado en Canet de Mar a favor de la inmersión lingüística, en detrimento del español.Gorka Loinaz
ARABA PRESS

Dice Savater, nuestro primer columnista, que en España si escribes un artículo, sobre todo si el tema es político, sirve igual diez años después: puede enviarse a las prensas de nuevo sin que haya perdido actualidad. Por desgracia, es cierto: en la vida española uno se puede bañar en el mismo río de noticias cuantas veces quiera. El país está quieto como un mejillón adherido a la roca, en un litoral donde flotan, podridos y malolientes, temas invariables desde hace décadas que la marea declina despejar. Si periodismo es, según Cyril Connolly, lo que está hecho para ser leído una sola vez, el lector español de periódicos sufre la anomalía de arrastrar sus ojos cuatrocientas veces por una terca actualidad que se niega a mudar de piel. A los columnistas sin el talento de Savater esta contumacia de lo real nos puede hacer pasar por auténticos pelmazos.

Tomemos las lenguas. Hace poco abordé en esta columna la victoria judicial de ciudadanos catalanes que quieren una enseñanza bilingüe para sus hijos, en que al menos una materia troncal se imparta en español. Cosa normal, cosa juzgada: no quería repetirme. Pero ¿cómo no volver sobre el asunto ante la espeluznante erupción de fanatismo en Canet, donde vecinos y autoridades locales promueven una prehistórica campaña de acoso contra una familia que ha pedido la ejecución de la sentencia? El Gobierno se divide entre la retirada táctica a Babia de su portavoz Isabel Rodríguez (que «desconoce los detalles») y la obtusa reacción del ministro Garzón, que sostiene que la familia afectada se equivoca «en lo sustantivo», porque «el español no está en peligro». He aquí la avería: creer que los deberes morales hacia las lenguas deben estar por encima de los derechos de los hablantes, receta para hacer fracasar todo proyecto de convivencia.

En todo caso, lo visto sugiere, en efecto, que no es el español sino el catalán, la lengua en peligro. El peligro no lo traen ni Netflix ni los padres que queriendo lo mejor para su hijo reclaman una educación bilingüe. El peligro lo trae un nacionalismo catalán que ha hecho del instrumento neutro, moderno y polivalente que pulieron PlaRiba Segarra, una lengua aherrojada por la consigna, usadera solo para expresar sumisión a una necia ortodoxia. Si hay algo que impide hoy al catalán ser una lengua normal, como las demás, es el foso de mentiras que se ha cavado alrededor en su supuesta defensa. El catalán, una de las lenguas de mis hijos, está en peligro; para salvarlo, el español tiene que volver a la escuela.

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