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El mayor robo del siglo, a manos del PSOE Tal día como hoy zarpaban los 4 buques rumbo a Moscú


 25 octubre, 2020

SevillaInfo
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Tal día como hoy, un 25 de octubre pero de 1936, partían desde Cartagena (Murcia) hacia Odessa (Ucrania) los cuatro buques soviéticos que cargaron con los casi 600.000 kilos de oro puro saqueado del Banco de España por “La banda de los Cuatro”, todos ellos del PSOE: Largo Caballero (pte. del Gobierno), Juan Negrín (ministro de Hacienda que meses más tarde se convertiría en pte. de la República) Indalecio Prieto (ministro de Marina y Aire) y Luis Araquistain (embajador en Francia).

El mayor robo de la Historia, un atraco portentoso en el corazón de la Nación, el latrocinio más vandálico perpetrado a un pueblo entero, la cuarta reserva de oro más importante del Mundo extraída de manera subrepticia mediante un decreto q nunca llegó a las Cortes y que fue ocultado en su verdadero alcance al que por entonces era jefe del Estado, Manuel Azaña.

El cargamento fue mayor en realidad, porque no sólo contenía los lingotes, sino que muchas de las 7.800 cajas que llegaron al destino previsto contenían cientos de miles de monedas de valor numismático casi incalculable pero que casi duplicaban el valor total del cargamento de oro en lingotes. En total, quizás unos 12.000 millones de euros en lingotes y otros 20.000 millones más en el resto de objetos amonedados.

Y no fue éste el último ni el único envío, pues se siguieron enviando meses después nuevos cargamentos menores, como luego se verá, además de los envíos ingentes realizados también a Francia semanas antes, así como el posterior y atroz saqueo de la caja general de reparaciones que partió hacia México en el yate Vita con todo lo robado de los Montepíos y de los tesoros de la Catedral de Toledo y de muchas otras iglesias y museos del país.

A grandes rasgos puede decirse que fue el PSOE, bajo la excusa de obstaculizar la reconstrucción de España a los que pudieran ganar la guerra, quienes arrastraron a tres generaciones del pueblo español a la ruina absoluta y los condenaron a la pobreza y al hambre con su latrocinio brutal.

El 20 de octubre, el director del NKVD (origen de lo que sería luego la KGB) en España, Alexander Orlov, recibió un telegrama cifrado de Stalin ordenándole organizar el envío del oro a la URSS de acuerdo con Negrín: “Junto con el embajador Rosenberg, organice con el jefe del gobierno español, Caballero, el envío de las reservas de oro de España a la Unión Soviética… Esta operación debe llevarse a cabo en el más absoluto secreto. Si los españoles le exigen un recibo por el cargamento, niéguese. Repito, niéguese a firmar nada y diga que el Banco del Estado preparará un recibo formal en Moscú”, ”, decía el telegrama encriptado

Orlov, que meses después de regresar a la URSS temió por su vida al ver cómo estaban purgando y asesinando a los compañeros suyos que habían participado en la operación del oro español y huyó a EE.UU., se propuso llevar a cabo la operación con los tanquistas soviéticos que acababan de llegar a España. En un posterior informe al Subcomité del Senado de los Estados Unidos declaró lo siguiente:
“Deseo subrayar que, en aquel tiempo, el gobierno español (…) no controlaba completamente la situación. Le dije francamente al ministro de Hacienda Negrín que si alguien se enteraba de ello, si los anarquistas interceptaban a mis hombres, rusos, con los camiones cargados de oro español, los matarían y sería un tremendo escándalo político en todo el mundo, que incluso podría provocar una revolución interna. Por ello (…) le pregunté si el gobierno español podría extenderme credenciales bajo algún nombre ficticio (…) como representante del Banco de Inglaterra o del Banco de América, porque entonces (…) podría decir que el oro se estaba transportando a América por razones de seguridad (…) Negrín no puso ninguna objeción. Pensó que era una buena idea. Yo hablaba un inglés relativamente bueno y podía pasar por extranjero. Por lo tanto, me extendió las credenciales de un hombre llamado Blackstone y me convertí en el representante del Banco de América”.

El día 22 de octubre de 1936 se personó en Cartagena Francisco Méndez Aspe, jefe del Tesoro y hombre de confianza de Negrín, que ordenó la extracción nocturna de la mayoría de las cajas de oro, con un peso aproximado de setenta y cinco kilos cada una, las cuales fueron transportadas en camiones y cargadas en los buques KIM, Kursk, Nevá y Volgolés.

Según relató Orlov años más tarde y su testimonio se publicó hasta en la revista Reader’s Digest: “Una brigada de tanques soviéticos había desembarcado en Cartagena dos semanas antes y ahora estaba estacionada en Archena, a 40 millas. La mandaba el coronel S. Krivoshéin, al que los españoles conocían como Melé. Krivoshéin me asignó veinte camiones militares y otros tantos de sus mejores tanquistas (…) Los sesenta marinos españoles habían sido enviados al polvorín con una hora o dos de anticipación (…) Y así, el 22 de octubre, al anochecer, me dirigí, seguido de una caravana de camiones, al depósito de municiones (…) La salud de Méndez Aspe era algo muy serio. Era un hombre muy nervioso. Nos dijo que debíamos interrumpir la carga o pereceríamos [a causa de un bombardeo alemán]. Le respondí que no podíamos hacerlo, porque los alemanes continuarían bombardeando el puerto y el barco se hundiría, así que debíamos seguir. Entonces huyó y dejó solo a un ayudante, un español muy agradable que se encargó de contar las cajas del oro”.

El oro tardó tres noches en ser embarcado, y el 25 de octubre los cuatro barcos se hicieron a la mar rumbo a Odessa, el gran puerto soviético del Mar Negro.

Acompañaban a esta expedición, como personas de confianza, cuatro claveros del Banco de España (un clavero era un custodio de las llaves de las cajas fuertes del Banco): Arturo Candela, Abelardo Padín, José González y José María Velasco.

Curiosamente, no deja de sorprender que Orlov había reseñado 7.900 cajas y Méndez Aspe 7.800 cajas, así que el recibo final fue por 7.800 y no se sabe si fue un error o si es que Méndez Aspe salió huyendo como una cucaracha no por el presunto bombardeo alemán que alegó, sino porque tal vez había usurpado 100 cajas repletas de oro.

El convoy puso rumbo a la URSS, y la noche del ‪2 de noviembre‬ Stalin recibió noticia de que habían arribado a Odessa tres barcos cargados con oro –el Kursk se demoró unos días por avería-, concretamente con 5.779 cajas, de las 7.800 reseñadas.

Uno de los colaboradores del general del GPU, Válter Krivitski, describió así la apabullante escena en el puerto ruso:

“Toda la zona próxima al dique fue despejada y rodeada por cordones de tropas especiales. A través de ese espacio vacío entre el muelle y las vías del ferrocarril, los más altos jefes de la GPU transportaban las cajas de oro a sus espaldas. Durante varios días estuvieron transportando el oro, cargándolo en los camiones y llevándolo a Moscú en convoyes armados. Intentó darme una idea de la cantidad de oro que habían descargado en Odessa mientras caminábamos por la gran Plaza Roja. Señaló la extensión que nos rodeaba y dijo: «Si todas las cajas de oro que apilamos en los muelles de Odessa se colocaran aquí una al lado de otra, cubrirían completamente la Plaza Roja».

El oro, custodiado por el 173 regimiento del NKVD, se trasladó de inmediato al Depósito del Estado de Metales Preciosos del Comisariado del Pueblo para las Finanzas, en Moscú, donde fue recibido en calidad de depósito de acuerdo a un protocolo, fechado ‪el 5 de noviembre‬, por el que se nombraba una comisión receptora formada por los representantes del Comisariado de Finanzas, J.V. Margoulis, director del Servicio de Metales Preciosos, O.I. Kagán, director del Servicio de Divisas, el representante del Comisariado de Negocios Extranjeros y el embajador español en la Unión Soviética, Marcelino Pascua.

El oro arribó a la capital soviética un día antes del 19º aniversario de la revolución de octubre. Entre los días 6 y 7 tuvo lugar la llegada y aceptación de las cajas que contenían metales preciosos de acuerdo con «la declaración verbal del embajador de la República Española en Moscú y de los empleados del Banco de España que acompañan el convoy… (puesto que) las cajas no están numeradas ni provistas de facturas de acompañamiento que hubieran indicado la cantidad, el peso y el contraste del metal».

Según Orlov, Stalin celebró la llegada del oro con un banquete al que asistieron miembros del Buró Político en el que habría dicho: «Los españoles no verán su oro nunca más, como tampoco ven sus orejas», expresión tomada de un proverbio ruso.

Pocos días después, entre ‪el 9 y el 10 de noviembre‬ llegaron las últimas 2.021 cajas, las que viajaban en el Kursk (mismo nombre del celebre submarino nuclear que muchos años después, al caer la URSS, quedó atrapado en el fondo del mar Báltico).

A continuación se procedió al recuento de una muestra de 372 cajas que iban a servir para redactar el acta de recepción preliminar, la cual quedó levantada ‪el 20 de noviembre‬. Seguidamente, se recontó el total del depósito, para lo cual los cuatro claveros españoles habían previsto un plazo de un año, trabajando ellos solos en dos turnos diarios de siete horas; sin embargo, el recuento, que comenzó ‪el 5 de diciembre‬, terminó el 24 de enero de 1937, pese a haberlo efectuado con el máximo esmero.

Se abrieron 15.571 sacos, encontrando en su interior 16 clases distintas de monedas de oro: libras esterlinas (el 70%), pesetas españolas, luises y francos franceses, marcos alemanes, francos belgas, liras italianas, escudos portugueses, rublos rusos, coronas austriacas, florines holandeses, francos suizos, pesos mexicanos, pesos argentinos, pesos chilenos y, por supuesto, una extraordinaria cantidad de dólares estadounidenses.

El depósito completo ascendía a 509.287.183 kilogramos de monedas y 792.346 kilogramos de oro en lingotes y recortes: un total, pues, de exactamente 460.568.245,59 gramos de oro fino. El valor numismático las monedas era muy superior al del oro que contenían, aunque los soviéticos no lo calcularon ni tuvieron en cuenta. Sin embargo, sí pusieron extraordinario cuidado en enumerar las monedas que eran falsas, defectuosas o que contenían menos oro del debido. Los soviéticos jamás explicaron qué hicieron con las monedas raras y antiguas, aunque es dudoso que las fundieran.

Algunos autores plantean que es posible que se apartaran todas las monedas de valor numismático con la idea de venderlas gradualmente en el mercado internacional.

Según algunos estudiosos del tema, el valor del oro de Moscú se calcula en un mínimo metálico de 12.200 millones de euros, según la cotización del oro en marzo de 2010, y considera posible que su valor numismático excedería de los 20.000 millones.

Terminada la contabilización, el 5 de febrero de 1937 el embajador español y los responsables soviéticos G. F. Grinkó, comisario de Hacienda, y N. N. Krestinsky, su adjunto para asuntos exteriores, firmaron el acta de recepción definitiva del depósito de oro español, un documento en francés y en ruso.

El párrafo 2, sección 4 de este documento estipulaba que el Gobierno español quedaba libre de reexportar o disponer del oro, y el último punto incluía una cláusula conforme a la cual los soviéticos se desentendían de cualquier responsabilidad sobre el depósito según lo fuesen empleando las autoridades republicanas. Dicha cláusula establecía que «en el caso que el Gobierno de la República ordenase la exportación del oro recibido en depósito por la URSS, o bien en caso que dispusiera del mismo de otra manera, la responsabilidad asumida en el presente acta por el Comisariado del Pueblo para las Finanzas será reducida automáticamente, en todo o en parte en proporción a las disposiciones del Gobierno de la República española».

Quedaba claro, pues, que se trataba de un depósito que la República Española podía emplear libremente, exportándolo o enajenándolo, con lo que las autoridades soviéticas no asumían ninguna responsabilidad por el destino de este oro.

Cabe señalar que la URSS otorgaba la titularidad del depósito al Estado español republicano, y no al Banco de España, que por aquel entonces era una entidad privada y que era su verdadero propietario de donde lo saquearon “La Banda de los Cuatro”.

Cuando el 15 de enero de 1937 el periódico de la CNT Solidaridad Obrera denunció la «descabellada idea de enviar las reservas de oro al extranjero», la agencia gubernamental Cosmos publicó una nota oficiosa (‪20 de enero‬), afirmando que la reserva aún se encontraba en España.

Poco tiempo después, las querellas entre las organizaciones anarquistas y del POUM con el gobierno de socialistas y comunistas se manifestaron en los violentos enfrentamientos de mayo de 1937, que finalizaron con la derrota anarquista.

En los meses siguientes, como ya se ha mencionado, varios de los soviéticos implicados en el asunto del oro español tuvieron un final dramático. Stashevski murió ejecutado por el NKVD EN 1937 y el embajador soviético Rosemberg siguió ese mismo destino en 1938; Orlov, temiendo ser el siguiente, huyó ese mismo año a los EE.UU. al recibir un telegrama de Stalin donde se le ordenaba volver a la URSS. Los Comisarios del Pueblo de la Hacienda Soviética, Grinkó, Krestinski, Margoulis y Kagán, fueron ejecutados el 15 de marzo de 1938 o fueron víctimas de desaparición forzada por distintos modos, tras ser acusados de pertenecer al «bloque trotskista-derechista» antisoviético. Grinkó en particular fue acusado de hacer «esfuerzos por socavar el poder financiero de la URSS». Los cuatro funcionarios españoles enviados para supervisar la operación fueron retenidos por Stalin hasta octubre de 1938 y sólo entonces se les permitió salir para lugares dispersos del extranjero: Estocolmo, Buenos Aires, Washington y México, respectivamente. Con respecto al embajador español, Marcelino Pascua, fue trasladado a París.

Estuvo claro que Stalin estaba borrando cualquier posible testimonio que permitiera acreditar la procedencia del dinero y así blindar en el futuro cualquier exigencia para su restitución a las autoridades españolas

En el Archivo Histórico del Banco de España se conservan, al parecer, los documentos del llamado «dossier Negrín», entre los que se encuentran los registros contables e informaciones sobre las cuentas de la operación y que fueron entregadas por su hijo, Rómulo Negrín, al gobierno de Franco el 18 de diciembre de 1956.

Dicha documentación permitió reconstruir lo que ocurrió tras la recepción de las reservas españolas en Moscú, cuando los soviéticos fundieron las monedas, transformándolas en barras de baja aleación de oro (cobrando un precio exorbitante por hacerlo) y aprovisionando, a cambio, las cuentas bancarias de la Hacienda de la República en el extranjero.

Aunque con el oro español depositado en Moscú se pretendía hacer frente a la compra de material bélico y otros pagos del Estado, lo cierto es que una vez allí el oro, los soviéticos mudaron el carácter de su ayuda y reclamaron inmediatamente al Gobierno republicano el pago de los envíos que aparentemente habían llegado como un regalo para combatir al fascismo internacional. Se acabó la solidaridad falsaria.

Stashevski reclamó a Negrín 51 millones de dólares de deuda acumulada y los gastos de transporte del oro de Cartagena a Moscú.

En la zona sublevada, las ayudas alemana e italiana tampoco fueron desinteresadas y tuvieron que ser pagadas, si bien alemanes e italianos permitieron que Franco fuese satisfaciendo la deuda una vez acabada la guerra.

Un especialista español en este asunto anota:

“La Unión Soviética ofrece su ayuda a los republicanos, pero exige que el pago sea efectivo. Se desploma así todo idealismo. Rusia ha puesto su mirada de buitre en las reservas acumuladas en los sótanos del Banco de España (…) Rusia realiza un contrato mercantil en que una de las partes fijaba a otra condiciones leoninas. La Unión Soviética enviaba, abonándosele a un alto precio, material que, en definitiva, serviría a los rusos para probar su eficacia”.

Según la estudiosa María Ángeles Pons: «nada obtuvo gratis la República de sus amigos rusos» pues se encuentran registrados todo tipo de gastos y servicios facturados al gobierno. Otros autores sostienen la existencia de una estafa soviética en la gestión del depósito en Moscú, en la idea de que Stalin habría hinchado el precio del material de guerra vendido manipulando los cambios de rublos a dólares y de dólares a pesetas, cargando los tipos de cambio internacionales hasta un treinta y un cuarenta por ciento.

En todo caso, Negrín ni estudió ni custodió los comprobantes de las compra de material militar para asegurarse de que fuese el necesario, y no el que los consejeros soviéticos consideraban oportuno, para asegurar su correcta distribución en el frente y para asegurar su calidad y precio. Toneladas de chatarra militar inservible fueron enviadas a España.

Según josé Giral, que precedió a Largo Caballero al frente del gobierno, a pesar de tener pagadas todas las compras de armamento, la Unión Soviética no enviaba ningún material si el gobierno de la República «no accedía antes a que fueran entregados a los comunistas importantes puestos militares y policíacos».

Pronto, el escaso crédito de la Hacienda republicana se esfumó.

Pese a la estafa, además de las reservas de oro del Banco de España, a lo largo de la Guerra Civil siguió llegando a Moscú una cantidad indeterminada de metales preciosos, supuestamente de las incautaciones de la Caja General de Reparaciones (joyas incautadas a los ciudadanos) en una serie de envíos posteriores.

Están documentados el caso del mercante español Andutz Mendi, de 3.800 Tm. de desplazamiento, que atracó en Estambul el 14 de febrero de 1937 con un cargamento de cajas de oro. Su destino era Odessa, al igual que el del vapor Latymer, que en noviembre de 1938 declaró a las autoridades griegas una carga de «plomo argentífero». Igualmente, se sabe que el comunista austríaco Sigmund Rot hizo varios transportes de monedas de oro entre España y Praga, con destino Moscú; según la que sería dirigente de la resistencia francesa Dominique Desanti, el barco Cap Pinede desembarcó en Port Vendres un cargamento de oro y joyas que fue agregado en secreto a un convoy ferroviario de armamento defectuoso que se devolvía a la URSS; el comunista Domingo Hungría se llevó del tesoro acumulado en el Castillo de Figueras, dos camiones cargados de oro y joyas, el comunista Villasantes, un camión cargado con maletas llenas de joyas, y un comandante del Batallón Especial de Líster otros cuatro. Se desconoce que ocurrió con estos cargamentos y las divisas que pudiera generar su venta a la URSS… Como puede verse, lis comunistas también se sumaron a la rapiña de España, condenando a la miseria a todo el país durante casi dos décadas.

A finales de 1939, en la Banque Commerciale de l’Europe du Nord existían un total de 1.896 millones de francos a nombre de colegas, familiares y agentes del presidente Negrín.

Está por aclarar el destino de numerosas partidas de bienes y productos: los 2.500 millones de francos entregados al PCF para la creación de France Navigation, la liquidación de compañías y cuentas bancarias, saldos pendientes del gobierno republicano, y deudas del soviético con diversas compañías españolas.

Así por ejemplo, el gobierno soviético adeudaba a la Campsa-Gentibus 1,5 millones de dólares, 800.000 libras, 4 millones de francos, y 41 millones de pesetas, además de los envíos no contabilizados.

La CEA y la Mid-Atlantic ingresaron en los bancos soviéticos de París y Londres un total aproximado de 75 millones de francos, 25,5 millones de libras y 36 millones de dólares de los que nunca más se supo. A este conjunto en favor de los soviéticos habría que añadir el valor de la incautación por parte del gobierno de Stalin de 9 barcos españoles fletados por un valor aproximado de 8 millones de dólares.

No pasaría mucho tiempo antes de que en febrero de 1939, Indalecio Prieto saliera en dirección a Chile como embajador plenipotenciario y en abril, al acabar la guerra, aún seguía en México donde aprovechó para una nueva fechoría monumental al usurpar los tesoros de museos y catedrales que viajaban en el yate Vita, otra vez por orden de Negrín, ya entonces convertido en presidente de la República en el exilio. Indalecio le dio un golpe de estado y lo dejó fuera no sólo del cargo sino que también lo expulsó del PSOE.

En 1981, Adolfo Suárez, a instancias no del PSOE, acordó indemnizar a los hijos del doctor Negrín con unos terrenos en Canarias que el franquismo le había requisado tras la guerra por su infame actuación. En 1995, efectivamente, el Estado le pagó a los hijos de Negrín 287 millones de pesetas. En 2007, el PSOE de Rodríguez Zapatero le devolvió el carnet de militante a título póstumo a Juan Negrín… Robaron hasta después de muertos.