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Solo nos queda rezar

SOLO NOS QUEDA REZAR

La evacuación de la ermita de Todoque, en La Palma, es un símbolo de angustia y de incertidumbre: en apenas 20 minutos salieron docenas de vírgenes, crucifijos, candelabros, cálices, cuadros y misales

Instante de la evacuación de la ermita de Todoque.
Instante de la evacuación de la ermita de Todoque.ALBERTO DI LOLLI

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  • GONZALO SUÁREZ
  • Todoque (La Palma)

Actualizado Martes, 21 septiembre 2021

Una docena de operarios, enfundados en chalecos reflectantes naranjas, trabajan a toda prisa a media tarde. Cargan sobre sus hombros docenas de vírgenes, crucifijos, candelabros, misales, cálices, cuadros religiosos… En apenas 20 minutos, todo el contenido de la Ermita de San Pío X, en Todoque, acaba apilado en cuatro furgonetas, que salen a toda velocidad con destino a un lugar seguro.https://omny.fm/shows/el-mundo-al-dia/un-d-a-en-el-volc-n/embed

El objetivo: salvar el contenido del templo de la lengua de lava negra que ya asoma a menos de un kilómetro de distancia.

Un sacerdote, Alberto Hernández, dirige las operaciones enfundado en un sencillo polo gris. Suya es la iniciativa de vaciar el templo y llevar todos sus tesoros a la cercana Iglesia de la Laguna, fuera de la zona de máximo peligro. Sin embargo, cuando ve salir el sagrario, rompe a sollozar sin consuelo posible. “Sólo queda rezar a la providencia para que la Iglesia no se queme”, dice minutos después, algo más recompuesto, el joven religioso de 40 años.https://93d7169a4e4d6602420fb3d47ceea597.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

La evacuación de la Ermita es un símbolo de la angustia y la incertidumbre con la que los palmeros viven la evolución del volcán de Cumbre Vieja desde su estallido este domingo. La primera lengua de lava ya se ha dividido en al menos tres y, con ello, cada vez resulta más complejo determinar su futura trayectoria. Este lunes, los expertos ya dejaron claro que el templo es vulnerable a la evolución de las coladas ardientes en su camino hacia el mar, con la única salvación posible del promontorio en el que está construido.

La lluvia de ceniza ya alcanza a la Ermita cuando los operarios acaban de cargar las piezas. No tienen tiempo que perder, pues el fuego de una vivienda cercana ya asoma entre las casas. “Hay una barranquera que va a virar el río de lava y dirigirlo directo hasta aquí “, se lamenta uno de los operarios municipales del dispositivo, también supervisado por la alcaldesa de Los Llanos, Noelia García (PP), visiblemente afectada por la tragedia que afecta a su localidad.

ALBERTO DI LOLLI

Don Alberto, oriundo de la capital palmera, es muy querido en Los Llanos, donde ejerce de sacerdote desde 2009. Bajo su control se encuentran cuatro iglesias: Las Manchas, Todoque, La Laguna y Puerto Naos. Todas ellas están dentro del perímetro de seguridad marcado por las autoridades, así que ha montado un pequeño altar en la casa parroquial, desde este lunes donde impartió misa con el humo del volcán en el horizonte.

La casa se ha convertido en refugio de algunos vecinos evacuados que no tienen dónde pernoctar. También ha proporcionado comida y ducha a los que han decidido quedarse en sus coches, en vez de alojarse en los refugios oficiales, para seguir más de cerca la situación de sus casas. “El espectáculo es visualmente muy bonito, es sobrecogedor, pero cuando ves las secuelas sobre la gente es otra cosa”, dice don Alberto, a quien docenas de vecinos han ofrecido sus casas para alojar a feligreses. “Es conmovedor cómo el ser humano saca lo mejor de sí mismo en situaciones de dificultad, aunque muchas veces pensemos lo contrario”.

Cuando acaba la ‘operación rescate’, en la Ermita apenas queda el retablo, unos bancos y un puñado de utensilios que no encuentran hueco en las furgonetas. Don Alberto pide que no fotografiemos su templo así, completamente vacío, más triste que nunca. “Bastante trauma tiene la gente para que vean la Iglesia, que es su casa, en este estado”, ruega.

Le ayudamos a cerrar la puerta y pide quedarse un momento a solas en el templo. Pronuncia una breve oración y, de nuevo, se echa a llorar . Apenas es un minuto de recogimiento antes de salir a la calle, agradecer su esfuerzo a sus operarios y, de nuevo, repetir su mantra de estos días:

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