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Los hosteleros del paseo marítimo de Altea comienzan a rendirse y arrancan los cierres

José Ramón Perales retira el cartel de su restaurante/N.V.L.

José Ramón Perales retira el cartel de su restaurante / N.V.L.

Las obras del Frente Litoral y la prohibición de los cerramientos sentencian el futuro de los empresarios

NICOLÁS VAN LOOY

AlteaMiércoles, 15 septiembre 2021,

Hay algo en el sonido que produce la rasqueta al contactar con la pared blanca del edificio que provoca desazón. Cuando su plancha metálica pasa por debajo de la equis del cartel que hasta ahora presidía la entrada del restaurante Franxerra rompiéndola para siempre, un casi imperceptible ‘clack’ suena estruendoso sobre la tarde gris que amenaza lluvia y tormenta proveniente del Mediterráneo.

José Ramón Perales, que ha estado al frente del local durante los últimos siete años, hace precarios equilibrios sobre una escalera. Ha llegado el momento que nunca hubiese deseado: echar el cierre definitivo a su negocio. Es el primero, pero no será el último. Esa es su opinión y la de muchos de los hosteleros que, machacados por la pandemia e impotentes ante una serie de decisiones que ni entienden ni comparten tomadas en los últimos tiempos por el gobierno local, auguran días más oscuros que las nubes que desde la Serra Gelada inundan la Bahía de Altea.

En realidad, el brutal daño que ha hecho la pandemia al sector fue el segundo de los tres clavos que se han ido clavando en el ataúd de los locales de la primera línea alteana. “El primero fue el cambio de gobierno que nos impidió, a los nuevos empresarios que nos habíamos instalado en el paseo, poner cerramientos en nuestras terrazas”, sentencia Perales. Después, ya más recientemente, “llegó la pandemia e inmediatamente después, cuando parecía que empezábamos a salir de esa situación, nos ha venido la obra del Frente Litoral”.

Los trabajos para la reforma del Frente Litoral de la Villa Blanca comenzaron a principios de este verano. Habrá quien pueda pensar que la decisión de descolgar el cartel y cerrar el negocio se ha producido por las pérdidas que Perales haya acumulado durante la pandemia, pero él insiste en que ha tenido suerte porque los propietarios del local que hasta ahora ocupaba “se han portado muy bien conmigo y por eso he podido aguantar hasta ahora”.

Altea se enfrenta a despidos y cierres por las obras en el paseo marítimo

Altea se enfrenta a despidos y cierres por las obras en el paseo marítimo

NICOLÁS VAN LOOY / ALTEA.

El hostelero alteano desvincula su decisión de lo sucedido durante el último año y medio y señala a un responsable claro. “Si no hubiese habido pandemia, tendría que haber cerrado exactamente igual. El problema es la inseguridad que producen los cambios de criterio. No saber qué va a pasar mañana. Hoy se les ocurre que no puede haber cerramientos y mañana te dicen otra cosa. No sabemos cuánto va a durar la obra… después de eso, ¿qué pasará?”.

José Ramón Perales pide mayor claridad a los gobernantes de Altea. “La intención de hacer un nuevo Frente Litoral puede estar bien o mal, pero lo que está bien es no conocer el proyecto de futuro. Es fundamental saber eso y que lo digan. Si lo que quieren es que no haya negocios de restauración en el paseo, que lo digan. No sé si son capaces de hacerlo, pero es lo que va a ocurrir si, como han dicho, sólo van a dejar trabajar con sombrillas”.

Los cerramientos aparecen siempre como la clave de bóveda del futuro de los negocios de la zona. En primer lugar, por el propio espacio con el que cuentan la mayoría de los locales del paseo, que en términos generales “tienen entre 50 y 60 metros cuadrados. Por ello, entre el espacio que se dedica a la cocina, almacén y baño, hacer uso de cerramientos en la terraza ha sido siempre una necesidad. Dentro no tenemos capacidad para atender a la gente”.

El Franxerra ya no volverá a abrir sus puertas

El Franxerra ya no volverá a abrir sus puertas / N.V.L.

Además, a nadie se le puede escapar que, como en cualquier destino turístico costero mediterráneo, los visitantes buscan cosas muy concretas y que, en el caso de la Villa Blanca “a los turistas les gusta, también en invierno, venir al paseo y tomar algo; pero estar protegidos y con cierto nivel de confort. Algunos, como es mi caso, sí podemos atender en el interior porque contamos con espacio, pero la gente lo que quiere es estar comiendo fuera. Para comer dentro, se queda en su casa”.

José Ramón Perales habla con la determinación de quien sabe que, pese a todo, ha hecho todo lo que ha estado en su mano para que el final de su historia en el paseo de Altea sea distinto. De hecho, reconoce que la actual situación de alegalidad de los cerramientos, que siempre han sido consentidos, pero nunca legalizados, por las distintas corporaciones que se han ido sucediendo en Altea, es insostenible.

“Entiendo perfectamente que la opinión pública no comprenda que podamos hacer uso de la vía pública pagando una cantidad muy pequeña al mes; pero lo que se debería hacer es regularlo, obligar a que se haga de una manera determinada y cobrarlo como corresponde. No arrancarlo todo de cuajo”, reclama.

Perales asegura que desde hace un tiempo duerme “mal, muy mal”. Y en esas noches en vela siempre le rondan las mismas cuestiones. “Me planteo si tendría que haber intentado hablar más veces con el alcalde o con el concejal; si lo tendría que haber explicado mejor; si estaré equivocado… Sobre todo, me pregunto qué podría haber hecho para que me hubiesen entendido. Tanto a mi como al resto de los empresarios de esta zona”.

La cercanía de las obras ha ahuyentado a los turistas

La cercanía de las obras ha ahuyentado a los turistas / N.V.L.

Y aunque se esfuerza en demostrar entereza, no es difícil imaginar el duelo interno que está sufriendo. Cuando la conversación vira del plano económico y meramente profesional al ámbito personal, deja caer parte de su defensa. “La ilusión de cualquier profesional es que le reconozcan a través de su trabajo. ¿Cómo me voy a sentir ahora? Pues hecho una mierda. ¡Tengo que quitar lo que mejor sé hacer porque no me dejan hacerlo!

En su caso, además de su propio puesto de trabajo, el cierre de su restaurante supondrá tres despidos y eso es “lo que más duele. Estar trabajando con gente que aprecias y con la que te gusta trabajar y tener que decirles que eso se acabó. Es difícil conseguir el dinero para montar algo, pero formar un buen equipo es mucho más complicado”.

José Ramón Perales tiene a sus espaldas, además de la que ha acumulado en los fogones, una larga trayectoria de casi tres décadas como profesor de cocina en el IES Mediterránea de la vecina localidad de Benidorm. Dentro de unos meses, una nueva hornada de alumnos se graduará y saldrá al mercado laboral. ¿Y si alguno le pide opinión a su profesor sobre la idea de instalarse como hostelero en Altea? Perales sonríe, piensa su respuesta y, contenido, concluye que “si es de Altea, le preguntaría si conoce a mucha gente en el Ayuntamiento y, si es así, si se lleva bien con ellos”.

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