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Viaje relámpago de Madrid a Benidorm con el bus playero de los latinos

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Para disfrutar la playa sin gastar mucho, inmigrantes latinoamericanos organizan viajes de ida y vuelta en un solo día

Llegada de los excursionistas del Bus Playero Viajero a la playa de Poniente de Benidorm, a las seis y media de la mañana del sábado.
Llegada de los excursionistas del Bus Playero Viajero a la playa de Poniente de Benidorm, a las seis y media de la mañana del sábado.DAVID EXPÓSITO

92FERNANDO PEINADO

Benidorm –

Cada mañana, la playa de Poniente de Benidorm es testigo de una carrera de veraneantes que compiten por plantar su sombrilla en primera línea. Este sábado, como muchas otras veces, los ganadores son los excursionistas del Bus Playero Viajero de Miluzka Arias. Partieron de Madrid a medianoche y han entrado en el municipio alicantino a las 6.30, todavía con noche cerrada. El flop, flop, flop de sus chancletas rompe el silencio de la Avenida Rei Jaume I, la que baja hasta el paseo marítimo. Cargan neveras, sombrillas, coches de bebé y pequeños altavoces para escuchar cumbia y vallenato. Apenas nadie ha podido pegar ojo. Muchos vienen de empalmada tras su jornada en la hostelería, la obra o al cuidado de niños y personas mayores. Pero da igual, el premio lo tienen ya delante. Una playa para ellos solos al amanecer.

La boliviana Teodora Rojas, de 53 años, llevaba sin ir a la playa desde 2012. “Es hermoso, pero tengo la cabeza así de dolor porque no he podido dormir nada”, dice con el móvil en la mano tras tomar una foto antes de bajar las escaleras y pisar la arena. La acompañan un par de amigas peruanas que la convencieron para venir porque veían que estaba pasando todo el verano deprimida en Madrid. Desde que se independizaron sus dos hijos Teodora pasa mucho tiempo sola. Sus días se le van entre su trabajo como cuidadora de mayores y la atención a sus plantitas en su pisito en el este de la capital.

DVD 1065  (15/08/2021)
Teodora, Elisabeth e Ynes almuerzan en la playa de Benidorm. El sábado.
David Expósito

Fotogalería: Benidorm para los madrileños más humildes

Las dos amigas de origen peruano que la acompañan, Ynes Arce y Elizabeth Salvador, tienen mucha más experiencia como viajeras. Cada fin de semana de verano repasan en páginas de Facebook y grupos de WhatsApp las opciones para huir a la costa en buses como el de Miluzka, que hacen viajes relámpago de ida y vuelta en el mismo día. Este les ha salido por 35 euros. Miluzka les da 10 horas para disfrutar de Benidorm con libertad. Al bajar del autocar les ha recordado que el regreso será a las 17.30 h en el mismo punto.

Miluzka Arias, organizadora del Bus Playero Viajero, descansa sobre un flotador en la playa de Benidorm durante el amanecer del sábado.
Miluzka Arias, organizadora del Bus Playero Viajero, descansa sobre un flotador en la playa de Benidorm durante el amanecer del sábado.DAVID EXPÓSITO

“Con Miluzka se pasa bien porque hacemos grupos; a veces cantamos o bailamos, te unes en el lugar donde estás y lo pasas bastante bien y entonces por eso se repite”, cuenta Arce, de 63 años. Ella destina sus ahorros a viajar. Como cuidadora gana al mes 850 euros limpios, que suplementa con lo que recibe como profesora particular de matemáticas. Muchos como ella hacen lo que sea por escapar de Madrid.

“A veces no encontramos cupo porque hay tanta gente que tienes que reservar anticipadamente”, dice Arce.

Con 40 grados en Madrid, este último ha sido uno de esos fines de semana. Miluzka ha llenado fácilmente las 50 plazas del autocar que ha alquilado a la empresa T-Bus, de Juan Aguilar, madrileño de origen. Para hacer negocio, ella necesita al menos 40 pasajeros. Durante la semana, ella mueve el mensaje en redes de manera insistente: “Hola amig@s del bus playero viajero. Les recordamos que tenemos muy pocas plazas disponibles”, escribe junto al listado de destinos para los próximos miércoles, sábados y domingos: Cullera, Gandía, Benidorm… En los mensajes explica por qué viaja los miércoles: “Siempre pensando en ustedes, las personas que libran los días de semana”.

No paran durante el año. Cuando acaba el verano, Miluzka cambia playa por montaña y nieve. Así, muchos inmigrantes residentes en Madrid han podido conocer su país de acogida. “El bus que recorre las hermosas ciudades de España”, es uno de sus eslóganes. Miluzka nació hace 41 años en Perú y lleva 20 organizando estas excursiones. Ella y su exmarido acababan de llegar a Madrid y se inspiraron en los “buses viajeros parranderos”, un clásico de Lima, según cuenta. Quitaron el “parrandero” porque el suyo es un bus familiar. Otros organizadores quizás son más permisivos con la música o la bebida, pero ella tiene sus reglas para crear un ambiente tranquilo y respetuoso. En su autocar viajan muchas familias con niños y también mujeres mayores. Casi todos son de origen latinoamericano.

Cuando ellos empezaron, eran los únicos que hacían estos viajes baratos de un día a la costa, según narra Miluzka. Hubo un momento en torno al 2012 en que el negocio creció tanto que fletaban cinco buses por noche. Pero su éxito llamó la atención de otros inmigrantes que le han hecho la competencia. Se nota la popularidad de estos viajes durante el recorrido nocturno del bus, recogiendo pasajeros por las distintas paradas antes de abandonar Madrid. En Ciudad Lineal, Avenida de América y Atocha otros se acercan al bus para preguntar si es el suyo.

-¿Este es el de Vicente?

-Nooo, nosotros somos el Bus Playero Viajero.

Un joven se aproxima con un propósito distinto: “¿Tú viajas a menudo a la playa?”, pregunta al periodista. Busca robarle la clientela a Miluzka. Hay una lucha feroz por este mercado, pero los márgenes son mínimos. Miluzka a veces viaja a pérdida, con el autocar medio vacío. “Yo he tenido que poner de mi bolsillo, porque no puedo perder a mis clientes. Es una inversión”. A Miluzka la acompañan casi siempre sus tres hijos, Andrea, de 14; Eros, de 13 y Florentina Miluzka, de 2. También va con ella su actual pareja, Mario Baltodano.

Gracias al Bus Playero Viajero, Miluzka ha podido conseguir su otro “bebé”, la cafetería DisFruta, un pequeño negocio de jugos y sandwiches junto a la calle Alcalá, en el barrio de Pueblo Nuevo.

En el descanso a medio camino de la playa, en el Parador Moya, uno puede hacerse una idea de lo que mueve este mercado. Hay una decena de autobuses aparcados y cientos de pasajeros de origen latinoamericano que se han bajado para ir al aseo o comprar un refrigerio. El dueño, José María Moya, dice que en una madrugada de verano llegan a parar en su bar una treintena de “autobuses latinos” procedentes de Madrid. Han sido un auxilio mientras se encuentran suspendidos los viajes de la tercera edad.

“Esto es como un Imserso, pero de gente latina”, dice el camarero Marcelino Poveda.

Pasajeros del Bus Playero Viajero con destino Benidorm durante la recogida de pasajeros en Madrid, la madrugada del sábado.
Pasajeros del Bus Playero Viajero con destino Benidorm durante la recogida de pasajeros en Madrid, la madrugada del sábado.DAVID EXPÓSITO

Parte del tráfico intenso de este verano se explica porque el año pasado apenas hubo viajes playeros en bus debido a las dificultades justo tras lo peor de la pandemia y al miedo a los contagios. Por fin, muchos madrileños humildes han vuelto a darse un remojón.

La empresa dueña de los autocares, T-Bus, ha visto desde hace 10 años cómo ha crecido el negocio de los viajes playeros de un día. A ellos les alquilan buses organizadores de viajes de origen peruano, ecuatoriano y filipinos, que por lo general atraen a pasajeros de su misma comunidad. “Cada vez hay más inmigrantes en Madrid y muchos no pueden cogerse una semana o quince días de vacaciones”, dice el dueño, Aguilar, “así que esta es una forma asequible de irse a la playa. Estos colectivos se organizan muy bien y reúnen a mucha gente”.

Los padres de Aguilar eran españoles que emigraron a Suiza, donde trabajaron en la hostelería. “Me han contado cómo ellos se organizaban también para hacer actividades de ocio con otros españoles”, cuenta él.

Mario Baltodano (izquierda) juega el sábado en el agua de la playa de Benidorm con Alexander (centro) y Andrea (subida en el flotador).
Mario Baltodano (izquierda) juega el sábado en el agua de la playa de Benidorm con Alexander (centro) y Andrea (subida en el flotador).DAVID EXPÓSITO

La jornada en Benidorm se pasa volando. Un par de horas después del desembarco del Bus Playero apenas hay hueco para sombrillas. El público en la playa de Poniente es predominantemente español de origen. Muchos son veraneantes que llevan toda la vida viniendo a esta playa. Pero los latinos están cambiando poco a poco la cara de esta playa, como en tantos otros ámbitos de la economía más asequible. Se ve en el Metro de Madrid, las piscinas municipales o las escuelas públicas.

A la hora de comer, los pasajeros del bus de Miluzka que no han traído su propia comida buscan opciones baratas por los comercios del paseo marítimo de Benidorm: un pollo asado, el Burger King o un menú por 11 euros.

Marelia y Lisbeth peinan a Edelin en la playa de Benidorm durante el amanecer del sábado.
Marelia y Lisbeth peinan a Edelin en la playa de Benidorm durante el amanecer del sábado. DAVID EXPÓSITO

Para algunos esta será la primera y última vez que vienen a la playa este verano. Jaime Espinoza, de 42 años, llevaba cinco sin salir de Madrid. Cada verano le pasa lo mismo. O no hay tiempo o no hay dinero. Este año el problema ha sido lo segundo. Está en paro desde mayo, cuando perdió su trabajo como mozo de almacén, y no puede permitirse muchos lujos. Gracias al bus barato, ha podido escaparse por un día a Benidorm, una playa que le trae buenos recuerdos.

Hace 21 años trabajó en este municipio, poniendo baldosas en el parque de atracciones Terra Mítica, antes de su estreno. De noche, salía de marcha por las discotecas del paseo marítimo. Se acuerda de los nombres y las señala desde su puesto en la arena: “Ahí está la discoteca Alone, más arriba está el Picasso, a la derecha está la Ku y más arriba discotecas grandes… Salíamos de trabajar y nos íbamos todos juntos; con coche y con dinero. El pescado estaba servido”. Ha llovido mucho. Le pagaban en pesetas. Aquello fue durante el boom de la construcción. Ahora todo ha bajado y los últimos años han sido duros.

A la boliviana Rojas la playa le ha cambiado el rostro. La ocasión anterior, hace nueve años, fue un viaje en coche a la playa de Alicante, cuando aún no había roto con su marido. Meterse de nuevo en el agua es una alegría. “Estaba con tanta tristeza en casa que no salía. Una pierde la ilusión de salir adelante. Me vi como si quisiera ya dormir para siempre porque la verdad es triste cuando una está sola y no tiene a su familia”, dice mientras se zambulle. “No nos saldrá por aquí un tiburón, ¿no?”, dice medio en broma, cambiando de tema. Hace dos días las televisiones hablaban de que había aparecido uno en esta playa, inofensivo para los humanos.

De izqda. a dcha., Teodora Rojas, Ynes Arce y Elizabeth Salazar almuerzan el sábado en la playa de Benidorm.
De izqda. a dcha., Teodora Rojas, Ynes Arce y Elizabeth Salazar almuerzan el sábado en la playa de Benidorm.DAVID EXPÓSITO

A media tarde, los excursionistas de Miluzka son los primeros en recoger sus cosas. La organizadora debe llegar a Madrid a medianoche, a tiempo para la excursión del domingo. Se bajará de este bus para montarse en otro, sin pausa. Tendrá un nuevo destino, Oropesa del Mar, y nuevos pasajeros, salvo dos viajeras que hacen el trasbordo.

Son Rosa Osorio, de 60 años, y su hija. Rosa tiene que aprovechar que tiene todo el fin de semana libre. Trabaja de interna en un chalé de Conde de Orgaz. “Yo le digo, ¿sabe qué? Me voy el viernes a la playa y yo cumplo con todas mis obligaciones y me dan permiso”. Por 70 euros habrá disfrutado de un fin de semana completo de playa.

No parece cansada a pesar del palizón. Tampoco Miluzka, que ya tendrá el lunes para reposar sobre una cama. “Luego se la pasará durmiendo como una osa”, bromea su hija mayor.

De regreso a Madrid el sábado por la tarde, los pasajeros del Bus Playero Viajero caen rendidos en sus asientos.
De regreso a Madrid el sábado por la tarde, los pasajeros del Bus Playero Viajero caen rendidos en sus asientos.
DAVID EXPÓSITO