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La campaña de Ximo Puig contra la ‘capitalidad’ y Ayuso se vuelve en su contra en Valencia

DEBATE TERRITORIAL

El PP desarma el discurso del presidente valenciano contra Madrid usando el agravio de Valencia a Alicante

Pedro Sánchez y Ximo Puig.
Pedro Sánchez y Ximo Puig.EFE

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  • NOA DE LA TORRE

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El presidente socialista de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, lleva tiempo hilvanando un discurso contra el Gobierno madrileño de Isabel Díaz Ayuso que, en el fondo, le permite esquivar las críticas al Ejecutivo que lidera el líder de su partido,Pedro Sánchez.

Durante años, los diferentes inquilinos del Palau de la Generalitat culpaban al presidente de turno del Gobierno de España -si era de distinto color político- de los males que achacaban a la Comunidad Valenciana. Puig ha logrado desviar el foco para confrontar con Madrid: si el Ministerio de Hacienda no resuelve la infrafinanciación valenciana, el problema por antonomasia de la Generalitat tiene ahora su origen también en la política fiscal del PP madrileño, según el argumentario de Puig.

El barón socialista ha conseguido así erigirse en una de las principales voces de la llamada España periférica, señalando la supuesta competencia desleal que la capital madrileña ejerce sobre el resto de comunidades autónomas, congraciándose en paralelo con Sánchez y alineándose con él. De ahí sale su idea de un impuesto a las rentas altas madrileñas, que el PP no ha tardado en utilizar para desarmar el discurso del presidente echando mano del agravio a Alicante.

En palabras del presidente del PP de la provincia de Alicante, Toni Pérez, “el planteamiento de Puig es absurdo, tanto como lo sería que Alicante y Castellón pidieran una tasa para Valencia por su capitalidad porque ahí está el grueso de la Administración autonómica y todo lo que gira a su alrededor de movimiento económico”. “Que aplique ya una descentralización real de la Administración y de todos sus recursos y que no siempre Alicante sea la más perjudicada”, añade.

EL PROBLEMA POLÍTICO DE PUIG

La queja alicantina de que la provincia está infrafinanciada por la Generalitat en materia de infraestructuras o cultura y discriminada en favor de la capital, Valencia, no es nueva. Pero ahora cobra especial relevancia porque el nuevo presidente del PP valenciano, Carlos Mazón, es a su vez el presidente de la Diputación de Alicante, provincia que ha constituido tradicionalmente un granero de votos popular.

En las últimas semanas, el PP ha denunciado la centralización en Valencia de los centros de urgencias CICU o el reparto territorial desigual de las ayudas a la innovación. Unas críticas que Presidencia rechaza con el argumento de que ha sido el Gobierno de Puig el que por primera vez ha aplicado el criterio de población en la redistribución del presupuesto. Por no hablar de la primera Conselleria (Innovación) con sede en Alicante.

Ximo Puig y Carlos Mazón.
Ximo Puig y Carlos Mazón.EFE

La estrategia de mirar a Madrid no oculta que es paradójicamente el Gobierno de Sánchez el que puede acabar convirtiéndose para Puig en un verdadero problema político en esta segunda parte de la legislatura, superado ya el ecuador y, sobre todo, el protagonismo monotemático de la pandemia del coronavirus. Dicho con otras palabras, es el Gobierno central y no el madrileño el que puede poner -ya está poniendo- en serios aprietos al líder valenciano.

A nivel de partido, es cierto que Puig se apuntó un tanto con la salida del Gobierno del que ha sido en la sombra su principal rival político en el PSOE valenciano, José Luis Ábalos. Una cuestión no menor, teniendo en cuenta que a finales de este año Puig aspira a repetir como secretario general del PSPV-PSOE.

LA FINANCIACIÓN AUTONÓMICA

El desembarco en La Moncloa de Diana Morant como ministra de Ciencia fue recibido con euforia en el entorno del presidente que, al fin y al cabo, apostó personalmente por ella para recuperar Gandía en 2015. Aunque en un departamento políticamente menor, la entrada de Morant en el Gobierno de Sánchez viene a confirmar para los ximistas que el enfrentamiento entre Puig y Sánchez es cosa del pasado (el valenciano respaldó a Susana Díaz para tratar de derribar al hoy secretario general del PSOE).

Ahora bien, a nivel institucional, los grandes temas de la agenda política valenciana giran en torno a cuestiones clave que se deciden en los despachos de La Moncloa. Y si en esta segunda mitad de la legislatura todos los partidos redoblarán esfuerzos para marcar posiciones y dejarse ver de cara a la próxima cita con las urnas, la realidad es que los pasos que dé el Gobierno central pueden enfrentar a Puig no solo con la oposición, sino con sus propios socios –Compromís y Unidas Podemos-. Empezando por la financiación autonómica, cuya reforma lleva años atascada en el Ministerio de Hacienda y ante la que Puig ya no sabe dónde mirar cuando se da la enésima excusa para postergar su revisión.

Además de que la infrafinanciación valenciana -ratificada recientemente por Fedea- es un problema de primer orden porque lastra cada año las cuentas de la Generalitat, puede acabar provocando una pinza insólita: la de Compromís y el PP presionando junto a la patronal, los sindicatos y el resto de partidos para montar una manifestación contra el Gobierno de Sánchez.

Unos y otros confirman que el objetivo es ese -la duda es si en Valencia o en Madrid-, pues no hay que olvidar que ya se organizó una contra Mariano Rajoy en 2017… con la participación de Puig (y la ausencia del PP).

EL TRASVASE Y EL PUERTO

Otro asunto que genera consenso político en la Comunidad Valenciana y que, por tanto, es más que delicado para Puig es el trasvase Tajo-Segura. El recorte aprobado por el Ministerio para la Transición Ecológica lo dejó sin argumentos y llevó recientemente al Consell a abrir por primera vez un frente contra la política hídrica de Sánchez, y que se tradujo en la participación de miembros del Gobierno valenciano en la manifestación convocada por los regantes.

La razón es sencilla: la defensa del agua es y será crucial en una provincia como Alicante, gobernada tradicionalmente por el PP, y es justamente una de las grandes banderas de los populares.

Por otro lado, la ampliación del Puerto de Valencia enfrenta a los socialistas con sus socios de Compromís y Unidas Podemos. Los nacionalistas especialmente llevan tiempo tratando de boicotear una ampliación por la que pelea la Autoridad Portuaria de Valencia y a la que el Gobierno central no se ha opuesto pese a que la declaración de impacto ambiental se hizo en 2007. Este tema sirve a la izquierda valenciana para echar en cara a los socialistas su nula apuesta por la lucha contra el cambio climático.

En cualquier caso, la gran victoria de Puig será lograr que Sánchez desencalle la reforma del sistema de financiación autonómica, y que lo haga con lluvia de millones para la Comunidad Valenciana. Lo contrario dará alas al PP para insistir en la idea de que el presidente no es capaz de defender los intereses valencianos… en Madrid.

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